El Laxoa es un bien cultural

Dos antiguos equipos de laxoa del Valle de Baztan, en fotografía gentileza de Ana María Marín.
La desaparecida plaza de laxoa de Sunbilla, en una imagen histórica gentileza de Pako Latasa.
Joseba Urtasun, de Irurita, un ‘grande’ de la época reciente.

reconocimiento la más antigua modalidad pelotazale está cerca de obtener la consideración oficial de las instituciones

Lunes, 6 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

elizondo - El juego de laxoa, cuya traducción del euskera más aproximada podría ser la de “a largo”, si bien se conoce igualmente por la de “guante” por la herramienta que utilizan quienes lo practican, será reconocido con carácter institucional como Bien de Interés Cultural (BIC) de acuerdo con la tramitación que se sigue por el Gobierno de Navarra. Esta modalidad antiquísima, datada al menos en el siglo XVIII y último tercio del XIX, cuando estuvo en su máximo apogeo, obtendrá así su consideración oficial y será protegida.

El laxoa es la más antigua de las modalidades de la pelota vasca y es el antecedente directo de otras surgidas con posterioridad, como el tenis (y no al revés, aunque de hecho se cuentan igual) y el joko garbi, el remonte y la cesta punta, estas dos últimas con pared izquierda desde la una o dos (o ninguna) a cada extremo de la plaza donde se jugaba originalmente. Con un origen común a pesar de las distancias, el juego a largo se practica también en distintos lugares del mundo, como Francia, Holanda, Bélgica (Países Bajos, más exactamente), Italia y varios países de América, además de en Euskal Herria y en la Comunidad Valenciana, donde el juego a llargues, a largo, goza también de una notable ascendencia debida en gran parte a un experto inigualable, Alberto Soldado, muy amigo del euskaldun laxoa y organizador de campeonatos europeos y mundiales.

patrimonio El que es probablemente más avezado conocedor de la historia y características del laxoa, Tiburcio Arraztoa, natural de Irurita (1953) y residente desde hace 44 años en Doneztebe, dos de las localidades en las que el juego se conserva con fuerza, celebra que “se le haga justicia y se le haga reconocimiento oficial como bien cultural, pero considero que estaría bien su calificación de bien patrimonial y se protegieran los espacios donde se practica y los elementos con los que se juega”. Autor de cuatro libros, pura y didáctica enciclopedia del laxoa, la consideración de bien de interés cultural le alegra y satisface, aunque apunta a la conveniencia de catalogación y protección de botarri(donde se bota para sacar la pelota), pilotasoro (espacios abiertos, algunos en plena montaña, donde jugaban y se entretenían los pastores), los tipos de guante y sus fabricantes artesanos, y la documentación que existe o se pueda localizar. “Por cierto, que un guante cuesta ahora unos 300 euros, lo que para un chaval de 13 o 14 años es un dinero, y no vendría nada mal alguna ayudita económica a ellos y a los artesanos”, dice en su papel de presidente de Laxoa Elkartea, asociación de Amigos del Guante que se creó en 1980 y organiza todos los campeonatos y exhibiciones de la llamada era moderna.

rey de los juegos El “juego de los reyes, el rey de los juegos”, según lo denominaban los grandes historiadores de la pelota vasca (el abad M. Blazy, Luis Bombín y otros), porque era el que gozaba de más popularidad desde la realeza (la reina Margot, Margarita de Navarra, era una de sus más incondicionales aficionadas) y que llegó a inspirar a Francisco de Goya en varias de sus pinturas, está en el trámite (publicado en el Boletín Oficial de Navarra, a 31 de julio) de conseguir su reconocimiento más que justificado. El laxoa sobrevive, con bastante solidez, en los pueblos de Baztan (perduran las antiguas plazas en varias localidades, aunque ahora solo se practica en Arraioz e Irurita, donde los niños crecen como dantzaris y guantelaris, fieles a la tradición, y Malerreka, en Oiz y Doneztebe, donde se muestra más pujante).

En la memoria quedan el sacerdote don Jesús Jaimerena, de Irurita, y el historiador, folclorista y cineasta Teodoro Hernandorena (Zizurkil, 1898-Donibane Lohizune, 1994) que en los albores de los años ochenta animaban en el País del Bidasoa a dar continuidad al laxoa, que llegó a movilizar a miles de aficionados de pueblos y comarcas. Y al que ahora se reconoce institucionalmente.

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