Crónica

Buena energía

Trojan

Por J. J. Forcada - Sábado, 28 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

nueva visita al Jazzaldia de Brad Mehldau. No nos importa ni lo más mínimo que se repitan sus visitas. Nunca defrauda, cada año que viene se supera. Asistimos al concierto casi convencidos a priori de que íbamos a ver algo extraordinario y las expectativas se confirmaron. Parco en palabras y frío en su comunicación verbal, agradeció al público la buena energía que trasmitía.

Comenzó el concierto con Spiral, el tema con el que se abre su reciente disco. Con cierto lirismo en el ambiente y poco a poco acomodándose a su piano, fue retorciéndose mientras tocaba, y cada una de sus manos dibujaba un universo paralelo. Se acercaba a la música repetitiva, al minimalismo, y te introducía en un bucle sonoro que te va anestesiando poco a poco.

En Seymour Roads the Constitution se dejó seducir por el contrabajo de Larry Grenadier, que ofreció en toda la tarde una interpretación sin fisuras, ecléctica y siempre al servicio del grupo, pero enriqueciendo la propuesta con su aportación.

And I Love Her, el clásico de The Beatles, sonó maravilloso. Tomando como base una sencilla melodía, se puede construir un universo nuevo repleto de matices y con un resultado extraordinario, se pierde por la periferia de la canción y luego vuelve.

Se sumergió en terrenos más fríos en Sete Waltz, de aire contemporáneo. Fue dando forma a cada una de sus interpretaciones, las fue construyendo, acelerando, ralentizando, sin aparente esfuerzo, y la ejecución fue exquisita, técnicamente perfecta. El resultado llegó a niveles fabulosos. En CTA, de Jimmy Heath, se acercó al swing y de qué manera. Estábamos ante un gigante con el que no se puede hacer más que disfrutar y gozar del regalo que nos estaba haciendo y que intentaremos retener durante el mayor tiempo posible. Larry Grenadier nos impresionó con sus solos de contrabajo a un ritmo endiablado, tocando rapidísimo. Todo era nuevo, sorprendente, diferente, no se repetían, y Jeff Ballard puso su aportación con un solo de batería muy imaginativo.

Tras 90 minutos se despidió el trío, aunque por dos veces tuvieron que volver para regalar un par de bises que volvieron a hacer las delicias del mucho público que asistió al concierto. Primero sonó Tenderly y terminó con una versión del Hey Joe, el clásico que popularizó en su día Jimi Hendrix, una canción muy aplaudida, al ser rápidamente reconocida por la audiencia. De nuevo enriqueciendo a su manera el original, se cerró el concierto con la sensación de haber asistido a la actuación de quizás el pianista de jazz más en forma del momento. Y, por supuesto, uno de los momentos álgidos de esta edición, que vamos a ver si alguien es capaz de superar.

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