Gorillaz cierra un exitoso BBK Live que ha logrado agotar las 120.000 entradas

Se prevé que la cita genere un impacto económico de 20 millones de euros

Andrés Portero - Lunes, 16 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

Bilbao - Bilbao BBK Live ha vuelto a la senda del éxito multitudinario en 2018 al haber logrado agotar todas las entradas disponibles para los tres días de conciertos en Kobetamendi. 120.000 personas han disfrutado este año de un cartel de músicos y artistas incuestionables, con Gorillaz, The xx, David Byrne y Florence + The Machine al frente, a los que habría que sumar el público que asistió a los recitales gratuitos repartidos por la ciudad. La cita, que se prevé que vuelva a generar casi 20 millones de euros de impacto económico, se ha rejuvenecido y asentado en el espectro indie.

Prueba superada. El año pasado asistieron 112.114 personas a las tres jornadas del festival, según la organización. La promotora vasca Last Tour, que cuenta con apoyo del Ayuntamiento de Bilbao, confirmó ayer que “se han agotado las entradas de los tres días de festival” y logrado “congregar a 120.000 amantes de la música en directo”.

La cita de Kobetamendi, que apenas ha sufrido algún problema puntual en el acceso de los autobuses al recinto en el monte a raíz de la protesta de los vecinos de Altamira y un retraso en el inicio del concierto de The xx por un problema técnico, ha contado con la asistencia de un público originario de 120 países. Un público femenino y veinteañero en su mayoría.

Broche final Gorillaz Parte de él disfrutó ayer de Gorillaz, que surgió como un grupo virtual, más como un colectivo artístico que una banda musical al uso. Fue menos coral en el magnífico broche final de Bilbao BBK Live 2018, donde el líder de Blur, Damon Albarn, dirigió con mano de hierro un espectáculo insuperable, festivo y bailable, con canciones irrepetibles actuales y clásicas aireadas por múltiples ritmos y con menos colaboradores físicos (virtuales hubo muchos) que en disco, con Benjamin Clementine en el escenario, al igual que Jamie Principle o Peven Everett, pero sin De la Soul.

Aunque Gorillaz surgió (y sigue siendo) como un proyecto inhabitual, con miembros virtuales, el crecimiento y la madurez como artista de Damon Albarn, que se está abriendo un hueco entre los grandes compositores de las dos últimas décadas sin prejuicio alguno y con un repertorio poliédrico, está mediatizando su discurrir en los últimos tiempos.

Así se pudo comprobar en el cierre, por todo lo alto, del festival bilbaino, bien entrado ya el domingo y en el que, casualidades de las contratos, coincidieron Noel Gallagher y Albarn, co-líderes enfrentados del brit-pop en la sanguinaria pelea Oasis/Blur en los 90 y últimamente no digamos colegas, pero sí colaboradores puntuales. A pesar de que en Kobetamendi Noel confirmó una saludable revitalización, el paso del tiempo confirma el triunfo artístico de Albarn.

El británico dirigió en Kobetamendi toda una miscelánea musical inabarcable que picoteó de todo tipo de estilos y ritmos, sin importar su origen, su color o proyección comercial. Y, además, lo hizo como parte de un rico y efectista espectáculo audiovisual, con impactantes juegos de luces y la proyección de vídeos animados de los Gorillaz virtuales, imágenes psicodélicas, lunas o helicópteros. Puro espectáculo pop del siglo XXI.

Con un sonido potente e impoluto y secundado por un grupo nutrido, con una sección rítmica poderosa como una apisonadora y con un bajo en forma de flecha, Albarn sobrevoló toda la trayectoria de la banda, picoteando del pop, el rock, el soul, el funk, el hip hop y la electrónica, con un protagonismo enorme de su media docena de coristas gospel, sobresalientes con sus gargantas y divertidas en sus coreografías.