Cartas a la Dirección

Setién

MIREN IBARROLA - Miércoles, 18 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

Obispo polémico. Profeta. Un gran cristiano. Fustigador de las tropelías del poder y de las cloacas del Estado, denunció incesantemente la violencia de ETA, de los GAL y la tortura encubierta y silenciada. Nos mostró que la justicia de Jesús no es la nuestra. Desenmascaró, por hipócrita, la dicotomía buenos-malos, víctimas y verdugos, que no responde a parámetros evangélicos. A José María Setién le debemos el habernos mostrado la complejidad de lo real, el abismo insondable del Dios de Jesús, las múltiples e inabarcables caras de la verdad, en el sentido de Popper y de Jesús de Nazaret.

Hombre de gran corazón, bajo su apariencia enjuta se escondía la pasión de Jesús por la libertad, la justicia y el amor al pueblo domeñado por los poderosos. Como todo profeta, Setién fue calumniado, perseguido por el poder y maltratado por el sanedrín eclesial. Signo de contradicción y digno del amor de Jesús, nos mostró que seguir a Jesús lleva al conflicto con el poder y exige un gran don de sí mismo, contra viento y marea. Indómito e insobornable, Setién decía que tenía las mismas razones para querer a los de África que a los guipuzcoanos. Obispo de nuestra juventud y de nuestros amores, hoy le recuerdo con nostalgia en sus veranos en Orreaga y con emocionado agradecimiento me uno a Unamuno: "Méteme Padre eterno, en tu pecho, misterioso hogar. Dormiré allí, pues vengo deshecho del duro bregar".

Don José María: ikusi arte.