Tribuna abierta

¿Nos devolverán lo robado?

Por Iñaki Anasagasti - Domingo, 29 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

luis García Montero, granadino, poeta, profesor universitario, marido de la escritora Almudena Grandes, es el nuevo director del Instituto Cervantes. Es hombre de izquierdas hasta el punto que fue candidato a la presidencia de la Comunidad de Madrid por IU en el 2015. ¿Sabrá García Montero que fueron los comunistas en 1944 quienes irrumpieron en la sede de la Delegación Vasca de la Av. Marceau en 1944 tras la liberación de París por la división Leclerc, se hicieron con ella y se la entregaron al delegado vasco Javier de Landaburu?. El nuevo Director debería hacer lo mismo con el actual Instituto Cervantes que ocupa la sede vasca de París en virtud del primer robo de la Gestapo en 1940 y del segundo robo, esta vez de Franco, en 1951. ¿Lo hará?. No padre. ¿Lo debería hacer?. Sí. Y algo más, esta vez para Sánchez: reconocer que Gernika fue bombardeada por el fascismo, permitir la exhibición del cuadro de Picasso en Euzkadi y, devolvernos la sede de la Av. Marceau que no es del Estado español sino del PNV como incluso estuvo dispuesto en 1996 a hacerlo Aznar. Todo esto no les costaría ni la ruptura de España ni un euro. Pero no lo harán. Lo dijo Plá. Lo más parecido a un español de derechas es un español de izquierda.

Sí ha abierto Sánchez el debate sobre la tumba de Franco que Ramón Jauregui, encargado por Zapatero, con su inveterada pusilanimidad, no se atrevió a abordar en el 2011 y se les ha echado hoy toda la carcundia encima diciendo que rompe los consensos de la transición. ¿Qué consensos?. ¿La ley de punto final que fue la Amnistía de 1977?. ¿La obsequiosidad de Felipe González con Juan Carlos y Fraga y sus pasados?. ¿El avalar todos los crímenes y corrupciones de una dictadura feroz?.

Dulce Chacón dijo que “somos hijos del silencio de nuestros padres y responsables de la ignorancia de nuestros hijos”. Es verdad, aunque son ahora los nietos quienes agitan el árbol de la historia comentando que Gogora debería haber sido creada en 1980 ya que el trabajo actual, siendo muy meritorio, ha perdido a casi todos los protagonistas del inmediato pasado y son pocos los libros que se están editando.

De ahí que haya sido muy meritorio que la hija bilbaína de Ángel Ojanguren, con su dinero, haya reeditado el libro de memorias de su aita editado por la Fundación Sabino Arana y que volvimos a presentar en el batzoki de Bilbo Zaharra esta semana. Miren Begoña vive en Inglaterra pero quiso dejarnos las vivencias de su aita, aquel procónsul inglés que acompañó al cónsul Ralph Stevenson a Gernika para comprobar la autoría alemana de aquella barbaridad o las gestiones con la diputada laborista Leah Manning para embarcar nada menos que cuatro mil niños a Inglaterra.

Con estilo directo y hablando de su dependencia al cigarrillo nos cuenta como al alcalde Ercoreca lo secuestró la Gestapo de su casa de Biarritz, de cómo se escapó él del campo de Gurs, y de cómo sacaron al director del Liberal de dicho campo para morir inmediatamente. Explica su desengaño con los ingleses que tras la caída de Bilbao le dijeron que su pasado de perdedor republicano le impedía seguir trabajando con ellos y vemos como se duele de ese gran cínico y ese demócrata selectivo que fue Winston Churchill, que el 24 de mayo de 1944 les quemó el alma cuando le escucharon decir que “me voy a referir a España -a la de Franco naturalmente- Permítaseme que confío que ha de ejercer fuerte influencia en la paz del Mediterráneo después de la guerra. Los problemas internos de España son asuntos que interesan solamente a los españoles”. Había dicho en 1941 que todo hombre o estado que marchara con Hitler era “nuestro enemigo”. Ideología kleenex.

Narra Ojanguren una escena impresionante cuando estando preso en Larrinaga los gudaris eran obligados a arriar la bandera española a la puesta del sol y saludar brazo en alto. Una tarde, un gudari, dirigiéndose a varios compañeros les dijo que estuvieran atentos a lo que iba a hacer al día siguiente. Y lo hizo. Arriándose la bandera dejó a todos petrificados cuando gritó. Gora Euzkadi Askatuta! (Por cierto, no Gora Euskal Herria!). Al día siguiente, sin proceso, a la puesta del sol, atado a un palo alrededor del mástil y cuando arriaban la bandera, fusilaron al gudari. O cuando organizó desde el consulado la evacuación en el Alice Mary con 1.500 personas desesperadas. El capitán le dijo que un pasajero había fallecido. En una camilla el cadáver fue bajado a tierra. Profundamente emocionada, su esposa saltó a tierra, se arrodilló ante el cadáver y le besó repetidas veces. Seguidamente regresó al barco. Al poco zarpó el Alice Mary y se quedó en el muelle Ojanguren solo con el cadáver. Una escena de película.

Tras vivir en Trieste acabó toda la familia en Roma y él de Delegado del Gobierno Vasco haciendo lo que podía con los imprescindibles sacerdotes vascos cerca del Vaticano P. Goenaga, P. Laburu, en sus peticiones de ayuda en el Vaticano. Gracias a esos contactos y al viaje del Lehendakari Leizaola y el vicepresidente Rezola lograron que el juicio de Burgos fuera a puerta abierta, ya que había dos sacerdotes y el Concordato lo prohibía, y al ver la opinión pública mundial aquella farsa, los condenados salvaron la vida, algo que jamás agradecieron a nuestros venerables ancianos.

Y estuve el sábado en Forua. Hacía 81 años, habían fusilado a tres baserritarras. Dos del PNV y uno del Partido de Azaña. Les acusaron de “delito de adhesión a la rebelión y peligrosidad social”. Uno tenía nueve hijos, y el otro cinco. Su familia en ocho décadas no ha sido “víctima del terrorismo”. Ojalá en cada localidad se hiciera lo que han hecho en Forua. Hoy sus vidas no nos las pueden devolver, pero el palacete de Marceau, sí.