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Los urretxuarras que tienen más Tours que Indurain

Los Murua llevan yendo al Tour desde 1980. No han dado una sola pedalada, pero han comido cigalas en el Peyresourde

Un reportaje de Asier Zaldua - Martes, 31 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

Los hermanos urretxuarras Josean e Iñaki Murua tienen más Tours que Anquetil, Merckx, Hinault, Indurain y Froome juntos. Ni con la ayuda de Armstrong les alcanzan. No en vano, llevan casi 40 años acudiendo a ver el Tour y han sido testigos de las grandes gestas de los cuatro últimos de la lista más Fignon, Lemond, Roche, Perico, Ullrich, Armstrong, Contador, Marino, Beloki, Mayo... ¡Ya les gustaría a todos estos poder disfrutar tanto del Tour como lo hacen los Murua!

Estos dos hermanos se aficionaron al ciclismo de la mano de los ciclistas de Urretxu: Askasibar, Mendijur y Yurrebaso. “Éramos vecinos de Mendijur y nos chupábamos todas las carreras de ciclo-cross. Además, en nuestra cuadrilla había un ciclista: Agustín Peña. Íbamos a las carreras haciendo auto-stop, andando, en el tren de los Vascongados...”.

Cuando por fin pudieron hacerse con un coche, empezaron a ir a la Vuelta a España: Pirineos, Lagos de Covadonga, Cantabria... Al Tour fueron por vez primera en 1980. Desde entonces, Iñaki no ha fallado nunca. Josean, solo una vez. Y por razones de fuerza mayor: estaba hospitalizado porque perdía sangre y no encontraban de dónde. Hizo todo lo posible por no perderse el Tour. “Llevé una tele al hospital, pero no conseguía verla. Fue el año que Perico ganó el Tour y solo vi las tres últimas etapas: después de que el de la cama de al lado me dijera que probara en otro enchufe. ¡Me lo podía haber dicho antes!”. Adivinen lo que hizo en cuanto salió del hospital... “Salí un viernes y el sábado fui a ver la Clásica de Donostia a Udana y a meta. Y por la noche vi el critériun nocturno”.

Los Murua sienten pasión por el ciclismo y son dos seguidores de los de toda la vida: de los que animan a todos los corredores. Nada de estúpidos disfraces y bengalas: camiseta naranja y pintura Titanlux. “Una vez, estábamos pintando y no dejábamos pasar al coche de la Gendarmería. Uno de los gendarmes bajo del coche enfadado y tiró nuestro bote de pintura, con tan mala suerte que se ensució el uniforme. Todo el mundo empezó a reírse y pensamos que nos iban a detener”.

¿Y qué pintan en los puertos de los Pirineos? “Solemos poner los nombres de todos los corredores vascos y de los nietos, Urretxu, Zumarraga...”. Un año el dueño de la zapatería Doña Maximina de Urretxu les retó a pintar el nombre de su comercio. Vaya si lo hicieron... Dicen que la pintada todavía estará allí. Por cierto, aún están esperando un par de zapatos...

En el maletero nunca falta el bote de pintura, pero hay algo aún más importante: la comida y la bebida. Josean suele llevar bien atado el menú de cada día. Nada de latas de fabada para salir del paso: paella, bacalao, txakoli, sidra, el mejor vino de la Rioja Alavesa... Incluso presumen de haber comido cigalas en el Peyresourde. El primer puerto que subieron en la primera etapa pirenaica de la historia del Tour, allá por 1910, se merece eso y más. Y todos los años hacen un hamarretako con los perretxikos que cogen allí mismo y pimientos de Gernika. “Los franceses no comen gibelurdinas, por lo que las cogemos nosotros”. ¡Este año 17 kilos en 50 minutos! Esa contrarreloj está a la altura de las que hacía Indurain.

En la televisión belga La cocina de los Murua, el tres estrellas Michelin de los Pirineos, es tan espectacular que incluso apareció en un programa de la televisión belga. “Solemos cocinar con delantal blanco. En cierta ocasión, se puso a nuestro lado un cocinero de la televisión belga y el cámara nos enfocó más a nosotros que a él. El cocinero se mosqueó con el cámara y con nosotros, pero acabamos como amigos”. En el tema gastronómico, no les gana ni el Sky.

Ciclismo, montaña, buena comida y bebida, buen ambiente... No es de extrañar que el Murua Team tenga cada vez más efectivos. Los primeros viajes los hicieron con su tío Lucio y con su primo Biskai. Hoy en día, viajan con sus esposas, sus hijos y sus parejas, sus nietos, amigos, nietos de los amigos... “Antes dormíamos en el coche o en una tienda de campaña. Desde que vamos con las mujeres, cogemos un apartamento para una semana”.

Su gran ídolo era Marino, pero siempre han animado a todos los ciclistas. Especialmente a los vascos, claro. Y tienen fotos con algunas de las grandes leyendas de este deporte, como Hinault y Fignon.

La pesadilla de los gendarmes Es más, al igual que ellos, se han subido al podio del Tour. “Antes el podio no estaba cercado y vigilado como ahora. Hace unos años, en Saint Lary, toda la cuadrilla nos subimos al podio y le pedimos a un gendarme que nos sacase una foto. La gente vio aquello y empezó también a subirse. El pobre gendarme se llevó una buena bronca”.

Los Murua son ya un símbolo del Tour, como el león de Credit Lyonnais. Han visto retirarse a todas las grandes leyendas de los últimos 40 años, pero ellos siguen al pie del canón.