Crónica

Mediodía nocturno

Mary Stallings, con Hervé Sellin al piano en el concierto de ayer en el teatro Victoria Eugenia.

Por J. J. Forcada - Sábado, 28 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

Este nuevo invento de hacer conciertos del Jazzaldia al mediodía parece que funciona. El aspecto del Victoria Eugenia era magnífico ayer a las 12.30 horas. Se trataba de disfrutar con una cantante veterana, Mary Stallings (78 años), que no los aparenta. A pesar de llevar 53 ediciones, nunca había tenido esta señora la oportunidad de estar actuando en esta ciudad. Lo agradeció vivamente, comentando con el público que era uno de los sitios más bellos en los que había estado. Ninguna referencia a su premio Donostiako Jazzaldia, seguramente pensando que no era el momento. Lo recibirá esta mañana en un acto privado en el Teatro Victoria Eugenia.

El concierto desde un principio y a pesar de ser esa hora tan temprana para un recital de estas características, nos transportó a una velada que hizo disfrutar a la mayoría de espectadores. Fue un concierto defendido de manera sobria y muy profesional por tres músicos enormes: Hervé Sellin en el piano, Joshua Ginsburg en el contrabajo y Mario Gonzi en la batería. Qué capacidad para arropar la voz segura y potente de Mary Stallings.

Comenzaron con un instrumental en el que enseguida percibimos la capacidad interpretativa de estos tres músicos, con continuos cambios de ritmo. La primera canción fue el clásico Gypsy in my soul, donde descubrimos una voz rotunda, un tanto áspera por momentos y desde luego con un tono muy atractivo.

Mezclando baladas y medios tiempos, y dejando protagonismo a los músicos, el concierto discurrió en tonos amables, elegantes. Sonaron Moment to moment, con una gran aportación de Hervé Sellin, y Soul eyes, donde Mary se interesó por sus tonos más graves. Se divirtió por momentos acercándose a la improvisación vocal haciendo scat, demostrando sus aptitudes vocales, de donde salió siempre triunfadora. Hubo acercamientos al blues y pasajes protagonizados por el contrabajo de Joshua Ginsburg, realmente sólido en cada una de sus comparecencias. El concierto tuvo en todo momento un aire clásico, como cuando recordó su época como cantante de la Count Basie Orchestra, en los primeros años 70, o en alguna balada realmente memorable, transmitiendo sensaciones placenteras repletas de delicadeza y con un Mario Gonzi inmenso con sus escobillas. Sentido y sensibilidad. El swing tuvo también sus momentos siempre, con una total complicidad entre los tres músicos, realmente efectivos en sus funciones. Quiso terminar con el tema de Peggy Lee I Love being here with you, pero el público puesto en pie pidió con insistencia una propina que se concretó en una balada que resumía toda la actuación.

Elegancia, experiencia, sabiduría y toda una lección de una cantante que, sin duda, se merece el premio Donostiako Jazzaldia.

Secciones