Diego García-Borreguero director del instituto del sueño

“Si se duerme menos de seis horas y media, el riesgo de morir se duplica”

El 90% de los insomnes norecibe el tratamientoadecuado o toma cosas enlas que es “peor el remedioque la enfermedad”, segúnel doctor García-Borreguero

Una entrevista de Concha Lago Fotografía Oskar González - Martes, 24 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

DONOSTIA – Cuanto más corto sea el sueño, más corta la vida, dicen algunos estudios. No me asuste.

–Es que hay una relación entre la esperanza de vida y el índice de mortalidad y el número de horas que se duermen. Sabemos que entre los que duermen menos de seis horas y media de media, el riesgo de mortalidad es el doble que entre las personas que duermen ocho horas.

Pues ya estoy asustada.

–Pero es que también se ve que entre las personas que necesitan dormir más horas de lo habitual, la esperanza de vida también se acorta. Es posible que necesiten dormir más porque ya sufren algún problema o enfermedad que les requiera más horas de sueño.

¿Qué daños provoca dormir mal?

–El dormir poco produce alteraciones hormonales y metabólicas importantes. Si a alguien le reducimos sus horas de sueño en un 25% o un 30%, con unas pocas semanas tiene menos capacidad para metabolizar la glucosa, y tiene un exceso de secreción de unas sustancias que se liberan en el torrente sanguíneo y provocan estrés. Eso provoca también elevación de la presión arterial. Dormir menos durante décadas provoca inicialmente hipertensión arterial nocturna y luego diurna.

Creo que puede seguir...

–Sí, el insomnio duplica la probabilidad de padecer enfermedades cardiovasculares y gastrointestinales. Y con pocas horas de sueño hay un exceso de secreción de cortisol, también relacionado con el estrés, que, a dosis altas, puede actuar como una sustancia neurotóxica. La pregunta que nos hacemos es si a largo plazo eso puede provocar enfermedades neurodegenerativas.

¿Cuánto es dormir menos de lo necesario?

–Las necesidades de sueño vienen determinadas genéticamente y hay factores relacionados con el género y la edad. Así, las mujeres durante la edad fértil necesitan dormir unos 45 minutos más. En la llegada a la menopausia, duermen menos y el sueño es más frágil. En la postmenopausia se igualan a los hombres. En los niños la necesidad de sueño es máxima hasta los ocho años y luego se va equiparando a la de los adultos. En la tercera edad esa disminución de necesidad del sueño se combina con una redistribución horaria porque el sueño es menos profundo por la noche y se necesitan dormir más por el día. Se produce el efecto inverso al de los bebés.

Para combatir el insomnio, la población toma muchas ayudas farmacológicas. ¿Es aconsejable?

–El otro problema que tenemos es que se suelen prescribir hipnóticos y los que tenemos en Europa son del tipo benzodiazepinas. Están indicados para un máximo de cuatro semanas y, sin embargo, se utilizan en muchos casos durante décadas. Con el tiempo pierden eficacia y además su utilización crónica produce pérdida de memoria. Facilita un cuadro neurológico llamado déficit cognitivo mínimo. Porque aparte de actuar sobre el sueño, actúan sobre la memoria y nos reduce la capacidad de adquisición de información.

Tal y como lo describe, es imprescindible que nos facilite algún consejo para dormir a pierna suelta.

–La regla básica que debería tener en cuenta toda la población es que deberíamos funcionar como nuestros bisabuelos en cuanto a ritmo de actividad. Debe existir una hora del día en el que reduzcamos la actividad física y mental, con un carril de desaceleración como en las autopistas. Además, hay que vigilar esos horarios tan diferentes que tenemos entre los días laborables y el fin de semana.

¿Alguna otra recomendación?

–La número dos sería realizar algo de actividad física durante el día porque el sedentarismo es uno de los grandes problemas de la sociedad actual. Tercero, evitar sustancias estimulantes como el alcohol y la cafeína en las horas previas a dormir. También evitar la siesta porque puede alterar el sueño. Y, por supuesto, prescindir de los hipnóticos y facilitar condiciones de tranquilidad tanto a nivel de luz como de silencio.