Crónica

Master class

Por J. J. Forcada - Domingo, 29 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

nueva visita del veterano pianista norteamericano Kenny Barron, de Philadelphia, que ya en el año 2000 había recibido el premio Donostiako Jazzaldia y que por la capital guipuzcoana había presentado distintas propuestas. Ayer llegó en formato quinteto y con la intención básica de presentar su último disco, publicado recientemente y titulado Concentric Circles. Es su manera de celebrar sus 75 años, además de los 50 años desde que publicó en 1968 su disco de debut, You had better listen.

Muy buena respuesta por parte del público a esta función en la que los cinco músicos se colocaron bien juntitos para poder disfrutar mejor de las sensaciones que cada uno iba mostrando a lo largo del show. Comenzaron con un tema de los años 50 Be bop, de Dizzy Gillespie, precisamente uno de los iniciadores de ese estilo de jazz que ayer estuvo muy presente en el concierto, con largos y nerviosos fraseos, en todo momento imprimiendo un altísimo ritmo musical a la actuación. Sin precalentamientos previos, Barron atacó con furia el piano, rapidísimo. El tema sirvió para que cada uno de los músicos presentara sus credenciales y sus capacidades creativas: convincente desde el inicio Jeremy Pelt en la trompeta, no se le quedó a la zaga Dayna Stephens con el saxo tenor y, por supuesto, la sólida sección rítmica con Kiyoshi Kitagawa en el contrabajo y Jonathan Blake en la batería.

Continuaron con Concentric Circles, título que resume perfectamente el argumento musical de este quinteto, elementos concéntricos que comparten el mismo centro u origen. Tuvo inicialmente un tono mas lírico que fue diluyéndose con las aportaciones frenéticas de los dos vientos, jugando mucho con los agudos y rompiendo las melodías con sus soplidos extremos, que enlazó además con otras dos composiciones de su ultimo disco DPW y Blue waters.

Recordó el clásico de Wayne Shorter, Footprints, con largos y sofisticados desarrollos, continuos cambios de ritmo y un ambiente de complicidad en los músicos que se reflejaba en sus caras sonrientes. Todo discurría rápido, extremo, con solos espectaculares de cada uno de los componentes y en todo momento con devoción por los ritmos vertiginosos. El final con solo de batería salvaje de Jonathan Blake hizo las delicias del público.

Caetano Veloso con sus hijos habían comparecido dos días antes sobre ese mismo escenario del Kursaal y precisamente un tema del brasileño sirvió para apaciguar el ambiente. Aquele Frevo Axé , que Barron incluye en su último disco, se sintió afable y dio un pequeño respiro a la sesión. Sin sacudidas sonoras, aportó ese toque cálido habitual de la música brasileña antes de abrir la puerta al espíritu de Thelonius Monk que siempre ha estado presente en la música de Kenny Barron.

En esta ocasión lo estuvo a través del tema Well, you needn’t, con una demostración del maestro al piano, increíble, llena de matices que coloreaban la velada con todo tipo de tonalidades y con las imponentes aportaciones de los vientos y la sección rítmica en plena racha creativa. Colosales.

Sorprendentemente, y cuando nadie se lo esperaba, se retiraron. Nos supo a muy poco. Al final accedieron a hacer un bis interpretando Baile, un acercamiento a los ritmos latinos con un piano de sonido brillante y contagioso y la sección de vientos, Pelt y Stephens, dialogando y casi solapándose y rubricando una actuación que resultó excelente. Una masterclass en la que quedaron a salvo todos los retos artísticos de cinco maestros colosales.