Con la venia

Pactar, o pactar

Por Pablo Muñoz - Domingo, 22 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

Hace poco más de una semana Arnaldo Otegi expresaba entusiasmado su satisfacción por lo que denominaba como acuerdo histórico el alcanzado entre EH Bildu y el PNV en el preámbulo para la reforma del Estatuto, en la Ponencia de Autogobierno. Destacaba el coordinador general de EH Bildu que “en los últimos 40 años jamás ha habido un acuerdo de estas características entre las dos grandes familias abertzales del país”.

Siendo cierta esa afirmación, aunque obvia el significativo Acuerdo de Lizarra, cabría interpretar el énfasis en magnificar el acuerdo como una especie de advertencia al partido jeltzale de lo grave que sería romperlo o saltárselo, como una presión para obligar al PNV a mantenerlo. Sin embargo, en realidad el acuerdo entre PNV y EH Bildu para la aprobación del preámbulo no es un acuerdo concebido como tal, sino una coincidencia de posiciones que ni siquiera requirió de reuniones conjuntas previas. Más aún, EH Bildu no se privó incluso de presentar al texto alguna enmienda particular.

Contrastan declaraciones tan solemnes en torno a un asunto que se supone de alto calado político, con la constatación de la escasa atención que la inmensa mayoría de la sociedad vasca está prestando al debate sobre la reforma del Estatuto a juzgar por lo expresado en las encuestas sociológicas, y ello a pesar de que del buen fin del acuerdo por el autogobierno depende buena parte de las posibilidades futuras de desarrollo de Euskadi y, sobre todo, de la consolidación de la convivencia. A este desapego social habría que atribuir el azaroso debate que la Ponencia ha recorrido en la Cámara vasca, entre interrupciones, retiradas y espacios de silencio, hasta que los dos partidos abertzales pusieron el turbo y lograron, al menos, la aprobación del preámbulo con el derecho a decidir como clave de bóveda para el texto articulado que se irá acordando en los próximos meses.

Ha sido precisamente la aprobación de ese preámbulo lo que ha abierto la caja de los truenos por parte de los ausentes en el acuerdo. A Elkarrekin Podemos le sobrevino el vértigo y se bajó en marcha del acuerdo argumentando que “no refleja los objetivos que debe perseguir el nuevo articulado y presenta una excesiva carga ideológica soberanista”. Y ello después de haberlo acordado casi hasta la víspera. Al PSE le dio por la tremenda y echó mano de viejos tópicos como el Plan Ibarretxe o los alemanes en Mallorca. El PP, como suele, apeló a la hoja de ruta de ETA que pretenden imponer los nacionalistas.

Ya va siendo hora de que los partidos políticos vascos entiendan que el pequeño paso de la aprobación del preámbulo es un paso adelante en un proceso de negociación a varias bandas y en varias etapas. Un pacto primero entre abertzales, después entre abertzales y no abertzales y, por último, con el Gobierno español con el que hay que acordar un Estatuto mejorado, por supuesto, pero viable.

Hay que pactar, pero siendo realistas no basta con un pacto entre abertzales y habrá que buscar el acuerdo transversal que, estando por el momento el poder del Estado en manos del PSOE, deberá contar con el PSE. Hay que pactar el derecho a decidir, hay que pactar esa consulta habilitante que la izquierda abertzale ha aceptado que debe hacerse dentro de la legalidad, cosa que anteriormente ni siquiera se planteaba. Hay que pactar esa consulta, que es democrática pero no es legal. Hay que pactarla con habilidad, generosidad y realismo, para evitar que sea una frustración colectiva como ha ocurrido en Catalunya.

Hay que pactar, pero PSE y Elkarrekin Podemos tendrán que reconocer la realidad de una amplia mayoría nacionalista que no puede renunciar a su derecho a decidir sobre su futuro, y a su vez deberá adoptar posiciones de acercamiento y ceder. Siendo los no nacionalistas minoritarios en Euskadi, habría que preguntarles qué ofrecen para seducir a la clara mayoría nacionalista. Asómense y no tengan miedo, a la Disposición Adicional que reconoce los derechos históricos del País Vasco, asómense a la evidente realidad confederal de nuestro Concierto Económico, renuncien de una vez a la tentación del veto y pacten.