éxtasis

Francia celebra su título

Los jugadores pasean en el autobús celebrando el triunfo con sus aficionados. Fotos: Efe
La plantilla y el cuerpo técnico de la selección francesa posan a su llegada al aereopuerto Charles de Gaulle.

los jugadores recorrieron en autobús las calles de parís para festejar el triunfo conseguido en rusia, nada más aterrizar su vuelo procedente de moscú

Martes, 17 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

parís - La Copa del Mundo aterrizó ayer en torno a las 17 horas en el aeropuerto Charles de Gaulle de París junto con los bleus que la conquistaron en Rusia tras ganar la final contra Croacia.

El avión, que había despegado unas cuatro horas antes de Moscú, se posó en el aeropuerto parisino, donde fue recibido con juegos de agua de la dotación de bomberos del mismo.

Fue la ministra de Deportes, Laura Flessel, la encargada de recibirles a la puerta del avión, donde el capitán, Hugo Lloris, fue el primero en descender, con el trofeo en la mano, rodeado del seleccionador, Didier Deschamps, y del presidente de la Federación, Noel Le Graet.

Posteriormente, los jugadores fueron desfilando por la escalerilla para llegar a una alfombra roja que les condujo a un pequeño podio donde se hicieron la primera foto en suelo francés con el trofeo conquistado.

Visiblemente marcados por la fatiga tras una noche de festejo en Istra, el cuartel general francés a las puertas de Moscú, los bleus respondieron a los cánticos de victoria del personal del aeropuerto agrupado junto al avión.

Los jugadores se dirigieron posteriormente al interior del recinto donde, en autobús, fueron trasladados hacia París escoltados por las fuerzas del orden.

Los bleus recorrieron en un autobús descapotable la avenida de los Campos Elíseos, donde les esperaron cientos de miles de personas eufóricas.

A diferencia de 1998, cuando ganaron el primer Campeonato del Mundo, el dispositivo de seguridad impidió a los aficionados acercarse al autobús.

deschamps, el regenerador Didier Deschamps no tuvo complejos a la hora de celebrar su Mundial pese a no haber hecho un juego brillante. El técnico vascofrancés asumió que su seña de identidad ha sido el pragmatismo y una capacidad fuera de lo normal para motivar a sus tropas.

Deschamps, a quien nadie otorga particulares dotes tácticas, se ha servido de su capacidad de adaptación para igualar al brasileño Mario Zagallo y al alemán Franz Beckenbauer, los dos únicos que, hasta ahora, habían ganado el Mundial como jugadores y como entrenadores.

Suerte o no, Deschamps ha regenerado a un equipo que heredó roto, destrozado por las guerras interinas y que, en seis años, llevó a unos cuartos de final en Brasil, a la final de la Eurocopa en 2016 y ahora a la cúspide del fútbol mundial, 20 años más tarde.

Dechamps se abonó al resultado y de él pendió su futuro. Comenzó su andadura en Rusia bajo la sombra de Zinedine Zidane, el mismo que 20 años atrás ocupó el primer lugar del escenario cuando la Francia que él capitaneaba logró su primer Mundial.

Nunca quiso otro lugar. La sala de máquinas es su puesto predilecto, en el que jugó toda su carrera, donde forjó su personalidad que, ahora, prosigue desde los banquillos.

Deschamps aseguró, humilde, que no ha sido el mejor técnico del Mundial, trofeo que recibió tras la victoria de su equipo.

El vascofrancés es un maestro a la hora de generar grupos para situarles por encima de sus expectativas, como el Mónaco al que condujo a la final de la Liga de Campeones en 2004, al Marsella que llevó a la victoria en la liga de 2010 o a la Juve que reintegró a la primera división en 2007 tras un paso por el infierno.- L.M.P.

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