Pablo Casado Presidente del PP

El lobo ambicioso disfrazado con piel de Aznar y Aguirre

Tras una carrera meteórica, Casado triunfa con su máscara de regenerador del PP y acechado por su máster

Domingo, 22 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

Cuando parecía aún lejana la sucesión de Mariano Rajoy, eran varios los nombres que se repetían en las quinielas, empezando por el de Alberto Núñez Feijóo y sin olvidar a Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal. En muy pocas aparecía entonces el de Pablo Casado.

Sin embargo, Casado acabó ganando ayer en segunda vuelta a Sáenz de Santamaría y fue elegido presidente del PP, dejando atrás a la generación de todos esos dirigentes llamados por unos, por otros o por ellos mismos a ocupar el puesto.

“Si yo gano, nadie pierde”, repetía en esta durísima carrera en la que, por un lado, prometía integración y, por otro, hacía el discurso más agresivo de todos, criticando a sus rivales. Su retórica también ha sido la más ideológica, apelando en todo momento a recuperar los principios y valores del partido y criticando la gestión del Gobierno en el que ha sido vicepresidenta su rival en este combate y que él también, desde Génova, arropaba hasta hace poco.

Muchos dirigentes le han criticado por esas críticas y por algunos de sus ataques a otros aspirantes en este proceso. Pero Casado les ha hecho poco caso. Y menos caso ha hecho, e incluso ha conseguido que apenas se hablase del tema, a las dudas sobre su currículum y al cuestionado máster que hizo, como Cristina Cifuentes, en la Universidad Rey Juan Carlos, un asunto que aún no está cerrado. “Si me tiene que renovar alguien, que sea Casado. Es un tipo estupendo”. Quien dijo eso no fue a quien ayer sucedió, Rajoy, sino el anterior líder del PP, José María Aznar, en un acto de campaña en Ávila celebrado hace solo dos años.

ascenso récord Casado ha tenido una meteórica carrera en el PP, donde empezó de la mano de Esperanza Aguirre y de Aznar y acabó siendo, antes de estas primarias, uno de los miembros de la última dirección del partido. Diputado en la Asamblea de Madrid entre 2007 y 2009, con Aguirre de presidenta de la Comunidad, dejó su escaño para ser director del gabinete del expresidente Aznar.

Entró en el PP en 2003 y en solo dos años fue elegido presidente de Nuevas Generaciones, cargo que ocupó hasta 2013. Dos años después, en 2015, dio el salto a la cúpula del PP, primero como portavoz de la campaña de las municipales y autonómicas de 2015 y luego, cuando Rajoy decidió renovar la dirección tras los malos resultados obtenidos, como vicesecretario de Comunicación. Entraba con este cargo en un nuevo comité de dirección del PP que introdujo otras caras jóvenes como Fernando Martínez-Maíllo, Javier Maroto y Andrea Levy. El papel de regenerador de Casado, sin embargo, choca con sus continuos guiños al ala más dura del partido.

Desde su llegada a la cúpula popular, la agenda de Casado siempre ha estado repleta, en ocasiones mucho más que la de sus compañeros, y ha acudido a todo acto social, económico o cultural al que fuera invitado. Parecía que se estaba preparando para su destino de líder.

El vicesecretario de Comunicación siempre ha presumido de sus mentores en política y de haber trabajado con Aguirre y Aznar, y lo ha hecho también en los momentos en los que la tensión entre ambos dirigentes y Rajoy ha sido evidente.

Igualmente, se ha distinguido de otros dirigentes del PP por su buena relación con Albert Rivera, aunque entre sus primeros objetivos está el de ilusionar para recuperar a todos los votantes que se fueron a la formación naranja, así como a la ultraderechista VOX. De hecho, Casado vuelve a cargar contra el aborto, recupera en su discurso palabras como familia y no tiene filtros a la hora de usar el comodín ETA o hablar de los batasunos. Muchos en el partido hablaban de Casado en charlas hipotéticas cuando quedaba lejos la marcha de Rajoy y cuando nadie imaginaba que la moción de censura de Pedro Sánchez pondría fin al Gobierno del PP.

Las circunstancias lo aceleraron todo, pero Casado no quiso esperar más y admitió que tenía la ambición necesaria para optar al cargo. Esto lo hizo, además, pese a la intensa polémica sobre su currículum. - Efe

Secciones