Mitxelo Olaizola utillero de la real retirado

“Un utillero está para que los jugadores se sientan cómodos y no les falte de nada”

Mitxelo trata de regresar al anonimato en su primer día de jubilado. Incluso lamenta el día en el que su querido Nihat celebró un gol dándole un beso, tal y como había prometido, porque le dio un protagonismo que nunc a ha querido. Su hijo Unai toma su testigo

Una entrevista de Mikel Recalde Fotografía Esti Veintemillas - Miércoles, 8 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

donostia - Le imagino abrumado y emocionado por las despedidas. Y no me diga que no...

-La verdad es que sí, un poco con tanta gente y tantas fotos. También me siento muy abrumado porque nunca me ha gustado ser protagonista de la fiesta. Ha sido demasiado.

Los homenajes improvisados como el que le tributó el lunes el equipo suelen ser los que más ilusión hacen.

-Yo no sabía nada. Estaba con un crío que pasó por un mal trago y que suele venir a visitarme a Zubieta y llegó Unai a avisarme de que tenía que subir a los campos de arriba al entrenamiento. Creo que era la segunda o tercera vez que subía hasta allí arriba. No sabía nada y al ser improvisado me emocioné bastante, pero esas cosas no me gustan, prefiero pasar desapercibido.

Tiene que ser reconfortante sentirse querido en una atmósfera desgraciadamente tan egoísta.

-Lo que me llevo de toda esta historia es sentirme tan querido por los jugadores. El trato que he recibido de ellos siempre. Ayer por ejemplo, cuando llegué a casa, me mandó un whatsapp Juan Gómez desde Argentina. Esas cosas me hacen mucha ilusión y es lo que me llevo al final.

¿Qué es lo que más le ha emocionado?

-Mucha gente. Por ejemplo Iñigo Martinez, al que le dije lo que yo pensaba, me ha escrito para felicitarme... Mucha gente. Pero todo a través de whatsapp, que yo no tengo ni correo ni esas cosas. Me han dicho que en Instagram hay muchas cosas. Y luego en el pueblo mucha gente me para para felicitarme y estoy agradecido a todos.

Pero usted llevaba 37 años en la Real, le conocían en todos los estadios.

-Los utilleros de Primera División tenemos un grupo de whatsap o eso y mandé un mensaje despidiéndome de todos y agradeciéndoles el trato, porque más o menos mantenemos buena relación. La verdad es que me han contestado todos.

Vamos a repasar su carrera. ¿Cómo llegó a la Real?

-En aquellos años, los 80, hubo una crisis de trabajo también. Yo tengo hecho Maestría de electricidad en la EPO de Hernani y estaba trabajando. Me quedé en el paro y no tenía nada. Llegó el verano y mi hermano Julio, que estaba jugando en la Real habló con el encargado, que era Jesús Cuartango entonces, y me dijo que subiese el 1 de junio y que me hacían contrato para tres meses para sembrar los campos y pintar las porterías. Tenía 25 años y no tenía ni carné de coche porque era muy golfo y no me atrevía ni a sacarlo. Me acuerdo que llegué andando a Zubieta y en la entrada había un Renault 6 con otro y pensé este será trabajador de la Real. Y era José Luis Alberro. Otro que ese día empezó a trabajar y que fue lavandero. Entramos los dos juntos y entablamos muchísima amistad. Recuerdo ese primer día en Zubieta, en la cuesta que hay saliendo del campo, llegaban los camiones con arena y teníamos que llenar las carretillas e ir por el Z1 para extender montoncitos de arena para que las semillas no las comieran los pájaros. Me acuerdo que entré con una melena y unas barbas y hacía un calor insoportable y cuando bajé fui al peluquero y le dije: Córtame el pelo y la barba.

La Real repitió título en su primer año.

-El segundo año ya conseguimos el título de Liga pero entonces todavía no había utillero ni nada en la Real. Nosotros lo que hacíamos era arreglar los campos, taquearlos, poner la arena… En Atocha barríamos. Cuando la Real jugaba la Copa de Europa era una pasada los containers que sacábamos. Luego, a los años, sí que me vino Luis Arconada para ver si quería ser utillero y mi hermano Julio le dijo: déjate déjate. Yo estaba a gusto haciendo la labor que hacía que era cortar la hierba o arreglar el campo y luego pusieron a Richard, que es el que estaba antes que yo. Por aquel entonces en pretemporada, yo llevaba todo el material hasta Holanda, 14-15 horas. Cuando Ritxi fallaba solía ir yo y cuando él se puso malo me puse yo hace 20 o 21 años. Ahí es cuando empecé en el vestuario

¿Pero usted era muy futbolero?

