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El ascua y la sardina

LA | PAC debería ser una de las herramientas para impulsar un determinado tipo de política agraria

Por Xabier Iraola - Domingo, 22 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

esther es una mujer de rompe y rasga que no te deja indiferente. Es un torbellino cuya fuerza sacude sus alrededores y que a través de un trabajo de hormiguita se ha labrado su hueco, su parcela, en el Parlamento Europeo y fruto de ello, además de por la fuerza de su grupo popular europeo, ha sido designada ponente del informe principal del Parlamento Europeo sobre la reforma de la Política Agrícola Común (PAC). Estará a cargo de la redacción del primer borrador de posición de la Eurocámara y a la cabeza del equipo que negociará con los gobiernos de los países miembros de la UE para alcanzar un acuerdo final.

La riojana Esther, Herranz para más señas, estuvo en el mes de enero en Hernani participando en una mesa redonda sobre la PAC en el contexto de una jornada organizada por la organización agraria ENBA, y ya en el arranque de dicha mesa dejó constancia del dominio de la materia agrícola y la vehemencia con la que defiende sus postulados con los que, como imaginarán, uno no comparte el cien por cien. Ahora bien, siendo consciente que la PAC ya no es únicamente el fruto de una noche de copas entre los jefes de estado de Francia y Alemania, como ocurría en tiempos de Chirac y Schröder, y que la aprobación es el resultado de una negociación trilateral (Comisión Europea-Parlamento Europeo-Consejo Europeo), comprenderán que el papel, papelón mejor diría yo, que ha obtenido Esther en la escena comunitaria es, cuando menos, de coprotagonista.

Las negociaciones de la PAC ya han arrancado y ya conocemos las líneas generales de las Propuestas Legislativas para la PAC 2021-2027, por lo que todo apunta a que en los próximos meses, ¿año?, el sector en su conjunto, productores, técnicos, políticos y demás gente, además de los diferentes colectivos que sobrevuelan la materia queriendo darle su particular toque, andará inmerso en un sinfín de reuniones, jornadas, congresos y analizando borradores y alegaciones ante dicho documento original con el fin último de arrimar el ascua a su sardina. Y hablando de sardinas, no estaría mal que cada uno definiese cuál es su sardina actual y, más difícil aún, cuál es la sardina que quiere producir y vender en un futuro cercano a una sociedad todista, incoherente y alejada del campo al que, paradójicamente, cada vez reclama más funciones, empezando por la producción de alimentos, siguiendo por la guarda del territorio y modelación del paisaje, aportación a cuestiones medioambientales alineadas en la lucha contra el cambio climático y, si esto era poco, además se le reclama que aporte su granito de arena en la política de migración, poniendo a disposición de los nuevos habitantes su vasto territorio despoblado.

El ascua es el medio que utilizamos para cocinar la sardina que queremos comer y/o servir a nuestros comensales y, a semejanza de ello, la PAC es y/o debería ser el medio, la herramienta, o mejor dicho una de las herramientas que utilizamos para impulsar un determinado tipo de política agraria que queremos para nuestro país sin caer en el error de aceptar la herramienta, la PAC, como un objetivo en sí mismo puesto que para lograr impulsar el sector agrario y la alimentación que anhelamos para nuestro país, serán necesarias un conjunto de políticas públicas y, entre ellas, sin obviar su importancia, estará la PAC.

Atribuyen a Séneca la famosa frase “No hay viento favorable para el barco que no sabe adónde va”. Algo similar se podría aplicar a muchísimos responsables de la cosa, tanto sectoriales como políticos, que piensan más en cómo adaptar su política y cómo contorsionar el cuerpo del agricultor para que pueda percibir el máximo de ayudas sin caer en la cuenta que es justamente al revés lo que hay que hacer: orientar y focalizar las políticas y apoyos públicos en el sector productor y en la alimentación que queremos para el futuro cercano, sin ejercicios de contorsionismo y sin actuaciones injustificables para el conjunto de la sociedad.

Los contrarios a la PAC, muchos, aguerridos, organizados e insistencialistas, suelen atacarla, entre otros motivos, por la desigual distribución de las ayudas recurriendo al manoseado 20-80, donde el 20% de las explotaciones percibe el 80% de las ayudas directas. Aunque soy consciente que ese fatídico binomio porcentual sería radicalmente diferente si pudiéramos sacar del reparto a esos miles de agricultores jubilados que se agarran como un clavo a su pago PAC dada la inmisericorde pensión que perciben, no obstante, quisiera invertir el binomio y focalizar mi mirada en que las ayudas PAC, de media, suponen un 20% de los ingresos de los productores mientras el 80% restante proviene de las ventas al mercado. Personalmente no conozco a ningún productor, grande o pequeño, agricultor, ganadero o forestalista al que le guste percibir ayudas por su producción. Conozco a muchos de ellos cuya viabilidad pivota sobre ese maldito 20% pero aún así, son práctica totalidad aquellos que les gustaría vivir, única y exclusivamente, de lo que percibiesen vía precio de sus productos.

No es esa la realidad actual, que pudieran vivir exclusivamente del precio, y todo apunta que tampoco será así en los próximos años. Ahora bien, aún así, ahora que no nos escucha nadie, me gustaría dar un aldabonazo en las conciencias y dar un suave tirón de orejas para que no se despiste nadie y que ninguno de nosotros olvide que lo realmente importante, lo que debemos trabajar, es el 80% proveniente del mercado.