El imperio sin fin

Thomas, con la bandera de Gales, emocionado en el podio de París.

Geraint Thomas festeja su primer Tour de francia en París, el sexto título del Sky en los últimos siete años tras los cuatro de Froome y el inaugural de Wiggins

César Ortuzar - Lunes, 30 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

donostia- “Nunca pensé que ganaría el Tour. Aquel año sufrí mucho, pero aprendí mucho también para el futuro”. La frase pertenece a Geraint Thomas, campeón del Tour, príncipe de Galés, un pensamiento que queda viejo en los Campos Elíseos, la más elevada atalaya de París. La que tiene mejores vistas. El trono del Tour es suyo, un gregario amarillo, aunque en realidad es propiedad del Sky. Thomas es solo su último inquilino. El método del Sky es como aquella arenga de Luis Aragonés que cuelga del imaginario colectivo: ganar, ganar, ganar y volver a ganar. En bucle. Es la historia infinita de la saga del equipo británico, un imperio de la victoria. La era de los invencibles. Solo Vincenzo Nibali en 2014 dio un bocado en el festín del equipo británico. God save the Sky! La primera versión del Sky asomó con Bradley Wiggins, el pistard patilludo que cinceló Brailsford para convertirlo en campeón del Tour en 2012. Fue la anunciación de una Epifanía, de un nuevo tiempo del que no se intuye final y menos aún una capitulación. Después llegó al actualización 2.0 con Chris Froome, cuatro veces coronado en París. El dominador de la década. El emperador del Tour en 2013, 2015, 2016 y 2017 cerró el podio a la espera del porvenir.

Entre tanto, la versión 3.0 subraya a Geraint Thomas, el último heredero de un linaje de reyes, otro hijo del velódromo capaz de alcanzar la gloria en la carrera más grande del mundo, celebrará la dicha con una hamburguesa y una cerveza. El humilde capricho del campeón que nadie esperaba. Solo el Sky, que gana de carrerilla el Tour, una estribillo que recita como la tabla del uno. La carrera más azarosa y caprichosa del mundo es una línea recta para la escuadra británica, una incubadora de campeones. “Hemos sido fuertes individualmente y como equipo. Tenemos grandes corredores, y aunque siempre hay críticas nosotros trabajamos para ser los mejores, tenemos un estilo, una manera de correr y tenemos buena cabeza y buenas piernas”, dijo el campeón del Tour, al que rodearon Tom Dumoulin, segundo, y Chris Froome, tercero, que aplaudió al líder antes de que ambos se abrazaran sobre la bicicleta. Amigos. “Iba día a día y algunos no creían en mi. Yo hacía mi trabajo y me tenía que dedicar a seguir a Dumoulin, como una mierda pegada en un zapato”, argumentó el galés sobre su rival más cualificado. Insuficiente para domar al Sky.

Su dominio es tal, que incluso un actor secundario como Geraint Thomas posa con la sonrisa de galán en los Campos Elíseos de París, un territorio de mitos y leyendas. El galés entra en otra dimensión, la del campeón circunstancial. No porque no haya sido el más fuerte, sino porque fue el plan B que pergeñó el Sky para comparecer en el Tour porque se desconocía si Froome, el alfa y el omega de la formación, podría estar en la salida por el caso del salbutamol. “Yo estaba en mi mundo, concentrado en mi trabajo. Me concentré en California. Oí las historia pero me concentro en mi mismo. No leo las webs de ciclismo, ni los periódicos”, destacó Thomas sobre su preparación para la Grande Boucle. El británico nacido en Kenia seguirá siendo el monarca del Sky. Thomas es un campeón de prestado, probablemente en funciones. Se desconoce cómo será el futuro, pero en el Sky se anticipan a ello. Egan Bernal, el tremendo colombiano que ha cuidado de Froome en un Tour en el que le ha tocado sufrir, se perfila como otro ciclista que podría reinar.

Desde esa nave nodriza surge Thomas, el primer galés en vencer la centenaria carrera. “Es increíble lo que está pasando. Hemos puesto a Cardiff en el mapa del mundo y allí hay un gran fervor. No creo que esto me cambie, trataré de ser quien soy, no quiero cambiar. Todo es una locura en casa, en mi país. Quiero ir a Gales para celebrar este triunfo”, expuso Thomas, que completó un Tour sin mácula a la sombra de Froome, sobre el que estaban los focos, más si cabe después del caso del salbutamol. El galés, camuflado en la espesura del anonimato, fue capaz de esquivar contratiempos en una tirada que penalizó a Froome, Quintana, Dumoulin, Roglic o Landa. Todos padecieron problemas en la estresante primera semana, donde Thomas supo mantenerse a flote sin que nada le salpicara en la hoja de ruta perfilada por el Sky.

una realidad A partir de ahí, su candidatura ganó mucho peso, aunque solo quedó perfectamente definida en los Pirineos, que eran la puerta de entrada a la tercera semana, un salto hacia los desconocido para Thomas. Los Alpes, el contacto con la alta montaña, le pintaron de amarillo. Venció en La Rosière, cuando sobrepasó a Mikel Nieve, y dobló la gloria en Alpe D’Huez, donde una caída descabalgó a Nibali, que tuvo que dejar la carrera con una cervical fracturada. Porte se había astillado antes, en la temible etapa de Roubaix, donde también se estamparon las ilusiones de Landa, doblada la espalda por el dolor. El paso por el macizo central descubrió la ambición de Primoz Roglic, subrayó a Dumoulin y enfatizó a Thomas, que fue agrandado su figura, gigantesca en los Pirineos, cuando debía gestionar la cómoda renta que disponía, si bien reconoció que “Landa y Bardet nos presionaron en la montaña y pasamos apuros, pero seguimos juntos en el equipo, haciendo nuestro trabajo para ganar el Tour”.

A medida que creció Thomas menguó Froome, que sufrió lo indecible en el Col de Portet. “En Alpes sufrí, pero estuve tranquilo y apoyado por el equipo, lo que me dio confianza. También pasé apuros los dos últimos días en Pirineos, fueron muy difíciles de controlar. Los rivales vieron que Froome sufría y atacaban...Yo tenía que proteger a Froome y luchar por el maillot”, describió el galés. En Thomas no hubo grietas, absolutamente sólido su Tour. El galés, apoyado en un equipo galáctico, al que agradeció la victoria desde el podio, apenas pestañeó para celebrar un festejo que cerró en la crono entre Senpere y Ezpeleta a la espera de los fastos de los Campos Elíseos. El galés demostró su fortaleza en todos los frentes y sumó dos etapas para agarrarse al cielo de París y completar el circulo virtuoso del Sky. El imperio sin fin.

El podio

Kristoff, gloria en parís. Sin apenas velocistas en los Campos Elíseos, diluidos la mayoría con anterioridad, y tras el saludo de Chavanel a la ciudad de la luz el año de su despedida, la etapa que remató el Tour de Francia se resolvió al esprint a pesar del intento de Yves Lampaert. En el último pleito a cámara rápida, el esprinter noruego Alexander Kristoff se hizo con la victoria ante John Degenkolb y Arnaud Démare.

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