Cartas a la Dirección

Tenía una voz hedionda

José Javier Pérez Vera - Miércoles, 8 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

¿Define al humano del siglo XXI ser consciente de sus actos y por tanto que actúa en consonancia a lo que piensa? Al menos desde que sobrevivimos como especie en menoscabo del neandertal podríamos decir que sí, ya que aquellos, en principio, se extinguieron, ¿verdad? Y entre otras cosas por la falta de esas habilidades sociales. Y después de tanto tiempo de evolución, resulta que con tantos aparatos electrónicos no podemos estar concentrados y ser conscientes de más de una cosa a la vez, sin contar, claro está, con poder ser conscientes de la temperatura de la habitación, de poder controlar la posición lumbar y los esfínteres, por ejemplo.

Pues resulta que en Zuzenean (Servicio Público del Gobierno Vasco de Atención al Ciudadano) hay una señora, que cobra del erario público, que el pasado 4 de julio se hizo un lío con el aparato electrónico de alta tecnología que usa como herramienta de trabajo, el teléfono. La susodicha, mientras yo al otro lado del aparato le intentaba sonsacar respuestas ante mis dudas sobre un trámite burocrático, no sé si siendo consciente de lo que decía, espetó: “¡Pero qué mierda está diciendo el tipo este, esto es una mierda. Los andaluces son unos catetos. No puedo con los andaluces, es que no puedo con ellos”. No sé si esta persona es consciente del control de sus esfínteres pero desde luego lo que ese día no pudo soltar por su trasero lo vomitó por la boca a modo de sentencia clara y tajante. Claro, yo no debería haber sido receptor de ese mensaje, pero resulta que la neandertala no pulsó correctamente el botoncito del teléfono de silenciar su voz.

Me dolió. Me dolió por la soberbia y el desprecio en su tono y por las palabras tan feas que impunemente soltó por su culoboca. Por supuesto interpuse una queja ante ese organismo y ante el Ararteko. Lo consulté con un abogado y aunque me dijo que eso es un delito, no hay caso al no existir pruebas, ya que Zuzenean no graba las conversaciones telefónicas entre empleado público y el ciudadano.

No cabe en mi cabeza pensar de distinta manera a como lo hago hoy en día. Esto es, después de sumergirme en la sociedad vasca hace ya seis años, con mi mujer vitoriana y mi hija debarra, sé que este pueblo quiere a los forasteros, me quiere a mí y a la vez se hace querer. Desde que llegué solo me he topado con gente buena y amable con el extranjero, conmigo y con lo que me traje de Sevilla, mi acento y mis costumbres. Quiero a este pueblo y deseo que gente como esa deje de romper una paz social tan anhelada y merecida como es la del pueblo vasco.

P.D.: Señora neandertala, no puedo hacer otra cosa que darle las gracias por haberme dado la oportunidad de ponerme en la piel de la gente, aunque solo sea de soslayo, que recibe desprecios y discriminaciones por razón de nacimiento.