-Sí. Mucho. En casa mi hermano Julio jugó en el juvenil del Michelín y cuando le fichó el Sanse, cuando podía iba a verle con mi difunto padre. Yo he visto al Real Madrid en Atocha con Paco Gento y Amancio y toda esta gente. ¡Es que yo soy muy viejo!

¿Jugaba de joven?

-En el Añorga. Pero me gustaba más la noche que el día y al final lo dejé.

¿Cómo es el trabajo de utillero, su rutina?

-Físicamente no es duro. Yo por ejemplo llegaba a Zubieta todas las mañanas sobre las 7.30 horas. Recogía el cesto de ropa que tienes en la lavandería, iba al vestuario primero del entrenador y luego de los jugadores y colocarles en cada taquilla la ropa. Empezaba con el pantalón corto, niki corto, niki interior, térmico, sudadera, pantalón largo y una xira o un chubasquero. Luego calcetines, medias y pijadas de algunos. Y los entrenadores lo mismo. Una vez que terminas eso es ir al cuarto de botas, ir dando grasa a las botas, a las que no son de plástico, y dejarlas en sus casilleros. Y después es esperar a que vengan los jugadores y estar pendiente de ellos. Cuando ellos salen al campo, colocarles las toallas para la ducha y estar pendiente de si piden otras botas y cosas de esas. Es problemático cuando sales de casa que no te olvides nada. Porque si te olvidas una camiseta, pues bueno, pero como te olvides unas botas la puedes liar parda. En pretemporada me levantaba a las 7 de la mañana y volvía a las nueve de la noche. Pero si estás fuera son casi 24 horas porque uno te viene a pedir una cosa, otro otra… Estás todo el día pendiente de ellos. He viajado mucho pero en realidad conozco aeropuertos, hoteles y campos de fútbol, poco más, porque no te da tiempo.

El fútbol ha cambiado mucho...

-El fútbol más que el futbolista. Y sobre todo el material de las botas. Antes todas eran negras y ahora para encontrar una negra es muy difícil. El futbolista, al menos en la Real, son casi todos iguales. No ha habido muchos cambios. Con Arconada, mi hermano, Celayeta, Kortabarria… El trato que tenías con ellos era muy bueno y ahora es igual. Antes igual sí había dentro del vestuario alguien que pegaba un bocinazo, pero ahora... Pero eso es la sociedad. Antes ibas por la calle, hacías una trastada y venía un mayor y te pegaba un tortazo. Ahora se te ocurre chillar a un chaval y te viene el padre. La sociedad ha cambiado y eso se traslada al fútbol.

Los futbolistas tienen fama de ser muy caprichosos...

-El mayor maniático soy yo. Yo he hecho de todo, desde salir del garaje y en vez de tirar a la izquierda pasar por todo el pueblo porque el anterior partido había salido y habíamos perdido. Mil cosas. Manías todas. Ponerme una ropa un domingo y si ganábamos al siguiente repetir. Poner las botas en un lado en el vestuario y si perdíamos dos o tres partidos, cambiarlas de lado. Las espinilleras siempre mirando hacia la salida del campo… ¿Ellos manías? Sí. El que más chocaba era el Loco Abreu. Tenía un auténtico altar. Trajo una caja que primero la tenía en Zubieta y si teníamos partido me la daba, la metía en un baúl. La dejaba en su sitio y ponía que si vírgenes que si tal. Él usaba un bañador de piscina de esos cortitos. Llegaba al vestuario, se quitaba la ropa y se ponía el bañador ese. Ya había montado todas las figuras de vírgenes, postales de cristos, su familia… Tenía un rosario y en el bañador tenía un sitio que se abría y ahí metía el rosario y jugaba con el rosario en sus partes. Luego tenía una tiza y en cada planta del pie se hacía trece cruces, por su padre que había jugado, una camiseta con un montón de remiendos que habían sido de su padre… Manías como las de ese, ninguno. Luego otros cogían una estampa de una virgen y se ponían en la espinillera, o salir los últimos. Con Krauss, cuando fumaba, según salíamos del campo nos fumábamos un cigarro. En Anoeta, nada más bajar las escaleras y antes de subir, pegábamos la última calada, nos dábamos un abrazo y nos íbamos al banquillo. Entonces se podía fumar en los campos, claro.

No era el único que fumaba del vestuario...

-No. Yo fuera de casa tenía que buscar un sitio para fumar, y no por mí, por otros. Incluso en el descanso. Sobre todo uno… Tenía que tenerlo preparado porque llegaba todo fatigado, se pegaba su cigarrito y salía como un toro. Pero era tabaco, eh (risas).

¡A sentimiento realista como mucho le empatan!

