El ‘caddie’ de moda

Pello Iguarán, ganador del British Open.

Pello Iguarán, ganador del British Open junto a Molinari, desgrana su trayectoria hasta llegar al que hasta ahora es su gran éxito: “el último putt de Fran fue una cosa mágica”

Néstor Rodríguez Ruben Plaza - Lunes, 30 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

donostia - Pello Iguarán, cabeza rapada y porte tranquilo, sonriente, no está acostumbrado a las entrevistas. Si su jefe, Francesco Molinari, está “no en un segundo, sino en un quinto plano mediático” dentro de la elite del golf, cabe imaginar dónde está este donostiarra, nacido en 1969 y que saltó a la fama este pasado domingo, cuando Molinari ganó el British Open, el torneo con mayor solera del mundo, solo por debajo de Augusta. A él, a Iguarán, a su caddie, fue al primero al que se abrazó el jugador italiano cuando en el hoyo 18 embocó un putt que le valió para hacer un birdie que prácticamente le garantizaba el título, su primer major, éxito que se confirmó unos minutos después.

Para Iguarán también es su cima en el golf, así que suple esa falta de hábito con los medios con la locuacidad de quien está feliz, satisfecho por el trabajo realizado, como si su larga trayectoria, casi siempre en la sombra, hubiera encontrado una recompensa a sus 49 años. Ahora es el caddie de moda, el hombre que moldea el carácter de Molinari, le aconseja antes y durante los torneos y trata de exprimir las cualidades del italiano. “Se trata de que en todos los golpes esté a su máximo rendimiento, centrado, que no se salga de un estado emocional correcto”, explica a modo de avanzadilla de lo que es su trabajo.

En Fran, como le llama él, está volcando toda su experiencia Pello Iguarán, que comenzó a jugar a golf no en Basozabal, donde cita a este periódico para charlar tranquilamente, sino en el campo de Zarautz. Por casualidad. Porque él jugaba a fútbol por influencia familiar. “Mi padre, Pello, jugó en la Real, y mi tío Miguel jugó en el Oviedo. Mi padre fue un futbolista tardío, porque hacía ciclismo, pero en una carrera un amigo suyo se cayó a un barranco y se mató. Dejó la bici y en la mili empezó a jugar a fútbol. Tenía un físico impresionante y le fichó un equipo de Tercera, de donde fue al Alavés y luego a la Real, que estaba entonces en Segunda. Curiosamente, para comprarse su primera bici había hecho de caddie. Cuando dejó el fútbol se dedicaba a mantenimiento de calefacción, agua caliente... y llevaba el mantenimiento del golf de Zarautz”, rememora Iguarán.

profesional con 18 años Era abril de 1983 y fue el principio de todo para Pello Iguarán, un adolescente que quedó prendado por ese deporte: “Me enganchó de una manera... a partir de ahí era un enfermo del golf, me encantaba. A los tres meses me trasladé a la escuela de los hermanos Arruti en el golf de Jaizkibel, en dos años era hándicap seis y en cuatro me hice profesional”.

“Pero económicamente no me podía manejar bien”, reconoce, “y un amigo mío, Nacho Garrido, me dijo: Juega tú los torneos que quieras y en el resto me haces de caddie. Así que en el año 1998 jugué 25 torneos e hice 18 de caddie de Garrido. Todo el año por ahí viajando”.

Desde ese momento hasta convertirse en el caddie del jugador del momento, Francesco Molinari, Pello Iguarán hizo de todo. Él mismo lo cuenta con una memoria que no escatima ni en detalles ni en fechas: “De 1998 a 2001 jugué e hice de caddie;conocí a mi mujer y dejé de hacer de caddie para estar más tiempo en casa. De 2001 a 2006 jugaba y daba clases en Andoain y en una escuela de Justiz, y de 2006 a 2009 me dediqué únicamente a dirigir la escuela de Justiz. A partir de 2009 empecé a hacer sharing caddie (compartir la temporada con otro caddie) de Garrido, lo que compaginaba con la escuela de Justiz. En 2012 dejé todo por un proyecto que no cuajó y me quedé sin trabajo porque Garrido había cogido a otro caddie”. Pero cuando una puerta se cierra, otra se abre. “Coincidió que Txema Olazabal no tenía caddie en ese momento. Somos muy amigos y nos juntamos. Fue una experiencia brutal en lo personal y en lo profesional, a nivel de conocimientos, experiencia... Txema era capitán de la Ryder y yo estaba ahí en el equipo viviendo experiencias únicas”.

olazabal y molinari Las lesiones de Olazabal permitieron a Iguarán hacer de caddie de diferentes jugadores: “Elvira, Ricardo Santos... estuve casi un año con Cañizares. Me vino bien porque me obligó a adaptarme rápido a diferentes jugadores, a su forma de trabajar y de ser, a entender a los demás”. Fue el entrenamiento perfecto para su siguiente trabajo: ser el caddie de Francesco Molinari. “Empezamos en enero de 2015”. El comienzo de una relación que ha ido dando sus frutos hasta que el transalpino protagonizó el éxito de Carnoustie. Un campo, por cierto, que no le gustaba a un Molinari que venía de ganar dos torneos y de ser segundo en otros dos pero que, pese a eso, no tenía todas consigo. “No me gusta mucho Carnoustie”, recuerda Iguarán que le dijo Francesco. A lo que el donostiarra respondió rápidamente: “Pues a mí me encanta. Es un campo fantástico y lo vamos a hacer muy bien”. Iguarán tenía buenas sensaciones, el presentimiento de que podían hacer algo grande, y no quería dejar cabos sueltos. La cabeza, en un deporte de precisión como el golf, es un factor fundamental. Básico.

