El imán de Ripoll fijó la radicalidad

Su llegada provocó que los integrantes de la célula del 17-A abandonasen sus actividades cotidianas

Jueves, 9 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

barcelona - La llegada del imán Abdelbaki Es Satty a Ripoll (Girona) dos años antes de los atentados fue clave para radicalizar y aislar a la célula del 17-A, cuyos miembros llevaban hasta entonces una vida “normal” y pasaban el tiempo trabajando, jugando a fútbol, fumando hachís y bebiendo alcohol con los amigos. Así se desprende de un informe de los Mossos, remitido al juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu, que investiga los atentados yihadistas de Barcelona y Cambrils, en los que fallecieron 16 personas y más de un centenar resultaron heridas.

Agentes de la Comisaría General de Información de los Mossos d’Esquadra interrogaron tras los atentados a familiares y amigos de los integrantes de la célula, que relataron que los chicos se radicalizaron tras la llegada del nuevo imán a Ripoll y que poco a poco fueron distanciándose y rompiendo vínculos con su entorno. Un amigo de Mohamed Houli Chemlal, uno de los encarcelados, y de Moussa Oukabir, El Houssaine Abouyaaqoub, Said Aalla y Omar Hichamy, cuatro de los abatidos en Cambrils, conocidos en su entorno como el grupo de “los pequeños”, relató que sus amigos llevaban una vida normal, como cualquier otro chico de su edad, hasta que llegó el imán Abdelbaki Es Satty a Ripoll y “empezaron a cambiar sus costumbres”.

Los jóvenes dejaron de escuchar música para centrarse en el Corán y fueron abandonando grupos de WhatsApp en los que se hablaba de fútbol o de ir a bañarse al río, entre otras actividades. - Efe