“Si el viento no sopla del este, habrían desalojado el pueblo”

vecinos de lezo muestran su indignación por la polución que soporta “el municipio más contaminado de gipuzkoa”

“Vimos un nubarrón en La Perla. Parecía que traía lluvia, y era humo de un incendio al lado de casa” “La llama empezó a crecer y acabó explotando como si fueran fuegos artificiales” “Me quedé debajo de la nube de humo. Me quedé aturdido sin saber lo que ocurría” “Con este incendio han contaminado en un día lo que la central térmica echaba en un mes”

Un reportaje de Jorge Napal. Fotografía Gorka Estrada - Sábado, 4 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

una capa de hollín lo impregnaba todo. El municipio de Lezo, acostumbrado a bregar a diario con la polución de la chatarra y el ruido de la carga y descarga de vehículos, despertaba ayer indignado un día después de un incendio que pudo ocasionar una tragedia. “Afortunadamente no ha pasado nada, pero si el viento no sopla del este habrían desalojado el pueblo”. Narkis Antxustegi-Etxarte, vecino de Pasai Donibane, seguía sin dar crédito a lo ocurrido. “He trabajado durante años en la central térmica que desmantelaron. Utilizábamos carbón y siempre se formaba una neblina, pero lo que ha ocurrido esta semana no tiene nada que ver. Se lo dije a mi hermana: con este incendio han contaminado en un día lo que la térmica echaba en un mes”.

El muelle de Lezo ofrecía ayer su estampa habitual, con las grúas recogiendo la chatarra y la explanada despejada. No había ni dotaciones de bomberos ni el helicóptero de la Ertzaintza que el día anterior utilizó la pista para tomar tierra. Técnicos de la Autoridad Portuaria de Pasaia esparcían la chatarra quemada para descartar cualquier riesgo, mientras un operario relataba el vivo recuerdo que mantenía “de los petardazos” del día anterior, cuando las llamas dieron paso a varias explosiones en cadena. “Ha sido una más. Por aquí no hay mas que polución. Entre abonos, ureas, potasas, fosfatos y minerales, podemos decir que estamos en el pueblo más contaminado de Gipuzkoa y de parte del extranjero”. Sabía de lo que hablaba, con tres décadas de trabajo en el puerto a sus espaldas.

Tras él podían verse tres montañas de chatarra. La del medio era la que había prendido el día anterior, levantando una espesa humareda que sorprendió a miles de ciudadanos en varios kilómetros a la redonda. Casualidades de la vida, José Cruz Esnaola, que vive a escasos metros del lugar de los hechos, celebraba en esos momentos en Donostia sus sesenta años de matrimonio. Lo hacía en una comida familiar. “Estábamos en la Perla, y empezamos a ver que el cielo se oscurecía. Hubo alguno que dijo que el tiempo se estaba torciendo y que ese nubarrón iba a traer lluvia. ¡Que íbamos a pensar lo que estaba ocurriendo! Hasta que una de mis nietas recibió en el móvil las primeras imágenes. Se estaba quemando chatarra en el puerto, al lado de mi casa”, relataba ayer a mediodía este vecino de 88 años del paseo Jaizkibel de Lezo.

Yareli Lainez, de 23 años, regresó ayer al lugar de los hechos. En concreto, al banco donde se sienta a diario junto a Manolo Alzuguren, un vecino de Lezo casi nonagenario que precisa de su compañía y cuidado. “Lo vimos todo desde el comienzo. De la nada, de una pequeña llama empezó a salir el fuego y las llamas crecieron hasta que al final acabó explotando todo como si fueran fuegos artificiales”, relataba la joven. “Me quedé debajo de la nube de humo. Me quedé aturdido porque no sabíamos nada de lo que estaba ocurriendo. Fue una sorpresa muy grande”, balbuceaba Alzuguren, de 89 años, agarrado a su bastón frente a toneladas de chatarra.