PRETEMPORADA

Luca Sangalli derriba la puerta

Asier Garitano da instrucciones en la banda, en presencia de Kevin y Mendilibar, en Ipurua. (Javi Colmenero)

 La Real gana al Eibar en Ipurua un amistoso en el que ambos equipos acreditan ideas claras y que confirma la pujanza del canterano txuri-urdin, autor del 0-1

Marco Rodrigo - Sábado, 21 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

eibar - No fue el gol, fue lo que hizo antes y después. Todo bien. O casi todo, porque la perfección en el fútbol supone una utopía inalcanzable. El caso es que Luca Sangalli sigue llamando a la puerta del primer equipo que abre y cierra Asier Garitano. Se les exige a los canteranos que se ganen dar ese último paso, que añadan a sus buenas prestaciones en el filial un toque de atención definitiva. Y el centrocampista donostiarra lo está haciendo con creces, destrozando a hachazos las barreras que le separan de la elite. Solo son dos primeras partes, 90 minutos en total, pero este integrante de la famosa generación de 1995 tiene toda la pinta de haber subido para quedarse.

La Real ganó ayer en Ipurua (2-3) su segundo amistoso de la pretemporada, duelo en el que el 0-1 de Sangalli ilustró lo que fue buena parte del partido. Primero, porque retrató a un Eibar que da continuidad a sus señas de identidad de las últimas campañas con Mendilibar. Segundo, porque también sirvió como perfecto ejemplo del modo en que el equipo de Garitano buscó la meta de Asier Riesgo. Y tercero, porque tuvo como goleador al hasta ahora protagonista del verano txuri-urdin.

Se habían disputado 31 minutos y el conjunto armero inició una ofensiva desde su lateral zurdo. La presión realista surtió efecto y los movimientos iniciados a partir de entonces merecen ser subrayados y marcados en fluorescente, porque tienen mucho de automáticos y poco de improvisados. Sangalli pasó a ocupar zonas interiores, en las que se unió con Juanmi y con Oyarzabal, el inquilino de la otra banda. Willian José cayó al costado para despejar la parcela central . Y con el balón en los pies buscó dar ritmo a lo que apuntaba a una rápida transición, con un pase vertical y en profundidad a Juanmi. Cortó la zaga del Eibar, pero Sangalli aprovechó el rechace con un inapelable disparo raso y cruzado al palo largo. El cuadro azulgrana, con sus virtudes y sus defectos, va a ser el de siempre: directo, presionante, de juego por las alas y mucho centro al área. La Real, mientras, trata de cambiar. El proceso va a resultar largo. Y el tiempo dirá si termina alcanzando los objetivos marcados. De momento, parece que tiene clara cuál es la dirección a seguir. Ya es mucho.

mismo dibujo Asier Garitano repitió en Ipurua el 4-4-2 del bolo de la semana pasada. Esperó al Eibar dibujando un esquema incuestionable en la contención. Y cuando tocó atacar siguió cerrando con cuatro, como en la segunda mitad del duelo ante Sanse y Real C. En esta ocasión renunció a abrir el campo con Oyarzabal en el lado débil, y apostó por sumar al nuevo 10 blanquiazul a la zona interior. Mientras el equipo acumulaba en la derecha pases y distracción siempre que podía, con Gorosabel, Illarra y Sangalli como protagonistas, De la Bella estiraba en el lado opuesto, función que también ejercía por momentos un escorado Willian José. Todos los balones que pasaban por los pies de Luca salían de los mismos con la jugada mejorada. Y el equipo en general añadía a la sensación de tener un plan claro la intención de dar a su fútbol un carácter potencialmente dañino y vertical. Si olía sangre, corría hacia adelante. Solo contemporizaba cuando las vías hacia Riesgo parecían cerradas.

Les valió a los blanquiazules para generar hasta cuatro ocasiones claras antes del descanso, tres de ellas en transición tras robo (el gol, una de Juanmi y otra de Oyarzabal) y la restante a balón parado (en un cabezazo a bocajarro fallado por Aritz a centro de Illarra). Atrás, mientras, los acercamientos del Eibar se produjeron al aprovechar los armeros desajustes concretos en la retaguardia txuri-urdin. El sistema de contención funcionó bien. También su presión alta inicial que se convertía en media si no había robo rápido. Pero un mal despeje de Igor Zubeldia (ayer central), una pérdida de Oyarzabal en plena salida y algún que otro duelo ganado por mero físico de Bebé ante Gorosabel permitieron a los de Mendilibar acercarse al gol.

El encuentro resultó más vistoso tras el descanso, pero menos rico en lo táctico. Resultaría fácil y ventajista achacarlo al carrusel de cambios. Pareció, más bien, que la clara ocasión tempranera de Bautista y el rápido empate de Kike García generaron una inercia de ida y vuelta muy agradable para el espectador, que pudo dar la victoria a cualquiera pero que acabó del lado realista. El resultado era lo de menos para dos equipos que parecen tener las ideas claras. Siempre es motivo para el optimismo.

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