Miguel Ángel Gastelurrutia Presidente del colegio de farmacéuticos de Gipuzkoa

“En Gipuzkoa el 95% de la población tiene una farmacia a menos de diez minutos caminando”

Miguel Ángel Gastelurrutia, nuevo presidente del Colegio de Farmacéuticos de Gipuzkoa, va a trabajar para “visibilizar” el papel de los profesionales del sector

Arantxa Lopetegi Javi Colmenero - Domingo, 5 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

donostia - Miguel Ángel Gastelurrutia asumió el pasado día 2 de julio el cargo de presidente del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Gipuzkoa, que ya ocupó entre los años 1998 y 2000. Dos décadas después valora los cambios y la realidad del sector.

¿Qué ha cambiado en dos décadas en el trabajo de los farmacéuticos?

-Muchas cosas. La farmacia lleva años evolucionando. Antes sabíamos mucho de farmacología y de química y ahora también, pero nos centramos más en la persona que usa el medicamento. Aparte ha cambiado la tecnología, estamos con la receta electrónica, y la estructura de las farmacias, ya que tenemos una zona para atender de forma privada a los pacientes. Hay muchos cambios tecnológicos y conceptuales.

Cuando se necesitan puede parecer que hay pocas farmacias. ¿Cuál es el ratio en Gipuzkoa?

-En Gipuzkoa hay una farmacia por cada 2.500 habitantes más o menos. Es uno de los lugares donde más farmacias hay por habitante en Europa. Holanda, por ejemplo, tiene una farmacia por cada 16.000 habitantes y Reino Unido, una por cada 6.000.

Pero nos quejamos.

-Nosotros queremos que en la farmacia haya más servicios, y más farmacéuticos. Tenemos una tasa de dos profesionales y pico por farmacia de media. Son cifras altas a nivel de Europa. Todo el mundo quiere tener una farmacia debajo de casa, como nos gustaría tener un hospital. Pero es mejor tener uno potente que cinco pequeños. No olvidemos que en Gipuzkoa el 95% de la población tiene una farmacia a menos de diez minutos andando.

¿Es difícil abrir una farmacia?

-La apertura de las farmacias está regulada en función de distancias y número de habitantes. Todos los años se abren nuevas farmacias porque las ciudades van creciendo. La Administración decide cuántas se añaden, se convoca un concurso y se aplican unos baremos. Los requisitos no son especialmente complicados, lo complicado es tener los puntos para abrir la farmacia.

Algunas farmacias parecen supermercados de la salud y la belleza, ¿es un cambio obligado por los tiempos?

-El farmacéutico es un profesional del medicamento y de la persona que lo utiliza, y queremos potenciar ese papel. Lo que ocurre es que el precio del medicamento está cayendo de una manera importante y, además, se está intentando prescribir lo menos posible, a veces, creo yo, un poco erróneamente. Pienso que hay que prescribir las medicinas que el paciente necesita, ni más ni menos.

¿Por qué se hace?

-Hay una presión fuerte por ahorrar, porque el gasto en medicamento supone un 16% del gasto sanitario. Son cifras importantes y hay presión para reducirlas, disminuyendo el coste o reduciendo la prescripción. La economía de la farmacia ha ido bajando y el farmacéutico para sobrevivir está potenciando más el tema de la parafarmacia, con productos que se venden en muchos sitios. Pero hay que sobrevivir y seguir avanzando.

En herboristerías o grandes superficies hay productos que antes solo se vendían en las farmacias, ¿hay sitio para todos?

-No sé . El 90% de las farmacias son más bien pequeñas, con dos o tres profesionales. La capacidad de compra de esas farmacias también es pequeña y la competitividad en precios, difícil. Por eso cada vez se da más que el usuario vaya a la farmacia, pregunte el precio y acuda a otro establecimiento donde sabe que es más barato o compre en Internet.

¿Qué se puede hacer?

-Es una situación compleja. Para lo que nos prepara la universidad es para otra cosa, no para vender cremas hidratantes, aunque lo hagamos aportando un valor por tener un conocimiento mejor. Nuestro encargo social es ocuparnos de la comunidad que utiliza medicamentos y ahí tenemos que incidir y trabajar más.

¿Cuál es la realidad de la farmacia ‘online’ en Gipuzkoa?

-Hay dos tipos de farmacia online: la que vende productos de parafarmacia, algo relativamente fácil, y la que vende medicamentos. Ahí sí que hay restricciones muy importantes. Está limitado a una serie de farmacias que piden acreditaciones especiales, con un sello europeo, que indica que puede vender medicamentos sin receta. El precio del medicamento está intervenido y el descuento no puede ser superior al 10%. Por eso hay pocas, en Gipuzkoa solo un par. Parafarmacias hay muchas y mucha guerra de precios.

Uno de sus objetivos es visibilizar el papel del farmacéutico.

-Con toda esta imagen muy comercial la gente se olvida de que detrás hay un profesional de la farmacia, con unos conocimientos muy profundos sobre la actuación del medicamento y que está involucrándose cada vez más con la sociedad. Queremos potenciar los servicios profesionales, los llamamos servicios farmacéuticos-asistenciales (servicios clínicos y de ayuda al paciente) y también potenciar el rol social de la farmacia, estar más en contacto con personas dependientes o con las que tienen problemas con la medicación, a las que podemos ayudar a gestionarlas.

