Una ciudad escultural

Una de las seis obras de Chillida Belzunce junto a la iglesia de San Vicente.

Más de un centenar de obras escultóricas adornan las calles y plazas de Donostia. Desde el mítico ‘Peine del Viento’ hasta el ‘Sonido del Txistu Popular’, la ciudad alberga figuras de toda clase de estilos.

Un reportaje de Gorka Martinez. Fotografía J. Colmenero/ A. Garcia - Miércoles, 1 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

por estas fechas veraniegas Donostia es conocida por todos los eventos que se celebran en la ciudad como el Jazzaldia o la Semana Grande. Pero la capital guipuzcoana tiene también otros motivos para ser visitada, además de sus paisajes, ya que está habitada por una larga lista de esculturas de toda condición. Más de un centenar de formas y volúmenes, tanto humildes como de artistas de renombre internacional, son protagonistas del paisaje urbano, aunque a veces puedan pasar desapercibidas para locales y visitantes.

La costa de la ciudad es uno de los recorridos más frecuentados por todo aquel que visite o viva en Donostia y en ella se pueden encontrar esculturas contemporáneas de autores vascos muy reconocidos como Eduardo Chillida, Jorge Oteiza o Néstor Basterretxea.

La más popular de todas puede ser El Peine del Viento de Chillida que se encuentra al final de la playa de Ondarreta. El escultor donostiarra también es el autor de otras dos creaciones que se encuentran frente al mar, como el Monumento a Fleming, al principio del paseo de Miraconcha, y el Abrazo, cerca del Pico del Loro. El frente marítimo alberga también dos célebres piezas como la Construcción Vacía de Oteiza, en el Paseo Nuevo, y la Paloma de la Paz de Basterretxea, en Sagüés.

Estas esculturas pueden ser las más representativas de Donostia, pero la ciudad disfruta de otras muchas más. No es de extrañar encontrar obras en homenaje a personas que son famosas mundialmente o que tienen un valor simbólico muy importante para los donostiarras. Desde el 8 de marzo del año pasado se encuentra el monumento Homenaje a Clara Campoamor en la plaza con el mismo nombre frente a La Perla. La figura, creada por Dora Salazar, representa a la política y escritora que luchó por los derechos de las mujeres en los años 30.

Otro escritor que tiene una escultura en su honor es el donostiarra Pío Baroja. El busto, obra de Victorio Macho, se sitúa en la calle Okendo haciendo esquina con Reina Regente y presenta la inscripción Guipúzcoa a Pío Baroja. 1872-1972.

Pero si hay que pensar en dos figuras que representan dos pasiones para la ciudad serían Raimundo Sarriegui y Alberto Ormaetxea. El primero, autor de la Marcha de San Sebastián, cuenta con un busto en la plaza que lleva su nombre en la Parte Vieja. Detrás de esa escultura se puede apreciar otra llamada Monumento al Tamborrero, donde se puede ver a un participante en la fiesta donostiarra mirando una placa en la que aparece la letra de la Marcha de San Sebastián. Ambas piezas son de José Lopetegui Goikoetxea.

Por su parte, el que fuera entrenador de la Real bicampeona de liga, Alberto Ormaetxea, cuenta con un monumento en las afueras del estadio de Anoeta desde 2006. La obra fue realizada por un taller de Deba y en ella se ve representada la cabeza de Ormaetxea encima de una bandera con el escudo de la Real Sociedad.

Pero quitando las típicas esculturas y los homenajes a personajes ilustres, Donostia también cuenta con obras menos conocidas pero muy espectaculares. Una de ellas es el Sonido del Txistu Popular de Remigio Mendiburu. Este monumento se encuentra en la fachada de uno de los edificios de la Avenida donde se aprecian una serie de tubos. Otra de ellas es la Estela, compuesta por varios cubos, de Ricardo Ugarte, en la plaza Centenario de Amara.

A estas esculturas se les han sumado días atrás seis obras de Chillida Belzunce que se exhibirán durante un año junto a la iglesia de San Vicente. Más adelante, se agregará al catálogo donostiarra la intervención artística que la escultora donostiarra Cristina Iglesias realizará en el faro de la isla Santa Clara.

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