Investigan si un chispazo provocó el incendio de Pasaia que tardó ocho horas en sofocarse

Humareda negra por la combustión de materiales inflamables (Foto: I.S.)
Uno de los remolcadores, al principio del fuego, utiliza sus lanzas contraincendios durante el proceso de extinción de las llamas.
La grúa con capacidad para 21.000 litros de agua, junto al fuego. (Foto: I.S.)
Los remolcadores tratan de sofocar el fuego en el muelle del puerto más cercano a Lezo

Los bomberos sostienen que utilizar el agua del puerto fue clave porque “un fuego tan voraz podía haber tardado días en apagarse”
Las llamas afectaron a 2.000 toneladas de chatarra prensada
SOS Deiak pidió a los vecinos de Lezo, Pasaia y parte de Donostia que cerraran las ventanas para evitar el humo tóxico

“Se han empezado a escuchar explosiones. Eran estruendos que venían de los depósitos” “Por lo que nos han comentado el producto no es tóxico como podía parecer en un principio”

Jorge Napal Ruben Plaza - Viernes, 3 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

pasaia - Miles de ciudadanos miraron ayer atónitos al cielo, sorprendidos por la densa columna de humo negro que se elevaba. Conforme lo hacía, aumentaba la preocupación en varios kilómetros a la redonda. Bañistas de los arenales donostiarras, vecinos de Oarsoaldea y conductores que llegaron a colapsar la GI-636 a la altura de la salida hacia Errenteria no acertaban a entender el porqué de la humareda. La explicación estaba en la Bahía de Pasaia, en el muelle de Lezo, donde acababa de declararse un incendio entre la chatarra que estaba siendo descargada del buque Christine, procedente del puerto inglés de Newhaven.

El barco transportaba 2.000 toneladas de automóviles prensados en bloques, una estampa habitual en el puerto de Pasaia. Lo que no es común es que se declare un incendio entre tanta chapa metálica. De hecho, se ha abierto una investigación para esclarecer si, tal y como relató un guarda de seguridad, fue un chispazo en uno de los vehículos prensados el que provocó lenguas de fuego que, según testigos presenciales, llegaron a alcanzar quince metros de altitud. La chatarra contenía también neumáticos y otros materiales inflamables. Por momentos, la densidad del humo borró del mapa las faldas del monte Jaizkibel.

El devastador incendio puso a prueba durante todo el día a efectivos del cuerpo de bomberos. Se necesitaron nada menos que ocho horas para controlar las llamas definitivamente. “Ha sido una intervención de gran magnitud, en la que ha sido fundamental estar en el mismo puerto para que los remolcadores utilizaran agua. De no haber sido así, un fuego de estas características podría haber tardado días en sofocarse”. Anochecía después de un día extenuante cuando estas palabras pronunciadas por bomberos de la Diputación daban muestra de la magnitud del incendio.

sin daños personales Los profesionales comenzaron a recoger el material utilizado a las 20.30 horas. El día había sido interminable. La cara más positiva del siniestro fue que no hubo que lamentar daños personales. No se registraron heridos ni entre los vecinos ni entre los profesionales de emergencias desplazados al lugar. El denso humo azuzado por el viento acabó alcanzando muchos hogares, y SOS Deiak y la Guardia Municipal recomendaron a los vecinos de Pasaia, Lezo, Alto de Miracruz, Trintxerpe y Ulia que cerraran las ventanas de sus viviendas para evitar cualquier foco de intoxicación.

Las llamas se originaron sobre las 12.10 horas en el ámbito portuario de Pasaia, en la zona de carga y descarga del muelle de Lezo, donde muere la bocana.

