Las piedras hablan

Vincenzo Nibali es uno de los favoritos para la etapa de hoy. (Foto: Efe)

El pelotón afronta el temido pavés con los favoritos rezando para que los quince tramos de adoquines no les descabalguen de la carrera francesa

Un reportaje de Nagore Marcos - Domingo, 15 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

Y al noveno día, el pelotón se echará a temblar. El infierno saldrá a la superficie convertido en piedra y los ciclistas dejarán de mirar constantemente el reloj para centrarse tan solo en lo más básico: sobrevivir. Porque en la novena etapa de este Tour de Francia, la que se celebra hoy entre Arras y Roubaix, el pavés se erige como gran protagonista, como un demonio que no hace prisioneros ni ganadores y que no duda en mandar a los ciclistas para casa. Un error, una caída, y se terminó la gloria. Ya seas Mikel Landa, Nairo Quintana o Chris Froome. Los adoquines no reconocen caras ni nombres. Ni determinan quién será el ganador de la ronda gala, pero sí señalan a sus perdedores. “Es una etapa que da miedo”, avisa el británico de la jornada que nace en Arras Citadelle y desemboca en Roubaix después de 156,5 kilómetros en los que sobresalen quince tramos de pavés. Y si el cuádruple campeón está aterrado es porque el recorrido lo merece. El pelotón rodará por la superficie adoquinada durante 21 kilómetros, con el paso por algunos trechos incluidos en el recorrido de la París-Roubaix, consciente de que la lucha de hoy puede suponer la primera gran criba de la carrera. “Esta etapa va a ser difícil y puede descartar a algún favorito para la general”, reconoce Quintana, quien reza a su dios cristiano para no ser él el eliminado.

Y es que, más que los adoquines, es la incertidumbre la que priva a los ciclistas de la tranquilidad. El qué pasará. El pavés es un pasaporte al desasosiego capaz de llevar a un plácido viaje o a la salvaje selva. Porque puede no ocurrir nada, como cuando en 2015 las piedras amagaron, pero no golpearon;o puede pasar de todo. Si no, que se lo digan a Froome, quien se sigue despertando entre sudores fríos por el recuerdo de los embarrados y húmedos adoquines de hace cuatro años, que le hicieron resbalarse y besar el suelo en dos ocasiones. Le sellaron el billete a casa antes de lo esperado y el Tour se quedó demasiado pronto sin su principal favorito. El corredor británico no posee una gran habilidad para sortear el irregular mosaico del pavés, superficie que le incomoda, pero aprendió del abandono de 2014 y, aunque reconoce que “puede pasar de todo”, asegura estar preparado: “Tengo buenos compañeros para afrontarla”. Así, el tetracampeón se resguardará en su equipo, sabiendo que el Sky ha cosido a su alrededor una potente guardia pretoriana.

Nibali, ADN adoquinado Al Tour se le acabaron los trazados insulsos y para Landa y Quintana la etapa de hoy será una cuestión de supervivencia. De un instinto básico que el ciclista vasco ha aprendido a controlar y mejorar. O al menos lo ha intentado: “Visité esta etapa porque creo que era importante tener una toma de contacto con el adoquín antes de la carrera. Va a ser un día diferente al que no estamos acostumbrados y seguramente será un poco loco”. Por otro lado, su compañero de equipo, el devoto colombiano, quiere pasar la prueba del pavés cuanto antes, salir airoso del pavimento pedregoso y poder centrarse ya en arañar segundos sobre el liso asfalto: “Será importante evitar perder tiempo y luego en la montaña veremos las fuerzas de cada uno”. Y Alejandro Valverde no puede hacer más que asentir a las palabras de Quintana. El ciclista murciano, también del Movistar, sabe lo que es echar por tierra y entre adoquines las aspiraciones a todo. Más de tres minutos se dejó en aquella edición de 2014 en la que la lluvia hizo estragos en el pelotón y dotó a los ciclistas de un irracional miedo a las tormentas. Por eso, Valverde sabe que el principal objetivo será “intentar no perder el Tour, pero en el pavés también hay que tener suerte”.

En medio del terror que provocan los adoquines emerge la tranquilidad de Vincenzo Nibali. El corredor italiano, siempre dispuesto para la emboscada en los terrenos más inhóspitos, anhela el pavés, una trinchera que ese fatídico de 2014 le elevó por encima de ángeles y demonios;y que espera que hoy también le lleve a la gloria: “Cuando pienso en esta etapa, el sabor del barro que cubría algunos sectores me vuelve a mí inmediatamente en la boca. La determinación y la concentración deberán estar presentes desde el primero hasta el último kilómetro”.

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