30 años de solidaridad

Este año se conmemora el 30º aniversario de las políticas vascas de cooperación y de la creación de la coordinadora de ONGD de Euskadi y, para celebrarlo, tres cooperantes relatan sus experiencias en países en vías de desarrollo.

“Ver en qué condiciones vive la gente y lo que cuestan las cosas te ayuda a ubicarte en la realidad” “Para mí es un reto, nunca he estado tanto tiempo fuera de casa, en un sitio y con gente que no conozco” “Intenté dar el 100% de mí;aun así tenía la sensación de que ellos me estaban dando mucho más”

Un reportaje de. Marta Martínez - Domingo, 5 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

En 1988, once Organizaciones No Gubernamentales de Desarrollo (ONGD) formaron una red para “reflexionar, dialogar y trabajar” con un objetivo común: que miles de personas que vivían a miles de kilómetros de Euskadi pudiesen tener una vida más digna. Hoy ya son 80 las organizaciones que forman la red y este año están de aniversario porque “treinta años dejan huella”.

“Hace tres décadas, como sociedad asumimos un compromiso y decidimos que desde Euskadi debíamos prestar atención a lo que ocurría fuera de nuestras fronteras para que el dolor ajeno no nos fuese indiferente”, explica la Coordinadora de ONGD de Euskadi. Como parte de esas políticas de cooperación, cada verano un centenar de jóvenes vascos viajan a países en vías de desarrollo para colaborar con organizaciones en el desarrollo de las comunidades.

El objetivo es sensibilizar a la gente joven en acciones de cooperación en los diversos países y fomentar en la juventud vasca una cultura de solidaridad entre los pueblos y las culturas. Este año, el programa recibió 718 solicitudes, muy por encima de las 464 del año pasado. Finalmente, han viajado un total de 117 jóvenes a diferentes países de América Latina, África y Asia.

“Yo quería implicar a la sociedad vasca en su globalidad en la solidaridad y pensaba que si queríamos garantizar un futuro, teníamos que implicar a la juventud;así nació. El objetivo era la sensibilización”, explica el que fuera el primer director de Cooperación al Desarrollo del Gobierno Vasco, Josu Legarreta, sobre la puesta en marcha del Programa Juventud Vasca Cooperante. El pasado noviembre se cumplía un cuarto de siglo de su puesta en marcha.

Marlen Eizaguirre viajó con aquella primera promoción;su destino: India. “Me apetecía tener una primera toma de contacto con la realidad”, recuerda, 25 años después de aquella experiencia. Durante un mes convivió con mujeres en una zona rural del estado de Tamil Nadu, al sur del país. “Era más una experiencia de convivencia y de estar con ellas, apoyábamos en cosas de logística, pero no teníamos mucho papel porque el idioma era una dificultad, ellas no hablaban inglés, ni siquiera sabían leer ni escribir”, rememora. A pesar de ello, valora la experiencia como “muy rica”.

Durante el mes que estuvo allí colaboró con una organización local orientada al ámbito de la educación y el desarrollo de las mujeres rurales. “Ver en qué condiciones vive la gente te ayuda a ubicarte en la realidad, también lo que cuesta conseguir las cosas. Fue una primera toma de contacto con India, con toda su belleza y sus limitaciones, como la desigualdad”, señala. “La experiencia te ayuda a fortalecer algunos valores que ya tenías de antes, te ayuda a tener más claridad”, señala, a pesar de lo cual apunta que “la vuelta es un shock, mirarte en otra realidad te hace cuestionarte a ti misma”.

una diferencia de 25 años A diferencia que en la actualidad, Eizaguirre recuerda la desconexión que vivían los cooperantes que viajaban hace 25 años a un país en vías de desarrollo. “Llamabas a tu familia una vez o escribías alguna carta, aunque igual llegabas tú antes, eso ahora no pasa y creo que puede dificultar en el sentido de que no desconectas del todo con lo de aquí”, analiza. Ander Etxaniz es de los jóvenes cooperantes de las nuevas promociones. Viajó a Perú por primera vez en 2016, tras dos intentos frustrados anteriores. “Quería vivir una experiencia así, fui bastante ilusionado y con grandes expectativas. Y resultó una experiencia vital, no, lo siguiente. Fue la mejor experiencia en mis 24 años”, recuerda, todavía ilusionado. Tanto que el año pasado volvió a repetir aventura, esta vez por su cuenta y como voluntario. Etxaniz volcó su experiencia como profesor de primaria en la región peruana de Yungay. A pesar de que la beca cubre tres meses de estancia en el extranjero, el joven solo pudo disfrutar dos, ya que “por desgracia y por fortuna conseguí un puesto de trabajo en la ikastola de Orio y me tuve que volver antes de tiempo”.

“Yo me vacié e intenté dar el 100% de mí tanto en el ámbito profesional como el personal y, aun así, tenía sensación de que ellos me estaban dando más”, analiza Etxaniz, quien valora “la humildad y la generosidad de la gente” que conoció. “El primer año que fui me daba miedo la vuelta, no sabía cómo me iba a enfrentar a la realidad y fue dura, pero como empecé a trabajar, no fue tanto. Fue más dura la segunda vez, me sentía tan lleno y tan agradecido que cuando volví sentía que parte de mi familia se quedaba ahí”, explica. ¿Podré volver? Esa es la pregunta que se hacía una y otra vez. Y así será. El joven mantiene una relación estrecha con la “familia” que ha dejado en Perú y este año volverá a viajar hasta allí para pasar un verano más. “Otra experiencia rica es la convivencia con el resto de cooperantes, son gente que no conoces de nada, pero haces relaciones para toda la vida”, sentencia.

Este año le ha tocado el turno a Andrea Ramos, quien ha viajado a San Ignacio de Moxos, en Bolivia. “Es una zona que ha tenido siempre una cultura musical fuerte, pero que se estaba perdiendo. Yo toco el violín y voy con la ONG Taupadak, que ha reformado una escuela de música allí”, explica antes de emprender viaje. Todavía no sabe las funciones que va a realizar, ni ha querido informarse mucho al respecto. “Voy con cero expectativas”, señala. “Para mí es un reto, nunca he estado tanto tiempo sola, con gente que no conozco, en un sitio que no conozco”, analiza. Pero asegura sentirse “feliz”.

“Aun teniendo muchos retos por delante, son muchos los avances logrados. Hemos aprendido que lo que ocurre en nuestro entorno está relacionado con otros lugares del mundo”, valora la Coordinadora de ONGD de Euskadi. “La cooperación es mucho más que euros y presupuestos, y detrás de las políticas públicas estamos las personas que necesitamos ir a la escuela, tener acceso a la salud, al agua potable y a vivir una vida feliz y libre de violencia”, concluye.