Tras la pista del asesino

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Gorka Martínez Javi Colmenero - Jueves, 2 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

Donostia - En la mayoría de los asesinatos hay un motivo detrás que explica, al menos en la mente de quien lo comete, lo sucedido. Muy pocas veces se trata de un hecho aleatorio. No obstante, ponerse en la piel de alguien que decide quitarle la vida a otra persona, sobre todo si es un menor, es muy difícil.

En Gipuzkoa, también se han cometido asesinatos impactantes como el de la abuela que mató a su nieta en Errenteria (2015) o el del padre donostiarra que hizo lo propio con su hijo en pleno proceso de divorcio (2011). En ambos casos, los culpables pertenecían al entorno familiar, algo que es muy habitual en este tipo de crímenes.

“Para encontrar al culpable, lo primero que hay que hacer es poner patas arriba a la familia, porque cuando desaparecen menores los culpables suelen ser las personas más próximas”, explica José Luis González Álvarez, doctor en Psicología y Teniente Coronel de la Guardia Civil, que recientemente participó en un Curso de Verano de la UPV/EHU sobre perfiles criminales y su relación con los tipos de conductas delictivas.

El siguiente escalón en la investigación son los “amigos, los enemigos, el entorno escolar, y así hasta dar con el o los culpables”.

Ante cualquier crimen es importante ir con la premisa de que todo el mundo es sospechoso. “Es muy probable que cuando se llega al pueblo o al barrio del asesinato, los policías hablemos con el culpable en algún momento”, asevera González. Según el caso, el método o la técnica que deben usar los agentes no es el mismo. González pone como ejemplo un suceso de una chica de catorce años que fue asesinada en el pueblo malagueño de Arriate para explicar cómo se puede proceder. El ponente detalla que “cuando no sabes quién puede ser el asesino, es muy importante grabar el entierro o acceder al vídeo y buscar quién falta, quién sobra o quién está haciendo algo raro”.

Otra de las claves se encuentra en la escena del crimen. En ella se pueden encontrar muchas pruebas e información para descubrir quién es el asesino. “En la escena del crimen, si el asesino no es un experto, se pueden encontrar huellas que contienen ADN e incluso el arma que se utilizó para cometerlo”, indica González. “En el caso de Arriate, el culpable dejó el arma, que se trataba de una piedra, en la escena y el tipo de arma nos demostró que el asesinato no había sido premeditado”, añadió.

Conocer a la víctima también ayuda en estos casos. Saber por dónde se mueve, con quién se relaciona, si su familia sufre amenazas, ya que los motivos por los que alguien mata a otra persona son muy variados como los celos, el odio o la venganza. González insiste en que “hay que estudiar todo acerca de la víctima y preguntarse por qué lo es, ya que eso nos permite conocer al agresor”.

otros crímenes Aunque el asesinato de menores es un crimen común, existen otro tipo de delitos contra jóvenes y niños como los abusos o los secuestros que requieren de una actuación concreta para poder obtener pistas. González utiliza varios ejemplos para explicar cómo proceder en cada situación. Explica que en un secuestro a un menor se mira “en los archivos si hay otro precedente parecido y se suelen comparar para saber cuál puede ser el perfil del secuestrador”.

Por otra parte, en casos de abusos sexuales, a veces es muy común que “la víctima no declare por estar en shock o por vergüenza o que niegue los hechos cuando ya se sabe que los ha sufrido y quién los ha perpetrado”. Por ello, para conseguir la información es muy efectivo realizar la entrevista en el lugar del crimen para que “recree lo que ocurrió o enseñarle a la víctima una prueba que indique lo que pasó para que cuente algo”, recalca González.

Durante su ponencia también hubo tiempo para algunas anécdotas. González narró cómo detuvieron a un pederasta de Washington utilizando a una agente encubierta: “La hicimos pasar por madre de una niña que necesitaba que la cuidaran y conseguimos traerle a España”. Y aunque, como bien matiza González, “muchos de los casos sean de película”, la realidad y la ficción están muy lejos.