donostia

Con cascos para dormir

El ruido en Parte Vieja supera el número de decibelios aconsejados, tanto de día como de noche, lo que provoca malestar entre los vecinos, que se quejan de problemas para conciliar el sueño y desean tranquilidad.

“Dormir con las ventanas cerradas para no escuchar ruido con este calor es un problema” “La música de los bares durante el fin de semana dura hasta las tantas” “Este tipo de problemas solo ocurren en verano y en fiestas como la del día de Santo Tomás” “Hay que amoldarse porque seguro que nosotros hacemos lo mismo en otros sitios”

Un reportaje de Gorka Martinez. Fotografía Ruben Plaza - Domingo, 5 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

la Parte Vieja donostiarra es posiblemente el barrio más emblemático de la capital guipuzcoana y al que gusta acudir tanto a los donostiarras como a los visitantes. Pero el ir y venir de personas, en busca de pasar buenos momentos, tiene también su cara oscura, al menos para los vecinos, que tienen que levantarse para ir a trabajar. Durante el verano, hay que sumar a los turistas que llegan a la ciudad y no se pueden marchar sin conocer este popular rincón donostiarra. Algunos, además, se olvidan de que en este barrio, como en otro cualquiera, vive gente.

Los vecinos se quejan desde hace muchos años de que tienen dificultades para hacer vida en el barrio e insisten en que el ruido, procedente de distintos focos, les molesta para conciliar el sueño y mantener la tranquilidad que hay en otras zonas de la ciudad. Por ello, la asociación Parte Zaharrean Bizi encargó el pasado año un informe para medir la cantidad de decibelios que se registran en el barrio. Para ello, se colocaron sonógrafos en diez fachadas de otras tantas calles de la Parte Vieja, que determinaron los niveles acústicos de 22 jornadas del verano pasado. El informe confirmó que, tanto de día como de noche, el barrio supera el número de decibelios establecidos.

“Para dormir me tengo que poner tapones e incluso me tuve que comprar un casco, como el que se utiliza en las obras, para evitar el ruido”, asegura José Etxeberria, vecino de la Parte Vieja. Etxeberria está teniendo más complicaciones en verano que en el resto del año porque duerme con las ventanas cerradas para no escuchar los ruidos y “con el calor que hace, no poder abrirlas es un problema”, destaca. Asimismo, dice que no entiende “qué está pasando últimamente por las noches, que hay grupos de personas que montan bulla”.

Etxeberria no es el único vecino que se queja de la situación en el barrio. María Teresa Campos de Hériz explica que no es un hecho puntual: “No solo es en Semana Grande, ya que tenemos ruido todos los fines de semana hasta las mil”. Campos de Hériz no ve ningún problema en que se celebren actos habitualmente en el barrio como pueden ser los conciertos “que empiezan y acaban a horas razonables”. Pero se queja de la música de los bares porque se pone “hasta las tantas”. Por lo demás, destaca que durante la semana “se duerme estupendamente” y que por la mañana está acostumbrada “al ruido que hay en la calle”, aunque admite que el de las botellas de cristal cuando el camión de la basura las recoge “es muy molesto”.

También hay vecinos que se muestran muy enfadados porque a las noches, a parte de no poder dormir, se sobresaltan cuando oyen que un cristal se ha roto o escuchan gente cantando a altas horas. “He tenido que llamar la atención a varias personas alguna vez porque no hay ningún tipo de respeto”, expresa uno de los vecinos.

Pero no todo el barrio se queja del ruido. La vecina Blanca Santamaría subraya que en la zona “se vive muy bien”. “Yo vivo en la calle Puerto y es bastante tranquila”, añade. Santamaría asevera que este tipo de problemas “ocurren en verano y en días como Santo Tomás”. Aun así, admite que cuando hay ruidos por la noche suelen ser muy molestos. “El otro día unas chicas estaban gritando y meando en la calle Campanario y les tuve que llamar la atención”, cuenta esta residente de la Parte Vieja, que también pone de manifiesto que en el barrio hay “muchos pisos ilegales que generan ruido”.

Menos problemas ve Luis Miranda Aperribai, con domicilio “en una zona muy apartada, en la calle Aldamar”. Respecto a las quejas de sus convecinos, manifiesta: “Queremos que venga gente y luego pedimos que hagan menos ruido. Hay que amoldarse a la situación porque seguro que nosotros hacemos lo mismo cuando vamos a otro sitio, así que nos tenemos que callar”.

Pese a que el problema no es nada nuevo, los vecinos no ven una solución a corto plazo. “Como el alcalde no vive aquí todo lo que pasa le da igual, solo le interesa el dinero que ganan los bares”, expresa indignada una vecina. “No sirve de nada protestar porque sabemos que no van a hacer nada”, añade. Otros, sin embargo, entienden que lo que ocurre es normal: “El ruido es un problema, pero ¿cuál es la solución? Sabemos dónde vivimos y es lo que hay”.