Amistoso

Ensayar lo complicado

Real y Unión empatan a uno en Azkoitia mientras Garitano sigue explorando vías para hacer daño al adversario en los ataques posicionales

Javi Colmenero - Jueves, 26 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

Azkoitia - El pasado Mundial de Rusia supuso un llamativo aviso a navegantes. Lo ganó la Francia de Deschamps, sucediendo a la España de Del Bosque y a la Alemania de Low. Poca casualidad. El fútbol moderno está adquiriendo un grado de sofisticación táctica cuyo efecto principal conocemos demasiado bien por estos lares. El juego de propuesta pierde peso respecto al de respuesta. Es más fácil, o al menos lo parece, destruir que construir, una circunstancia que se llevó por delante a la en su día exquisita Real de Eusebio. Y a la que el conjunto txuri-urdin trata de adaptarse ahora con Asier Garitano en el banquillo.

Hay algo innegociable para el técnico de Bergara. Así lo ha demostrado en los tres amistosos disputados hasta la fecha. En fase defensiva, ordena esperar en bloque medio, formando un 4-4-2 de manual que se muestra muy selectivo con sus presiones altas. Las ejecuta cuando el rival saca de puerta. Y en situaciones muy puntuales. Parece estimar el nuevo entrenador que esta es la ocupación espacial más efectiva si de lo que se trata es de cerrar caminos al adversario. ¿Y qué hay de atacar? Aquí Garitano está probando cosas distintas. Consciente de que el mero estatus del equipo en el que ha aterrizado va a exigir asumir el peso de los partidos en muchísimas ocasiones, se está dedicando a ensayar lo complicado.

Variantes Contra aquel combinado de Sanse y Real C probó una salida de balón distinta, cerrando con tres atrás e insistiendo en abrir el campo por fuera. En Ipurua mantuvo la línea de cuatro en la retaguardia y juntó a más gente en zonas interiores. Y ayer en Azkoitia ante el Real Unión siguió tocando teclas. De inicio, llamó la atención el papel que asignó a Mikel Merino. Pivote izquierdo dentro del mencionado 4-4-2, el navarro empezó ejerciendo de lateral zurdo en salida, permitiendo a Héctor subir por banda y que Oyarzabal centrara su posición. Solo era parte del plan, un plan que sobre el papel escoraba al propio Oyarzabal y a David Concha, situando a Zurutuza en punta, pero que en la práctica juntaba a los tres y a Guevara en la zona de creación.

El movimiento de piezas entre las fases defensiva y ofensiva generó durante los primeros minutos un desorden ordenado que costó descifrar al Real Unión, y que permitió a la Real generar situaciones de cierto peligro. Los de Juan Domínguez, sin embargo, se amoldaron a la situación con el paso de los minutos, y Garitano obró en consecuencia. La Real pasó a abrir el campo con alguno de sus extremos y a iniciar las jugadas con sus laterales alineados con los centrales. Esto permitió a Mikel Merino ganar altura. Y permitió a su vez asistir a una versión muy mejorada del navarro, algo dubitativo e incómodo de inicio. Unos metros más alejado de la base de la jugada, pudo protagonizar alguna conducción marca de la casa, y llegó a pisar la frontal del área en un par de ocasiones. Poco hubo en líneas generales, eso sí, para echarse a la boca en una tediosa primera mitad. La ocasión más clara la tuvo Zurutuza tras robar el balón al central Garro y buscar el pase de la muerte a Jon Bautista en lugar de disparar. Poco más.

En la segunda parte, Garitano siguió explorando vías hacia la apertura de defensas rivales, en esta ocasión recurriendo a dos automatismos que apuntan a adquirir un espacio preponderante en su manual. La sociedad que forman un afinadísimo Zaldua y Luca Sangalli se antoja muy productiva, con el recién promocionado centrando unos metros su posición y el carrilero haciendo daño por fuera. Así provocó la falta del 1-0, un cabezazo de Llorente a centro de Rubén Pardo. Por otro lado, tiene pinta de que el papel de Willian José en la creación va a seguir resultando igual de importante que en la finalización. El brasileño está cayendo a las bandas con mucha frecuencia para ofrecer soluciones constantes, dar continuidad al juego, despejar la zona interior y permitir que aprovechen tal circunstancia el extremo de turno y un entonado Juanmi.

Son solo pinceladas de la nueva Real de Garitano, un equipo cuya pretemporada, resultados al margen, ofrece de momento conclusiones en tres sentidos. Mientras el comportamiento en la contención es uniforme por ahora, en lo ofensivo toca probar mecanismos para hacer daño a los rivales en ataque posicional. Justo eso que el fútbol moderno está complicando tanto. El análisis final, mientras, es una obviedad como un templo. Y dice que el técnico de Bergara se lo está tomando muy en serio. Metódico a más no poder, sus instantes de mayor actividad llegaron a partir del minuto 83, cuando problemas físicos obligaron a retirarse a Diego Llorente y tocó reordenar a los suyos centrando a De la Bella y retrasando a Merquelanz. No sirvió para aguantar el triunfo, porque Etxabeguren empató en el último minuto a la salida de un córner. Otro gol a balón parado. De esto el Mundial también había avisado.