A veces les toca adoptar el papel de médico.

-Es parte de nuestra formación y actividad profesional. En algunos países europeos se está potenciando mucho más que se funcione como freno para liberar un poco las consultas de los médicos. Porque a veces los pacientes van a estas con patologías autolimitadas, que se van a curar solas y que se pueden tratar con una medicación simple que no requiere recetas.

Pero también lo contrario, ¿no?

-Muchas veces el farmacéutico es un buen controlador para derivar el paciente al médico si hay síntomas que verdaderamente conllevan problemas. Es un papel preventivo que creo que es muy útil para la sociedad.

¿Actúan a veces como psicólogos?

-En la farmacia se escucha mucho, antes los curas hacían este papel. La gente confía en su farmacéutico, que está en su barrio, en su comunidad. Hay muchas personas que se encuentran muy solas y van a diario a la farmacia. Unos días se llevan algo, otros no y otros solo hablan contigo. Escuchar es parte de nuestro trabajo y creo que es una labor social interesante, porque mucha gente necesita eso. Estamos en contacto con distintos proyectos porque somos centros en los que se pueden identificar los problemas de la gente y derivarlos a otros profesionales.

¿Con el copago se consumen menos medicamentos?

-Como profesionales siempre hemos estado en contra del copago. Creemos que en una sanidad universal no debería existir, pero existe y parece además que no es fácil eliminarlo. La ministra actual era muy anticopago y ya dice que se irá eliminando gradualmente, porque es mucho dinero el que se mueve.

¿Pero ha afectado?

- El tope del copago de un pensionista medio es de 8,23 euros al mes, no paga más. Es dinero, pero no una cantidad exagerada. Pero sí parece que entre personas con pensiones muy bajas o ingresos mínimos, se ha identificado a gente que no puede acceder al medicamento porque no tiene esos 8,23 euros o prefiere destinar ese dinero a comer todos los días. Salvo eso, creo que la incidencia ha sido pequeña.

¿Ya no nos quejamos?

-Al principio la gente se quejó mucho y ahora ya no. Saben que tienen que pagar. El sistema funciona bien cuando estás en tu comunidad, porque al llegar al tope no pagas más. Hay algún problema con la interoperabilidad, porque si te vas a otra comunidad igual tienes que pagar y hay que pedir tiques para recuperar el dinero.

¿Es verdad que nos automedicamos en exceso?

-La Organización Mundial de la Salud apoya la automedicación responsable y asistida por un profesional. Acudir a la farmacia a pedir consejo es bueno, porque descongestionas consultas. Otra cosa es los que toman medicación porque sí y sin control. Eso pasa, sobre todo cuando tienes un resto de medicamento en casa y te lo tomas porque te vino bien para otra cosa. Antes sí que había cierto abuso de medicamentos, como los antibióticos, que se ha corregido y hoy en día es imposible conseguir antibióticos sin receta. Pero hay otros medicamentos que por motivos sociales tienen mucha demanda.

¿Cuáles son esos?

-Estamos intentando reducir el consumo sin receta del Ibuprofeno 600. En Euskadi se prescribe mucho, pero no en Europa, porque aporta poco, no te quita más la fiebre o el dolor (o solo un poco más) que otras presentaciones, y los efectos negativos de su uso continuado son mucho mayores. Los riesgos de tener problemas cardiovasculares cuando se toma Ibuprofeno 600 durante un tiempo aumenta mucho y si se mantiene una dosis de 2.400 miligramos, cuatro pastillas de 600 al día, nos ponemos en el límite que no hay que superar nunca y empiezan los riesgos. Vamos a intentar hacer una campaña desde el colegio reforzando la idea de Ibuprofeno 600 , no gracias para que se baje al de 400, con los mismos efectos beneficiosos y menos adversos.

¿Nos hemos acostumbrado a los genéricos?

-La mayoría sí. La eficacia de un genérico es muy similar a la de un medicamento de marca. Incluso ya hay medicamentos en los que ha desparecido el original de marca.

¿Y cuáles son las diferencias?

-Aunque mucha gente no lo tenga claro, el precio del medicamento genérico y del de marca es exactamente el mismo, algo que no es así en otros países. Pero el genérico tira ese precio hacia la baja, marca la tendencia. A la Administración le interesa que haya genéricos porque favorecen que disminuyan los precios.

En las farmacias se venden productos de homeopatía. ¿Tienen los farmacéuticos preparación en esta materia?

-Es un tema algo conflictivo. Nosotros como farmacéuticos funcionamos con un código deontológico que nos dice que tenemos que recomendar siempre productos que han demostrado, con evidencia científica, que tienen un efecto. Hay profesionales de la medicina que prescriben homeopatía y farmacéuticos que están convencidos de que va muy bien. Pero la verdad es que no hay evidencias y mi opinión personal y la de este colegio es que, en principio, no se deben de recomendar productos homeopáticos porque no hay evidencia.