El bidegorri Zumarraga-Legazpi, ¡patrimonio de la humanidad ya!

Un matrimonio y su perro, junto a los pabellones de Sidenor.
Unas mujeres descansan junto a un caserío y los pabellones de Sidenor.
Un hombre pasa al lado de un rebaño de ovejas.

El bidegorri Zumarraga-Legazpi es más que un bidegorri. Es también un elemento vertebrador y un paseo por el pasado y el presente de Urola Garaia

Reportaje y fotografía de Asier Zaldua - Viernes, 27 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

No hay duda de que la mejor inversión que se ha hecho en Urola Garaia es el hospital comarcal. Los alcaldes y concejales que trabajaron para que el centro hospitalario se construyese en Zumarraga se merecen un monumento. La segunda mejor inversión también está relacionada con la salud. Se trata del bidegorri que une Zumarraga y Legazpi. Gracias a esta infraestructura, personas de todas las edades tienen un lugar donde hacer ejercicio y socializarse. Gratis y sin cuestas. Cientos de vecinos utilizan el bidegorri a diario para hacer ejercicio, estar con los amigos, ir a trabajar... Pero esta vía verde es mucho más que eso. Es también un elemento cohesionador, el mejor exponente de la idiosincrasia de la comarca e incluso un lugar con atractivo turístico. Lo tiene todo. La Unesco debería nombrarlo patrimonio de la humanidad. ¿Acaso alguien conoce un monumento que dé tanto por tan poco?

Para conocer Urola Garaia y sus gentes, no hay nada mejor que ir de Zumarraga a Legazpi por el bidegorri. Saldremos desde la plaza Areizaga-Kalebarren, punto neurálgico de Urretxu y Zumarraga. Allí mismo veremos la escultura Goruntz, de José Miguel Anda. Nada más empezar a caminar, a mano izquierda, aparecen el río Urola y la imponente secuoya de Zumarraga. Compite en altura con la chimenea de la antigua fábrica de muebles Berriotxoa y el rascacielos de Urretxu. Tres gigantes en cien metros. Un poco más adelante, a mano derecha, se puede ver otro de los símbolos de Urretxu: la discoteca Golden. Hoy en día está cerrada, pero la de parejas que se conocieron allí...

El bidegorri pasa también junto al ambulatorio, la comisaría de la Er-tzaintza, la estación de Zumarraga y la antigua estación del Urola. Antaño, en esa zona había tres estaciones de ferrocarril: la de la línea Madrid-Irun, la del Urola y la de los Vascongados. Zumarraga era un importante nudo de comunicaciones.

A la salida del pueblo se pueden ver los primeros vestigios del glorioso pasado industrial de Urola Garaia. A mano izquierda, los pabellones de ArcelorMittal (en su origen Esteban Orbegozo). Esta fábrica llegó a contar con 3.000 trabajadores. De su mano, en dos décadas Zumarraga multiplicó su población por cuatro. Delante de la fábrica, casi devorada por ella, se puede ver la casa-torre Legazpi. Allí nació Miguel López de Legazpi, colonizador de las Islas Filipinas.

A mano derecha se pueden ver las fábricas de Urretxu: Sarralde, donde se producía acero de gran calidad, e Irimo, donde fabricaban herramientas de gran prestigio en todo el mundo. La fábrica se cerró, pero la multinacional estadounidense Snap-On compró la afamada marca y sigue produciendo herramientas con el nombre del monte más emblemático de Urretxu.

Un poco más adelante se pueden ver dos exponentes de la vida moderna: el puente de la autovía GI-632 y el supermercado de una multinacional de la distribución alimentaria.

Naturaleza Pero en Urola Garaia hay algo más que fábricas e infraestructuras y el bidegorri que une las principales localidades de la comarca no podía ser ajeno a ello. Una vez pasados los pabellones de otra fábrica abandonada (SFP), cogen protagonismo el primer sector y la naturaleza: caseríos, huertas, ganado, el monte Korosti si se mira hacia Legazpi, los montes Irimo, Beloki e Izazpi se se mira hacia Urretxu y Zumarraga...

Un kilómetro más adelante, aparece el símbolo industrial de Legazpi: los pabellones de Patricio Echeverría. En el primero de ellos todavía se puede leer Aceros finos Bellota: quitaron las letras, pero las marcas que dejaron estas perduran. Esos pabellones pertenecen a la empresa Sidenor y pasar entre ellos impresiona.

El bidegorri continúa junto a la carretera, por entre los pabellones que pertenecieron a Echeverría y hoy acogen empresas como CIE o UZ Baleike. Después, finaliza bruscamente. Una pena. Pero nada impide al caminante o ciclista visitar el casco urbano de Legazpi, el parque Mirandaola o los barrios rurales de Telleriarte y Brinkola. Incluso adentrarse en el parque natural de Aizkorri.

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