Endometriosis: benigna, crónica y dolorosa

Entre el 5% y el 10% de las mujeres en edad fértil sufre una patología que surge cuando el tejido endometrial crece y forma quistes, sobre todo, en los ovarios, explicando entre el 20% y el 40% de los casos de subfertilidad femenina.

Un reportaje de Arantxa Lopetegi. Fotografía Javi Colmenero - Lunes, 6 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

Aunque resulte desconocida para mucha gente, la endometriosis es una patología que afecta a un gran número de mujeres, en concreto a entre el 5% y el 10% de las que se consideran en edad reproductiva, siendo mayor la incidencia entre los 30 y los 45 años.

Y es, además, una causa muy frecuente de infertilidad. La ginecóloga Olatz Garikano así lo estima: “En los casos de infertilidad o problemas de fertilidad, la incidencia de la endometriosis explica entre el 20% y el 40% de los casos”.

Pero, ¿qué es la endometriosis? Una patología ginecológica crónica, hormonal y “benigna”, señala Garikano, que se da “cuando el tejido endometrial que cubre por dentro el útero crece fuera de su sitio, siendo el lugar más frecuente el ovario”. En muchos casos, provoca un fuerte dolor en la menstruación, ”mayor según van pasando los días”.

El dolor es una de las principales pistas para sospechar que se puede padecer esta patología, ya que entre el 40% y el 50% de las pacientes que presentan cuadros de dolor pélvico sufren dicha enfermedad.

Pero ocurre, con frecuencia, que las mujeres que padecen esta enfermedad, en torno al 30%, se encuentran asintomáticas. En estos casos la ecografía, que viene ya realizándose con normalidad en las revisiones ginecológicas rutinarias, puede servir para elaborar el pronóstico. No obstante, hay excepciones. En algunas ocasiones el tejido suele estar adherido en zonas que no se muestran en una ecografía ginecológica.

Aunque los endometriomas más frecuentes son los que afectan a los ovarios, como explica la ginecóloga, “las endometriosis más graves suelen ser las que se desarrollan a nivel de la vejiga o en el tabique que está entre el recto y la vagina”. Este tipo produce “mucho dolor” incluso en las relaciones sexuales o en las deposiciones y, en algunos de los casos, requiere incluso de la realización de una colostomía.

Muchísimo más extraordinario es que lleguen a aparecer en lugares tan poco habituales como “el pulmón o el ombligo”.

Cuando la decisión médica supone extirpar un endometrioma, hay que tener mucho cuidado, ya que el riesgo de rotura es mayor “cuanto más grande”. Si esto ocurre, además, esa misma sangre vertida puede producir nueva adherencias.

Es importante, en consecuencia, distinguir a las pacientes con endometriosis profunda del resto, ya que en este caso pueden presentar, entre otras, afectación del tracto urinario o intestinal.

Teorías sobre su origen Existen distintas teorías que explican la aparición de los endometriomas, aunque la que se considera más plausible o extendida es la teoría de la “implantación por una menstruación retrógrada”, según afirma Garikano. Es decir, “cuando tienes la regla por atrás pasa a las trompas y llega al ovario y se implanta. Las hormonas estimulan el endometrio en cada menstruación y también el tejido que está fuera de su sitio, de ahí que se formen quistes que crecen con cada regla”.

El principal síntoma de esta “enfermedad crónica” -el dolor- “se trata con analgésicos que te lo quitan pero que no te curan”, señala la ginecóloga. Es un “dolor de todos los meses, fuerte y muchas veces incapacitante”, que se alivia con el tratamiento pero que vuelve cuando este se corta.

La cura, por cirugía La cura “es la cirugía”, sentencia Garikano, ya que los tratamientos, utilizando antiinflamatorios y anticonceptivos, “mejoran pero no curan”. Con los quistes solo se puede acabar, según afirma, “quitándolos, pero pueden volver a salir a los meses o a los años, porque a veces cuando los retiras queda parte de la cápsula y favorece que se reproduzcan”.

Para el control de la endometriosis se recetan anticonceptivos hormonales (pastillas, parches y DIU hormonal), “que frenan el ovario e impiden que los quistes crezcan”. “Pero no podemos olvidar que hablamos de una enfermedad crónica, con un tratamiento a largo plazo”, insiste.

“Al final, el origen de esta patología es el ovario y a veces se tienen que extirpar. Yo lo he visto en gente muy joven y se quedan menopáusicas. En estos casos, se intenta a toda costa conservar los ovarios”, explica la experta, que lanza un mensaje tranquilizador: “Hoy en día la gente joven se hace revisiones y se puede impedir llegar al estadio más grave utilizando los tratamientos que existen”.

Además, la opción de que una endometriosis “se malignice” es extremadamente rara.

En todo caso, realizar un diagnóstico correcto de la enfermedad resulta de vital importancia para establecer el tratamiento a seguir.

Llama la atención Garikano sobre un detalle. “Esta es una enfermedad bastante moderna. Nuestras abuelas no la tenían, porque empezaban con los embarazos muy jóvenes”, detalla. Y añade: “El embarazo protege porque el ovario está inactivo, no funciona y los endometriomas no crecen o tienden a no salir”.

Por tanto, el retraso de la maternidad ha contribuido a la aparición de esta enfermedad, ya que, como recalca Garikano, “el embarazo y la menopausia mejoran la endometriosis porque el ovario está parado”.

En la actualidad, Osakidetza cuenta en el territorio de Gipuzkoa con profesionales preparados para realizar las primeras valoraciones de las pacientes de forma inmediata, que contactan también con los médicos de atención primaria para mejorar la respuesta y avanzar en el diagnóstico precoz.

En los casos en los que se considera necesario, las pacientes pueden ser derivadas al Hospital Universitario de Gipuzkoa, donde existe una consulta de patologías ginecológicas que incluye la endometriosis. Los ginecólogos especialistas en cirugía laparoscópica intervendrán cuando así se requiera. También la unidad de reproducción del citado hospital trata numerosos casos de pacientes con esta patología e historia de infertilidad, con las que se trabaja para poder facilitar la gestación en unas circunstancias que la dificultan.