Rentrée en el PP

La clara victoria de Pablo Casado desplaza al PP aún más a la derecha. El final abrupto del marianismo alumbra, catorce años después, un aroma de post aznaridad. Una suerte de rentrée conservadora para entrar en los años veinte de este siglo;en medio de una aguda crisis del sistema del 78 y de una reforma de la Constitución en el horizonte.

Un análisis de Jesús Barcos - Lunes, 23 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

es llamativo. Los hitos más importantes del PP se cuentan por ciclos de 14 años. En 1976 Manuel Fraga fundó AP. En 1990 el propio Fraga entregó el testigo a Aznar, ya dentro del Partido Popular. En 2004 Aznar dio el relevo a Rajoy, y en 2018 ha entrado en escena Casado. El PP se vuelve a resetear con un regreso al pasado como apuesta de futuro.

Casado ha llegado a la presidencia del PP con la misma edad que Aznar se convirtió en presidente del partido (37 años). Pero hay que recordar que a Aznar le costó después seis años llegar a la presidencia del Gobierno español. Al segundo intento. Y Rajoy fue al tercero. Por lo tanto, en el PP parece asumirse que si nos guiamos por la historia, y desde la catapulta que da ocupar el poder, el PSOE tiene amplias posibilidades de continuar su ciclo de Gobierno tras la actual legislatura. En ese posible escenario, el PP puede ir construyendo un liderazgo a fuego medio, para poder gestionar con relativa tranquilidad una estancia en la oposición que se alargue en el tiempo.

Nacido el 1 de febrero de 1981, 22 días antes del golpe de Estado, y tres días después de la dimisión de Adolfo Suárez, Casado era un adolescente al llegar Aznar a la Moncloa. Un quinceañero, para ser exactos, justo cuando se empiezan a consolidar las pasiones y las preferencias futuras. Comparado con otros líderes coetáneos, todos hombres, es 9 años más joven que Sánchez, tres más joven que Iglesias, y dos más joven que Rivera. Todos describen el cambio generacional agudo que se ha venido produciendo en el último lustro, y que ahora casi se ha completado.

La puesta en escena, clave

Casado sabe de comunicación. Le sobra soltura. Transmite ser un excelente relaciones públicas entre los suyos. Conoce el partido y se ha pateado la búsqueda de voto con energía juvenil. Casado ha sido el más hábil en aprovechar el desconcertante vacío que dejó no ya Mariano Rajoy, sino Alberto Núñez Feijóo. Ha sabido vender ilusión, ofrecerla como conjuro, transmitir ambición y entender cuál era el estado emocional del partido tras perder el poder. Lo explicaba con seis palabras Javier Maroto. Se buscaba un líder que emocione. En esa comunicación emocional Rajoy flaqueaba, pero Aznar y Fraga tocaban la fibra de la España más conservadora. Esa que hoy se reparten entre PP, C’s y Vox y que Casado aspira a aglutinar. En su discurso de candidato, Casado arrancó en el centroderecha, para continuar en in crescendo hacia la derecha, hasta llegar a tocar corazones ultras. Por cierto, con mentira y demagogia incluidas al referirse a los sanfermines y Navarra.

El nuevo presidente del PP representa una mezcla de juventud y pasado, mixtura muy del gusto de una formación conservadora. Son “momentos recios para nuestra nación” dijo en ese afán de pescar en todo espacio a la derecha del PSOE. Además de sus veleidades extremistas, quedan dudas serias sobre su preparación, sus cargas de demagogia y su falta de escrúpulos. Casado pretende reactivar un PP de hace veinte años. Pero el contexto es muy distinto. El PP necesitaba una reacción, pero no adentrarse en una especie de autarquía ideológica basada ca si exclusivamente en el rearme de su nacionalismo español. Ha triunfado el dogmatismo, pero hará mal Génova en confundir el mordiente con las posiciones extremistas. Resulta inquietante en ese aspecto que asome de nuevo el relato neoliberal duro que dieron paso a los recortes de 2011. Habrá que esperar a la evolución de la situación económica, pero Casado se presentará como el hombre de las tijeras en un contexto social ya de por sí muy castigado.

Rajoy se va, Aznar se queda

“Principios los de siempre defendidos como nunca” defendió ayer Casado. Aznar tiene motivos para sentirse satisfecho. Por fin tiene un partido parecido al que quería. Con Rajoy a un lado, el hombre que se ofreció como líder intelectual de la reconstrucción del centroderecha hace unas semanas recupera prestigio e influencia diez años después del Congreso de Valencia. Y lo hace de la mano de un Casado que suena a revulsivo, pero cuyas posibilidades deben ser miradas con cautela. Solo hay que recordar los resultados de dos de sus valedores, García Albiol en Catalunya y Ana Beltrán en Navarra, para poner un signo de interrogación a unas expectativas que a partir de ahora tratará de inflarse. Casado ha alcanzado el poder en el PP a base de nacionalismo español excluyente. Pero su triunfo no tiene que ser una mala noticia para el independentismo. Puede que todo lo contrario, si miramos la historia reciente. Ahora bien, el realismo en uno y otro lado del arco independentista debería guiar los próximos pasos. Tampoco la llegada de Casado es un dolor de cabeza para Sánchez si sabe gestionar con habilidad un amplio espacio que va desde la izquierda al centro social.

Problemas para Ciudadanos

Resulta descorazonador que tras siete años de Gobierno muy conservador, la mayor autocrítica en el PP se resuma en no ser más de derechas. Soraya Sáenz de Santamaría no representaba un revulsivo, porque aunque contemplase ciertos equilibrios, tampoco aspiraba a centrar el partido. Y sobre todo, porque ofrecía una imagen desgastada. Anteyer quedó demostrado. Para competir con la telegenia de Sánchez hace falta algo más. Su abanico rojigualda fue el síntoma del quiero y no puedo. Y en cambio el manejo de los efectos lo tuvo Pablo Casado. Un Casado que representa una suerte de clon de Albert Rivera;versión mejorada en oratoria. El líder de Ciudadanos, que arrancó 2018 en tromba ha entrado en un sendero incierto, constreñido por una doble OPA del bipartidismo de siempre. Comparando el horizonte con el que soñaba hace tres meses y el que se le puede avecinar, a Rivera le pueden entrar sudores fríos.

Casado en cambio tiene tiempo suficiente y sobrada motivación para preparar las municipales y autonómicas en las mejores condiciones. Ese será su primer test frente al PSOE y Cs. “El Partido Popular ha vuelto” afirmó Casado. La pregunta es a dónde, porque el debate de las esencias en el PP termina remitiendo a un tal Manuel Fraga Iribarne, que en todo caso fue atemperando algunas posiciones mientras trataba de alcanzar La Moncloa. Que en el PP actual se piense en la necesidad de exacerbar el ideario para volver a gobernar es un síntoma de por dónde van las cosas en Génova.