Al parecer, según las primeras hipótesis, una chispa afectó a uno de los vehículos compactados que en ese momento estaban siendo manipulados. La empresa que opera la terminal inició inmediatamente las labores de extinción. La sorpresa, como el humo, comenzó a propagarse entre los vecinos de Oarsoaldea. “Conducía el coche de vuelta a Errenteria cuando una columna de humo negro me ha llamado poderosamente la atención”. Marta Paz, vecina de esta localidad, no dudó en alterar el itinerario previsto. Llegó a la zona portuaria de inmediato, incluso antes de que lo hicieran los bomberos. “La humareda era impresionante. Las llamas salían de una montaña de chatarra, de coches de desguace prensados. Unos veinte minutos después se han empezado a escuchar explosiones. Eran estruendos en serie que, al parecer, provenían de los depósitos de los vehículos. En la medida que iban sofocando el incendio con los chorros de agua, la densa humareda ha empezado a llegar a nuestra zona. Olía muy mal. Ahí no solo había chatarra. Lo hemos estado comentado entre varios testigos hasta que nos ha desalojado la Guardia Civil”, relató esta vecina de Errenteria.

La espesa humareda y las explosiones preludiaban un siniestro poco habitual en un puerto que manipula, desde hace cuatro décadas, una media anual de dos millones de toneladas de chatarra. “Era tan denso el humo que parecía que el fuego lo teníamos a las puertas de casa”, decía alertada una comerciante de Pasai Antxo.

protocolo de actuación A las 12.14 horas se puso en marcha el protocolo de actuación. Un técnico de Emergencias del Gobierno Vasco se puso al mando de un operativo que movilizó todo tipo de recursos, desde patrullas de la Ertzaintza, remolcadores, sanitarios, bomberos, prácticos y amarradores. También acudieron agentes de la Guardia Civil, personal de la Autoridad Portuaria y de la empresa consignataria, a los que se sumaron voluntarios de Cruz Roja y DYA.

Según informó el Departamento vasco de Seguridad, la preocupación por el efecto que pudiera causar la intensa humareda también requirió movilizar recursos del Departamento de Medio Ambiente y Salud Pública, que valoraron in situ los niveles de contaminación.

Sofocar el incendio no fue tarea fácil. La Autoridad Portuaria de Pasaia ya advirtió a mediodía de que los trabajos de extinción se iban a prolongar durante horas “debido a la cantidad de material acumulado en la zona”. Y así fue, puesto que el incendio se desató a las 12.00 horas y los bomberos no comenzaron a recoger el material hasta las 20.30. El número de profesionales desplazados es muestra elocuente del desafío. Acudieron al lugar tres dotaciones del parque de Irun, dos de Donostia y refuerzos procedentes de Zarautz.

seguridad Según informó la Autoridad Portuaria, el buque fue trasladado a otro muelle por motivos de seguridad, con el fin de facilitar el trabajo de los dos remolcadores que utilizaron sus lanchas contraincendios de manera ininterrumpida durante todo el operativo.

A las 13.40 horas, una vez que se pudo acceder de manera segura a la grúa que realizaba las labores de descarga del barco, se instaló una cuchara con capacidad para 21.000 litros de agua que resultó decisiva. Visto el operativo desde lo alto de Errenteria, la cuchara de la grúa era una mano gigante que iba y venía. “Resulta increíble. Hemos visto tanto fuego que lo primero que hemos pensado ha sido que se había quemado un barco”, decía desde el alto de Capuchinos Imanol, mecánico de un taller de Errenteria.

El alcalde de Lezo, Jesús Martiarena, se personó en el lugar, e incluso le facilitaron una mascarilla de la que finalmente no hizo uso. “Por lo que nos han comentado, el producto no es tan tóxico como podía parecer en un principio”. El viento del este sopló a su favor hasta mediodía y, a pesar de que la localidad era la más próxima al fuego, toda la humareda se desplazó hacia Donostia, dejando una txapela de humo negro sobre la bahía. La dirección del viento cambio a media tarde, y el humo alcanzó Lezo. “Menos mal que iba hacia arriba, y sobre todo se ha centrado en las faldas de Jaizkibel”, respiraba tranquilo el jeltzale.

Secciones