EN LA MENTE DEL JUGADOR Y para entrar en la cabeza de un jugador, el caddie debe conocerle bien. La relación entre ambos debe ser recíproca y crecer con el tiempo. En estos tres años y medio el caddie guipuzcoano ha ido puliendo su trabajo junto a Molinari, un jugador joven, “educado, respetuoso, tranquilo y muy buena gente” fuera del campo. “Un diez como persona”. Pero puramente italiano cuando compite. La tranquilidad que transmite puede transformarse cuando las cosas no van bien. “Cuando salió por primera vez ese carácter, pensé: Dios, lo que me acabo de encontrar. Una de sus labores es precisamente que esas situaciones no se repitan: “Tienes que saber anticiparte un poco a ese momento, apreciar señales de que falla algo. Si no has sabido manejar un momento de frustración o enfado antes, el día ya no tiene vuelta atrás”, señala Iguarán. “Tienes que saber elegir los momentos y las formas, si él está frustrado no puedes decirle algo y que empeore. Pero esto, hasta que no conoces al jugador y a la persona, no lo sabes. Debes saber cómo convencer. Tiene que haber mucha interacción y nunca dejas de aprender. Incluso en los entrenamientos del British Open estuvimos puliendo detalles. Después de un golpe malo hubo un momento que no fue agradable, pero del que aprendimos”.

Otra labor de Iguarán es ofrecerle datos prácticos al jugador: “Tengo que estudiar el campo, yo suelo ir un par de días antes a ver las condiciones. Fran quiere que le dé información precisa, muy simple. Distancia, viento, intensidad con el palo, dónde enfocar la línea... Al final el objetivo es que esté a su máximo rendimiento en todos los golpes”. Y ahí regresa el donostiarra al aspecto mental, cuya importancia es mayor según avanza la conversación. “Si percibo que se sale de su estado emocional, tengo que entrar, hablarle, transmitir tranquilidad y convencerlo. Es la parte más difícil, pero también la más importante”, reconoce. “Si ves que algo no ha funcionado, le dices esto bien, pero hay que mejorar esto otro. Muchas veces se da de forma natural, pero otras veces no, entonces te tienes que parar y utilizar otro tono”.

Situación que se dio en uno de los torneos previos al British Open: “Tuvimos un día malo, decisiones importantes no nos salieron bien y Fran bajó al puesto quince, 18 o por ahí. Estaba cabreado, frustrado. Hicimos la cena en casa pero no quería ni hablar ni comer. En ese momento tienes que esperar, darle espacio. Pero tampoco quería que la situación se quedara ahí enquistada y antes de ir a dormir le dije: Fran, esto y esto. Lo que había hecho bien y lo que había hecho mal. Mañana tenemos la oportunidad de mejorar. Al final son cosas que él sabía, pero había que ir desglosando y hablando poco a poco. Él escuchaba y no hablaba, pero al día siguiente hizo -7 y quedó segundo”.

EL ÚLTIMO DÍA DEL BRITISH Toda esta coctelera -el mutuo conocimiento, el buen momento de forma de Molinari, corregir errores antes de que estos se repitieran, la confianza de Iguarán- propició que el jugador italiano completara unas buenas tres primeras jornadas del British Open y que se plantara en la última con opciones de victoria. Eso sí, como siempre, de tapado. “Esto cambiará ahora, pero Fran estaba no en un segundo plano mediático, sino en el quinto. Después de la tercera jornada decían: Sí, está jugando bien. Nada más. Y el último día encima compartía partida con el más mediático, Tiger Woods”.

De cara a esa última jornada, Iguarán y Molinari tenían clara la estrategia: “Habíamos visto la previsión del tiempo y había que jugar diferente a los días anteriores. Aceptar que había que ir salvando pares y estar tranquilo fue la clave. Y eso que Tiger empezó súper fuerte”. Hasta el punto de ponerse líder. Pero el panorama cambió en los hoyos once y doce, cuando el estadounidense hizo un doble bogey y un bogey. “En el hoyo once los dos tenían un golpe largo, Fran lo salvó muy bien con un golpe muy bueno y creo que eso le hizo arriesgar a Tiger, pero él tenía la hierba más alta e hizo doble bogey. Ahí se le vio en la cara que su energía se desplomó. En el hoyo doce no estaba centrado e hizo bogey. Nosotros, en cambio, todo pares. Fran no bajaba el rendimiento, jugó muy bien y eso fue una losa para los rivales”.

Un birdie en el hoyo catorce y las dificultades que tenían sus rivales para mantener el tipo le dieron el liderato a Molinari, que controló los nervios de maravilla en el decisivo hoyo 18: “Con dos golpes dejó la bola a dos metros de la bandera”. Le quedaba rematar la faena, es decir, acertar ese golpe para hacer birdie y obligar a sus rivales a una heroicidad para arrebatarle la Jarra de Clarete, el preciado trofeo que se otorga al vencedor del British. “La verdad es que no me puse nervioso porque tenía buenas sensaciones. Fran estaba muy concentrado. Era un putt curioso, porque el día anterior habíamos fallado un golpe parecido en otro hoyo. Pero cuando lo vi, no hizo falta decirle nada. Iba convencido al 100%. Fue muy bonito, el último putt fue una cosa mágica”.

Conseguir un torneo de la talla del British compartiendo la última jornada con Tiger Woods, uno de los más grandes golfistas de la historia, hizo que el triunfo fuera aún más especial: “Es lo máximo, ganar encima con Tiger jugando a ese nivel... haber vivido ese momento es único. La gente al principio gritaba Tiger, Tiger, pero luego ya empezaron a animar a Francesco. Él estaba muy concentrado en todo momento. Fue un momento muy bonito”.

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