-Yo de la Real he sido toda la vida. He tenido tres vicios: mi familia, la Real y el tabaco. El tabaco me dijeron que lo dejara y aunque lo echo en falta, lo hice hace tres años y medio. El día del ascenso, en el descuento, no podía aguantar más y con Juantxo Trecet el delegado, nos pusimos a fumar en un lateral del banquillo. Ya no sabíamos ni lo que hacíamos en ese momento. Y el cuarto árbitro diciéndonos que no se podía. Toda la gente que va a Anoeta siente la Real. Lo que me fastidia es que al equipo se le empiece a pitar en el minuto 15. Entiendo que no estemos jugando ni a canicas. Con toda la rivalidad que tenemos con el Athletic, vi un partido con el Rayo en el que se estaban jugando el descenso y la gente animó desde que empezó hasta que terminó y al terminar les metieron una pitada… En ese sentido es un poco la envidia que me da el público de Bilbao con respecto al nuestro. Cuando ficha Tayfun, estuvo viendo un partido y al bajar al vestuario, me dijo que pensaba que había asistido a un funeral por la gente tan callada. Luego cuando fuimos con Toshack a Turquía entiendes por qué, ya que los partidos amistosos allí eran la leche. Y ya en Champions, contra el Galatasaray fue algo fuera de serie. Comparando con la nuestra, la gente parecía que estaba loca.

¿Su momento deportivo?

-El mejor título fue el ascenso. Para mí el gran momento. Y el peor el descenso. Viví el título de Liga como empleado, que en aquel momento fue el no va más;como la Copa del 87. Ir a El Ejido o contra el Granada 74 en Motril y cuando iba a preparar el equipaje, el campo estaba al lado del cementerio. En El Ejido la portería izquierda eran casas, había 100 personas… Era muy deprimente.

Su experiencia en Europa ha sido buena...

-Cuando nos tocó el Manchester, mi hijo Unai, que había estado en la escuela de fútbol, me dijo: ya verás, el vestuario es grande. Porque el problema de hoy en día es que hay muchos vestuarios pequeños. Ya verás Vallecas, que es como una película de miedo. No me hacía mucha ilusión ir a Old Trafford. Llegué y el vestuario era como de los años 20. Ahora es una maravilla ir a San Mames, porque es enorme. Pero hay otros campos… En el Wanda, para entrar al vestuario, tienes que subir dos peldaños, poner una cuestita… El problema de los utilleros es cómo son los vestuarios y sus accesos. El Bernabeu tenía un vestuario majo pero hicieron una obra y lo dejaron más pequeño. Si van 18 jugadores no está bien, pero los técnicos también se cambian cada vez más. Hay gente más externa que jugadores.

Partidos de lágrimas en el vestuario.

-La impotencia de ver que por mucho que lo intentes ellos te entran en todas las esquinas (Bernabeu). O el día del Barça en Anoeta con Clemente, que en el descanso ibas 0-6 ya. Entra el entrenador y tiene que tratar de animar. Hay momentos duros. Y una cosa impresionante fue Atkinson, comprobar el cuerpo que tenía. Se daba aceite de masaje y era espectacular. Un tío que no salía a calentar. Con él hay muchas anécdotas. Me dijo un día: Burgos qué tal es, ¿pequeño no?Y no fue. El tío era así.

Las lesiones otro de los temas más desagradables en un vestuario.

-Como la de Aranburu. Dentro de lo gravedad que era, me impresionó la tranquilidad que transmitía él. Se le sube a la camilla, el médico y el masajista se van porque tienen que estar en el banquillo y él me decía con tranquilidad “son cosas que pasan en el fútbol”. Recuerdo que estábamos algún jugador, Mikel y yo. Las roturas de la nariz de Karpin y de Zurutuza. Karpin no paraba de sangrar en la camilla y le estaba diciendo al doctor que le taponara que quería volver a saltar al campo.

Karpin estaba hecho de otra pasta.

-Jugábamos un año contra el Atlético y la semana anterior sufrió una pequeña rotura de fibras. Denoueix le descartó y le contestó que el único que le descartaba era él a sí mismo. Viajó pero no se vistió, aunque podía haber jugado. Siempre comentaba que nadie tenía que decirle si podía o no jugar. Tenía mucho carácter.

Su fama de gruñoncete siempre ha conquistado a los jugadores.

-En Zubieta había una máquina de café y todos los lunes los jugadores me gritaban ¡Mitxelo, cariño! Yo sacaba cafés y los que fumábamos nos metíamos en una habitación. Algunos entraban y me preguntaban a ver qué tal habían jugado. Yo muchas veces les contestaba ¿Qué que tal habías qué? Yo eso no le llamo jugar, le llamó saltar al campo. Yo daba mi opinión, que igual no estaba en lo cierto. Al cabo de unos años, recuerdo que uno de ellos dijo: ¿Para qué le preguntas y si sabes lo que te va a decir? Pero si jugaban bien también se lo comentaba, aunque por norma les solía decir que jugar no era lo mismo que saltar al campo. Tengo fama de gruñoncete, pero ellos también me pedían cosas queriendo para vacilarme. Luego con la edad uno se vuelve mas cascarrabias.

