La verdad de los borrachos

El eurovisivo Salvador Sobral se metió al bolsillo al público de la plaza de la Trinidad en un concierto multilingüe que concluyó con una versión de la popular ‘Txoria txori’.

Un reportaje de Harri Fernández. Fotografía Esti Veintemillas - Lunes, 30 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

Una gran ovación surgida del público sirvió para comenzar a calentar un concierto que se inició con Change, con la que demostró cuál iba a ser la tónica general del concierto: scats, falsetes y un reparto de papeles sobre la escena. No en vano, cada vez que uno de sus compañeros ofrecía un solo o una interpretación destacada, Sobral, al que hace unos meses le trasplantaron el corazón, se hacía a un lado para restarse protagonismo y entregárselo al conjunto. Después llegó Nada que esperar, en la que el eurovisivo aprovechó para insertar versos de la obra La vida es sueño de Calderón de la Barca.

“Nunca pensé que iba a actuar en uno de los festival de jazz más importantes del mundo”, confesó el lisboeta, al que durante todo el espectáculo compañeros lusos le dedicaron comentarios desde la pista o las gradas. “Me estás distrayendo, tío. Que alguien lo saque”, le espetó, también en tono jocoso, a uno de sus congéneres.

Sobral, que en el año 2009 participó en la versión de su país del programa Pop Idols, reivindicó el jazz en la Trini, aunque dejó que otros estilos también tuviesen su lugar. Después de Nada que esperar llegó un arreglo de Resende basado en uno de los poemas del mayor poeta portugués, Fernando Pessoa. Nos referimos a Presságio, a la que siguió la intimísima Cerca del mar. “Si creen que ya es suficiente, me lo dicen”, otro chiste sobre el escenario antes de continuar con más temas en inglés como Ready for love o Something Real. También interpretó Nem eu, de la que quiso traducir su letra para compartirla con la plaza de la Trinidad: “Quien inventó el amor no fui yo / No fui yo, no fui, no fui yo, ni nadie”. “Lo más sencillo es lo más bonito”, definió.

Por supuesto, antes de despedirse cantó Amar pelos dois, escrita por su hermana, Luisa Sobral, tema con el que triunfó en Eurovisión, y Ay amor, original de Caetano Veloso. “Si aplauden mucho y se cae Donostia, volveremos”, anunció al público que comenzó a palmear. Los compatriotas también recuperaron su voz para gritar “¡Más! ¡Más!”, a lo que el cantante respondió: “Son portugueses que contrato para que pidan más canciones”.

Los aplausos lograron su objetivo y en el encore Sobral volvió al escenario, esta vez solo, y se sentó al piano para tocar y cantar Coeur de mon coeur, que unió con una versión de Txoria Txori que redondeó la noche -hizo que el público se pusiera en pie-, demostrando que además de en portugués, inglés y castellano, también puede cantar en euskera.

AL PIANO Con gran elegancia en el vestir y en la ejecución, se subió el pianista Benny Green al escenario de la Trini antes de la actuación de Sobral. Lo hizo en formato trío con Aaron Kimmel (batería) y Mikel Gurrola (contrabajo). Durante exactamente una hora, el estadounidense, que actuaba por tercera vez en el Jazzaldia, fascinó con su dominio del instrumento con temas como Minor Contention, de Hank Jones -segunda pieza que interpretaron-;Lament, de Duke Person, o Down under, de Freddie Hubbard.