Cartas a la Dirección

Defensor de los Derechos Humanos

Iñigo Jaca Arrizabalaga - Martes, 17 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

Compartí con José María Setién dos episodios. El primero fue siendo director del Hospital Aranzazu tras recibir una llamada de los Servicios Médicos de Instituciones Penitenciarias, preguntando sobre nuestras disponibilidades tecnológicas para atender a un preso de ETA afectado gravemente de un Hodgkin.

No estaban muy dispuestos a aceptar su traslado. Conocía que nuestro obispo sentía una gran amistad con el entonces ministro de Justicia y magistrado del Tribunal Supremo Fernando Ledesma Bartret. Recurrí a él y su intervención solucionó aquel caso. Luego se sucedieron otros, atendiendo así a este aspecto humanitario que hoy se deniega.

El segundo episodio fue cuando en enero de 1995 le encontré en el campo de refugiados ruandeses de Mugunga, en Goma (Congo). Encuentro inesperado en un lugar en el que se acababa de poner freno a la epidemia de cólera y se vivían en toda su crudeza las secuelas de la terrible guerra de Ruanda.

Hablamos de aquel desastre y de la situación de Euskal Herria. Me dijo que venía de Kigali, donde el nuevo poder instaurado no ofrecía en aquellos momentos garantías jurídicas para el retorno de refugiados. En el Ministerio de Justicia de Kigali solo disponían de una máquina de escribir, dijo. Esa afirmación se hizo valer ante Naciones Unidas para rechazar el apoyo de las ONG a un retorno de refugiados sin garantías.

Un gran intelectual y un gran defensor de los Derechos Humanos.

Secciones