Pero al que gruñía ya se le podía considerar como uno de los suyos.

-Yo si vacilo a una persona es porque tengo mucha confianza con él. Si no, nunca lo haría.

También ha ejercido de psicólogo.

-Bueno, sí, por mi experiencia más bien. Ha habido jugadores que necesitaban desahogarse o un abrazo después de recibir una bronca y uno siempre ha intentado estar ahí. Cuando se la echaba yo y me pedía un abrazo les decía que no: Cuando cambies y lo demuestres te lo daré.

¿Le han fallado muchos?

-No. Tengo el orgullo de que me he llevado muy bien con casi todos. Como Juan Gómez, o Griezmann, que cuando fui al Wanda el año pasado me comentó al darme el abrazo: Papi, está aquí el vasco. El vasco era Nanizayamo que no me sabía su nombre y como era de color, yo siempre le llamaba el Vasco. Él también me llamaba papi. Ahora juega en China. Como Diego Reyes o Ifrán. Estas cosas me llenan. Fallar no me han fallado.

¿Son sus amigos de verdad?

-El concepto amigo lo tengo muy definido. A mí siempre me ha gustado llevarme muy bien con ellos, pero sabiendo dónde estamos. Me han querido llevar de cenas, y yo nunca he querido ir, en los últimos años porque además hubiese parecido el aitona. Yo soy el utillero y ellos los jugadores. Yo soy el utillero porque tengo el montón de toallas para recoger (cada partido llevo 40) y el jugador está a dos metros y me dicen: “Mitxelo, ¿me pasas una toalla?”, cuando la tienen a dos metros. Tienes que ser conscientes de que tú estás para que ellos estén cómodos, que no les falte de nada… Y que no se pueda decir que han fallado por lo uno o lo otro.

Le cede su testigo a Unai, que ha acreditado estar muy bien preparado...

-A mí me hace mucha ilusión, pero voy a estar sufriendo más que si no estuviera. Confío ciegamente en él. Fui al primer partido de pretemporada a Eibar a despedirme de los utilleros y luego posterior le dije en Azkoitia: ¿Quieres que vaya?En Zubieta le hice una lista para ver cómo hacía las cosas. Le pregunté si quería que fuera a Azkoitia y me dijo: Si vas, es para estar mirando.Él montó el equipaje, montó el vestuario y cuando llegué a casa le pregunté: ¿Te han preguntado por mí? ¿No? Pues fenómeno. Si no ha preguntado por mí es porque todo estaba bien. Este trabajo te tiene que gustar y tienes que tener cariño hacia la Real. Y este lo ha mamado porque siendo pequeñito ha ido a Atocha y a Anoeta. Y luego ha estado entrenando a chavales a fútbol, estuvo en Ekintza, Antiguoko, en el campus de la Real, en el de Zurutuza y ya llevaba trabajando dos años en la Real llevando temas de almacén. Le propusieron esto y yo he intentado echarles una mano. A él le gusta, lo vive y se lleva muy bien con los jugadores, del Sanse conoce a todos, porque le ha tocado trabajar con ellos. No va a ser utillero por ser hijo de Mitxelo sino porque estaba ya ahí y porque vale.

¿Y ahora qué?

-A pasear con mi mujer y un perrito que tenemos. Los días de partido me costará ir porque que haya alguien al lado insultando a algún jugador… Me caliento mucho. La mujer me dice que siempre ha ido sola y a ver si va a tener que seguir yendo sola. Pero me caliento mucho. A Zubieta no voy a ir.

En pocos meses se van los dos que tenían en su poder las llaves de Zubieta: Xabi Prieto y usted.

-Yo iba el primero y Xabi el segundo. A Xabi para las nueve lo tenía allí. Xabi está disfrutando de la familia e igual para diciembre… Pero tiene tela eh, porque Xabi ha sido de lo más profesional que he visto, que llegaba a las nueve y se iba a las cuatro.

¡Pero volverá pronto a Zubieta!

-Podré subir a ver un partido del Sanse, de las chicas… Si me dejan subir con el coche hasta arriba, si no, ni lo intento. Pero dentro de las instalaciones no, a no ser que tenga que ir a firmar algún papel.

¿Deja a la Real en buenas manos?

-Creo que está en buenas manos con Jokin y el Consejo. Con el entrenador no te puedo decir porque he trabajado muy poco con él. Están muy encima de los jugadores y les hacen trabajar mucho, pero luego es como todo, si no metes gol no hay nada que hacer.