Los reyes del Kursaal

El cantante salió a escena con su característico sombrero.

Gregory Porter rinde, de nuevo, a sus pies el auditorio donostiarra, en la última jornada del Jazzaldia, con un sinfónico homenaje a una de las grandes leyendas del género: Nat ‘King’ Cole.

Un reportaje de Harri Fernández. Fotografía Esti Veintemillas - Lunes, 30 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

Lo volvió a hacer. Por segundo año consecutivo, Gregory Porter rindió, ayer por la tarde, el Kursaal a sus pies. El estadounidense participó en el Jazzaldia, por primera vez, en el año 2013. Lo programaron en una de las terrazas del auditorio y desde entonces se ha convertido en una de las voces masculinas más importantes del jazz, todo un rey del escenario. Y, precisamente, este monarca quiso homenajear a otro con este concierto, a Nat King Cole (1919-1965), nada más y nada menos.

Porter publicó el año pasado su quinto disco de estudio que estuvo dedicado a este artista que tanto le ha influido tanto en su vida como en su carrera, según afirmó. Nat King Cole &Me, editado por Blue Note, es una selección de canciones del pianista y cantante nacido en Alabama, tan reconocido por temas como Nature boy o Mona Lisa.

Precisamente, fue con esta última canción con la que arrancó el espectáculo sinfónico. Además de con sus habituales en esta gira -Chip Crawford (piano), Jahmal Nichols (bajo), Emanuel Harrold (batería) y Tivon Pennicott (saxo tenor)- homenajeó a Cole con una orquesta compuesta por medio centenar de músicos, dirigidos por el donostiarra Arkaitz Mendoza.

Trajeado, con una llamativa pajarita roja y su habitual gorra, el cantante destacó en varias ocasiones la importancia y la influencia que tuvo la figura de Cole en su vida. Con un padre ausente en su infancia, Porter se refugió en la música y en las composiciones del de Alabama. “Me reconfortaba”, confesó, al tiempo que añadió que esta gira y el disco son “un tributo a su recuerdo y a su trayectoria”.

Pese a la voluntad de honrar al rey, el vocalista no perdió la oportunidad de interpretar sus propios temas. Así, en segundo lugar, cantó On my way to Harlem, de su álbum Be good del año 2012, para retornar, en seguida, de los arreglos en homenaje a la leyenda del jazz.

A continuación fue el turno de la indiscutible Nature boy, de la que afirmó que es la canción de Cole que más le “inspira”, sobre todo, por esos versos que, traducidos, dicen “Lo más importante que aprenderás es a amar y a ser amado a cambio”.

“Un poco de Cole en español”, anunció para interpretar en perfecto castellano Quizás, Quizás, Quizás, que provocó una gran ovación, y enlazarla, después, con otro tema propio: No love dying, del disco Liquid Spirit -este trabajo del año 2013, al igual que Take Me to the Alley del 2016, le valió a Porter el Grammy a Mejor Álbum de Jazz Vocal-. Luego llegó la también composición propia Real good hands, antes de poner al tercer rey de la tarde sobre la escena, el amor, con When love was king, un tema que si bien no es original de Cole -es del propio Porter- se incluyó en Nat King Cole &Me, porque el cantante reconoce que la compuso pensando en su padre musical.

El amor como tema central continuó sobrevolando el escenario del Kursaal. “El amor puede ser muchas cosas. Te puede tener arriba o abajo, pero el amor siempre es hermoso”, afirmó este cantante que, es además, ser el artista de jazz más descargado de Internet, antes de interpretar L.O.V.E. y The lonely one.

Enfilando el final del concierto, que rondó las dos horas de duración, Porter narró otra anécdota de su juventud, de cuando tenía unos seis años y ante la ausencia de su padre se refugiaba en la música del de Alabama. “Le enseñé algo que había compuesto a mi madre. Me dijo que sonaba como Nat King Cole. Ella mentía”, rió el artista, para añadir que “hizo lo que hacen las madres”, es decir, “inspirar a sus hijos”. Este pasaje le valió para introducir I wonder who my daddy is, un tema de Freddy Cole, hermano de Nat, y que habla, precisamente, sobre no conocer al padre de uno.

Con Painted on canvas, escrito por el propio Porter, el Kursaal se vino arriba y la euforia y fascinación permanecieron altas durante el solo de bajo de Jahmal Nichols, en el que se percibieron, incluso, algunos acordes de Smoke on the water de Deep Purple, y que sirvió como preludio a una larga interpretación en la que se mezcló Papa was a rolling stone con Musical genocide.

Antes de la propina, que fue doble -“No vais a dejar que me vaya a casa”, reconoció después de la primera-, Porter interpretó una propia -Be good- y otra de su padre espiritual -Smile-. En cuanto al encore, fruto de una grandísima ovación y aplausos de un público en pie, el cantante apostó por lo suyo, cantó Liquid Spirit y Hey Laura, ambas del galardonado álbum del 2013. Entre una tormenta de aplausos y después de presentar y despedir a la banda, al director y a la orquesta, Gregory Porter abandonó su reino.

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