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Thomas no se fía

El ciclista francés, Arnaud Démare, celebra la victoria mientras cruza la línea de meta de la decimoctava etapa del Tour. (Foto: Efe)

César Ortuzar - Viernes, 27 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

Donostia - Desde las tejas de los Pirineos se ve el arco del triunfo de París, el excepcional marco que encuadra al campeón del Tour de Francia. No existen unas vistas más deseadas en el ciclismo. Son las mejores, como la de esos apartamentos neoyorkinos que dan la cara frente a Central Park. La ciudad de la luz, tan bella y museística, puede resultar cegadora, como la fiebre amarilla que la baña. Bien lo sabe Nairo Quintana, extasiado en el col de Portet, dichoso entre la niebla, y quebrado ayer en una cuneta anónima camino de Pau, donde venció Démare al esprint. El francés que ha salvado varios fueras de control entre los Alpes y los Pirineos era un hombre eufórico en Pau. En ese tránsito Sylvain Chavanel acumuló el récord de más días recorriendo la Grande Boucle: 366. Un año bisiesto. El francés batió marca del holandés Joop Zoetemelk, que disputó 365. Chavanel habló del motor de la “motivación” como alimento de una vida en la carrera francesa.

En el Tour, la miseria y la gloria comparten colchón. El colombiano no encontró nada que acolchara su caída y se golpeó el hombro, el codo, la rodilla y el tobillo izquierdo con la carrera apresurada. “He sufrido golpes en el tobillo, en el hombro y un dedo que ya me lastimé ayer”, decía Quintana, al que le tuvieron que cambiar el maillot, del modo que el mozo de espadas viste a los toreros antes de la faena. Para entonces Quintana había recibido la cornada del asfalto. “Si estando bien es muy difícil estar arriba, imagina cómo será después del golpe que se ha llevado, que ha sido fuerte porque se ha caído cuando la carrera iba muy rápida”, radiografió Eusebio Unzué.

Geraint Thomas no se ha caído. Es el hombre con más lumbre del Tour. Por eso en el Sky quieren evitar cualquier eclipse en la última entrega pirenaica, repleto el recorrido entre Lourdes y Laruns, de 200 kilómetros, de aristas. “Estamos esperando lo peor”, advirtió Thomas, que dijo tener “confianza de cara a mañana (por hoy) hoy). Esperamos muchísimos ataques: quizá algún rival se meta en la fuga tempranera, y por supuesto la carrera será bastante agresiva en Tourmalet y Aubisque. Para superar la etapa simplemente tenemos que seguir corriendo en equipo, sin excitación ni estrés”, desglosó el líder ante una jornada con dinamita. Después de dos primeras cotas sin excesiva carga, hacia el kilómetro 70 arranca un encadenado con el Col D’Aspin -12 kms al 6,5%- y, posteriormente asoma la quijada del mítico Tourmalet y su ascensión eterna, con casi 18 kilómetros al 7,3% de media. Tras un largo descenso, se enlazan el Col des Bordères -8,6 kms al 5,6%- y el Aubisque por la vertiente del Soulor. No es una subida al uso, más bien dos. Seis kilómetros constantes al 8%, un descanso largo y tres kilómetros finales al 7%. Desde la cima, serán 20 kilómetros de descenso sin resuello, a todo trapo, para jugarse el pellejo hasta la meta de Lanus. Allí quiere posar el Sky a Thomas sano y salvo.

defensa y más defensa “Todo el mundo habla sobre el descenso, pero puede que el resto de favoritos pretenda correr con un ritmo muy duro hasta la cima y luego intentar algo en el descenso. Realmente podríamos perder todo en esta etapa”, analizó el técnico francés.

En vísperas de la crono individual, donde el abrigo del equipo no es necesario y cada uno deberá enfrentarse al espejo sin maquillaje, la formación británica agudizará los sentidos para proteger el trono de Thomas, el monarca inesperado, que acude a la última cita pirenaica con una renta de 1:59 sobre Dumoulin, 2:31 respecto a Froome y 2:47 con Roglic. “Podríamos perder el Tour en el Aubisque. Thomas se ve súper fuerte, no parece que vaya a flaquear, pero tenemos que verlo como un día difícil y no pensar que ya se ganó la carrera”, reflexionó Nicolas Portal, el director del Sky, consciente de que la Grande Boucle solo es una realidad que sonríe al campeón en los Campos Elíseos. Hasta entonces, todo es un campo minado, más si cabe en un trazado con montañas magníficas dispuestas a medir la talla de los corredores. Toca atrincherarse.

El de hoy es el último tablero de ajedrez en el que colocar en jaque al líder con una estrategia de equipo o tratar de hacer saltar la banca con un ataque lejano que genere el caos -esa es la idea de Mikel Landa- y remueva los cimientos de un Tour domesticado por el látigo del Sky, que prefiere embridar la carrera para encapsular el peligro con un bozal. “Con este margen sería una locura poner un ritmo para ir al límite, no depende de nosotros forzar la carrera”, apuntó Portal, que entiende que el Sky debe apilar sacos terreros para reforzar la defensa para hacer buena esa máxima que dice que “los ataques ganan partidos y las defensas, campeonatos”.

Sobre este pensamiento se asienta la idea del Sky. “Con este margen sería una locura poner un ritmo para ir al límite, no depende de nosotros forzar la carrera”, indicó Portal, que fija en Tom Dumoulin al rival más poderoso. “Creo que mis posibilidades de ganar el Tour son escasas, pero si veo una oportunidad, por supuesto, la aprovecharé. Pondré a prueba a Thomas y veremos qué es posible”, afirmó el holandés. Dumoulin es la obsesión del Sky, aunque no deja de mirar con recelo a Roglic y a la pareja Landa-Quintana. “Dumoulin tratará de recortar tiempo con Thomas antes de la crono”, expuso Portal en la antesala de un día decisivo. El Sky, que espera “lo peor”, no se fía de las vistas.

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