Andrzej Olejniczak Músico

“Aquí la gente no va a los conciertos en los clubes cuando los festivales acaban”

El saxofonista, clarinetista y compositor Andrzej Olejniczak actuará hoy en las terrazas del Kursaal, dentro de la programación del Txikijazz

Carlos González Javi Colmenero - Domingo, 29 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

donostia - Con la música del compositor y pedagogo polaco Frédéric Chopin como referencia, Andrzej Olejniczak actuó ayer en Donostia, dentro del Jazzaldia, en formato cuarteto acompañado por Michal Tokaj (piano), Alan Wykpisz (contrabajo) y Lukasz Zyta (batería). Hoy volverá a actuar en las terrazas del Kursaal (11.00 horas) como actividad del Txikijazz y a la tarde lo hará en el Dazz de Gasteiz.

Su agenda en este fin de semana, por lo menos en teoría, parece como mínimo agotadora.

-Ojalá que esto pudiera pasar siempre. En los buenos tiempos en Polonia llegaba a hacer cuatro conciertos en el mismo día. Así que hacer dos seguidos hoy después del de ayer y el del viernes tampoco es nada extraño. En 1984 estuve con mi grupo de jazz en Rusia y en febrero, que tiene 28 días, hicimos 48 conciertos nada más y nada menos.

¿Y cómo sobrevive uno a eso?

-Bueno, estábamos en Rusia, así que con vodka (risas). De todas formas, el concierto de hoy es a las once de la mañana, y se trata de una actuación para las familias y los más pequeños. El del Dazz en Gasteiz no es hasta las siete de la tarde. No hay problema. Cuando tocaba con Javier Gurruchaga hacíamos 70 conciertos en tres meses. No sólo yo, sino todos los músicos desearíamos que esto de dar cuatro conciertos en tres días fuera algo habitual. Pero pasa muy pocas veces. Salvo algunos grupos norteamericanos que vienen a Europa, gracias a las agencias que existen aquí, hacen 20 conciertos seguidos. Pero los que vivimos en Europa y no somos americanos... bueno, eso sin hablar de los alumnos que tengo en Musikene. ¿Qué futuro les espera a ellos? Claro, en el jazz, en la improvisación, lo más importante es actuar y tocar cuanto más, mejor. Si estoy dos meses estudiando en casa pero sin actuar, cuando tengo un concierto tengo demasiadas ideas en la cabeza. Es como si estuvieras en una isla desierta sin hablar medio año y de repente te encuentran. Hablas sin parar, todo se agolpa. En la improvisación es importante entrar en el escenario y dejar salir a las ideas. Así te sueltas y te aclaras.

En estos conciertos están desarrollando un proyecto sobre la música de Chopin. Alguien se puede preguntar qué relación tiene el compositor y pianista con el jazz.

-En el plano musical, el jazz se basa principalmente en la armonía del Romanticismo, dejando a un lado el free jazz, y Chopin es uno de los exponentes del Romanticismo. Muchos acordes, cuando estudias a Chopin, ves que son los que usan los músicos de jazz. Hombre, nosotros solo tomamos unos fragmentos de sus obras, no las piezas completas. Además, en Polonia, Chopin es un compositor muy importante a la hora de hablar del carácter de su música, de cómo transmite el carácter del propio país, su paisaje, sus características. En Polonia es muy normal que en los festivales de música clásica intervengan intérpretes de jazz. Por ejemplo, en el festival de Mozart siempre hay una jornada que se dedica al jazz, a que músicos de jazz interpreten música de Mozart. Aquí parece que esas cosas son imposibles. Y lo mismo pasa con Chopin. Esto provoca que el músico se sienta más activo e investigue para hacer un proyecto, sabiendo además que va a tener dónde poder venderlo.

Aquí en Euskadi, pasa que llega julio, con él los festivales de jazz y parece que, de repente, tanto los conciertos como el público se multiplican con respecto al resto del año, cuando casi no hay nada. ¿Es una situación extraña, no cree?

-Aquí la situación es un poco rara, sí. La gente va a los festivales y da la impresión de que la salud del jazz y de la música en directo es buena. Pero luego los festivales acaban y a los conciertos en los clubes no va la gente. Mira, hace algunos años actué en la sala BBK de Bilbao. Y al día siguiente me encontré con gente en la calle que me decía que a ver cuándo hacía un concierto, que hacía mucho tiempo que no tocaba allí.¡Pero si toqué ayer!, les respondí. Llamé a la sala para saber la razón por la que no se había hecho promoción del concierto. Me dijeron: El público interesado ya se va a enterar y el que no quiere hacer por enterarse, no nos interesa. Siempre pongo el mismo ejemplo. Cuando llega el BBK Live, la promoción empieza un año antes, aún sabiendo que con grupos como Metallica podrías poner las entradas a la venta cinco minutos y se llenaría. Sin embargo, con los conciertos que sí necesitan promoción, que son minoritarios, y no me refiero sólo al jazz, no se hace casi ningún esfuerzo.

Tocar en un club o en un local hostelero es...

-Los sitios pequeños para el jazz son donde mejor se toca. Es donde hay más contacto con el público. En los festivales, cuando estás en un gran escenario, o tienes una muy buena producción y te oyes muy bien o no hay manera. De hecho, es un tipo de escenario donde no me encuentro muy cómodo. Cuando tocas en un sitio pequeño en el que, en realidad, le estás pegando con el codo al pianista mientras el batería le da a un plato que te retumba tres días en el oído, sientes que el grupo se escucha perfectamente, algo que en el jazz es muy importante. Hombre, hay sitios en los que tocas en los que parece que molestas. Pero bueno. Yo recuerdo que cuando se acabó lo de fumar en los bares, el primer concierto que tuve en un pub me pareció hasta raro. ¿Qué voy a tocar si no hay atmósfera? (risas).

A quienes les da clase en Musikene, ¿qué les aconseja a la hora de dedicarse a esto?

-Lo único que les transmito es que es necesario trabajar sin parar. Hay gente que se quiere dedicar a esto que piensa que las cosas salen sin mucho esfuerzo. Pero es al revés. A veces algunos alumnos me dicen: ¿por qué cuando tocas esto te sale bien y a mí no? Y les dices: porque ayer, estas seis notas que he utilizado hoy las estuve practicando durante tres horas. Se les abren los ojos como platos. “¿Has repetido dos compases durante tres horas, los mismos dos compases?”. Joaquín Achúcarro tiene más de 80 años y sigue practicando ocho horas al día. No hay más que decir.