Tribuna abierta

Nuevos tiempos y memoria

Por José Manuel Bujanda. Arizmendi - Jueves, 12 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

comienzo recordando, es importante hacerlo en estos momentos de esperanza, una cita de Iñigo Urkullu, presidente entonces del EBB del PNV, en los Desayunos de Europa Press en Madrid, hace ya diez años pasados, más concretamente el 24 de abril de 2008. Y ello con el objetivo de dejar las cosas en su sitio: “El PNV asume y manifiesta que la desaparición del terrorismo pasa en primer lugar por el rechazo firme del terrorismo y de la violencia;por la deslegitimación social mediante políticas educativas, culturales y de comunicación;por la acción policial;por la aplicación del Estado de Derecho -eso sí en toda su extensión-;y por vaciar de contenido cualesquiera aporte social que alimente la violencia en la práctica política. Éticamente el PNV va a estar siempre enfrente de ETA y, políticamente, aunque rechazamos otorgarle el status natural en tal sentido, no compartimos ni fines, ni medios con ellos”. Hago mías sus palabras en toda su literalidad.

La presencia de ETA y su actividad violenta, aderezadas de amenaza y coacción, ha sido cruel y espantosa. Su accionar fanático ha causado dolor sin límites, generado sufrimiento desgarrador y quebrado brutalmente la convivencia. Ha sido letal para la vertebración social de la sociedad vasca. No ha respetado ni ha tenido ningún miramiento con la democracia, ni con las reglas de juego, ni con los derechos humanos, ni con el más importante de ellos como es el derecho a la vida y, obviamente, mucho menos ha tenido la más mínima consideración con el elemental juego entre las mayorías y las minorías, fundamento de la democracia y de la convivencia, en el seno de la sociedad vasca. ETA ha menospreciado la voluntad de la ciudadanía del conjunto de Euskadi. Los resultados de las urnas vascas le han traído al pairo. Ha intentado imponer su voluntad utilizando el asesinato y el miedo. Ha atacado el corazón de la razón y del sentido común. Ha asesinado, roto familias y vidas, desparramado por doquier víctimas y lágrimas, ha sido una auténtica vergüenza para los vascos y para Euskadi, ha sido un baldón pesado para su progreso en convivencia. La dialéctica de ETA ha sido fanática en su desarrollo, autista ante lo que estaba ocurriendo en la sociedad vasca y fascista en su práctica. Y por ello no ha sabido interpretar ni leer el paso de la historia, ha sido la negación del mínimo atisbo de humanidad, ética y sentido de la historia, su presencia ha sido un insulto a la inteligencia y a los cambios socio políticos que se daban por aquí y por allí, atacó con furia al incipiente autogobierno vasco y sus símbolos, EITB, Ertzaintza etc… La violencia política ha sido la peor tarjeta de presentación de la causa legítima y democrática del nacionalismo vasco. Todo lo que tocado lo ha vuelto hediondo. Ha sido la negación del sentido común. ETA ha sido la perfecta excusa, hábilmente esgrimida por los poderes fácticos del jacobinismo patrio español, para negar a los vascos su derecho a escribir de su puño y letra su presente y futuro libre y solidariamente expresado en las urnas vascas. ETA ha defraudado, engañado y mentido multitud de veces. La democracia no le debe nada en absoluto. Su estupidez y sinrazón no ha conseguido nada en positivo.

ETA ha desaparecido derrotada, siempre ha sobrado y estorbado en paisaje vasco. Ha cerrado la persiana de un negociado que nunca debió existir y que en todo caso debió finiquitar juntamente con los últimos estertores del franquismo cuando ya se intuía que iban a soplar vientos con deseos de libertad, en la llamada transición, posteriores a la muerte del dictador. Nunca jamás debió irrumpir canallescamente en una democracia que intentaba abrirse con enormes dificultades paso en la recuperación de las libertades.

Es por ello que creo que el mejor legado que podemos dejar a las futuras generaciones de vascos es la consecución de la paz y de la desaparición de la violencia, del miedo y de la coacción en el seno de la convivencia entre los vascos. Un legado que significa reconocimiento a todas las víctimas. Y respeto al que piensa de otra manera, al que tiene adscripciones identitarias y sentimentales diferentes o discrepantes. El tremendo hastío social generado por ETA ha estado presente a flor de piel en los hombres y mujeres de aquí y de allí. Pero afirmo también que no podemos desperdiciar esta ocasión definitiva y por ende histórica. Porque la paz también debe de ser posible en Euskadi. Es una cuestión de dignidad colectiva. Tiempos de poner en valor la política en su dimensión más hermosa. Puesta en valor del pluralismo, cuando se aboga por la participación de todas las fuerzas políticas, sin exclusiones y por compartir que esta sociedad tiene identidades plurales. Puesta en valor del acuerdo, cuando se propone el diálogo y la negociación entre todas las fuerzas políticas para un nuevo pacto basado en la concertación. Y, por último, puesta en valor del respeto a las decisiones que la sociedad vasca adopte.

El tiempo de los quiebros semánticos, el de las proclamas y de las literaturas justificadoras, el tiempo de los silencios cómplices ha tocado fondo. Ningún quiebro dialéctico más, ninguna alusión comprensiva más, fin de los silencios calculados y ambiguos. Autocrítica. Tiempos de paz, anhelo y perspectiva, ansia y futuro, ganas y esperanza, ilusión y expectación. Porque todo lo demás tiene arreglo. Menos las víctimas y el dolor injusto causado. Ojalá que no lleguen a cortarse los hilos de la historia. No olvidarlos es un acto de estricta y mínima justicia. Recordar es fundamental. Porque hay que decirlo alto y claro: matar nunca estuvo bien, matar siempre estuvo mal. Mirar a otro lado nunca jamás fue correcto, fue una vergüenza. Llevamos años sin violencia terrorista, ETA declaró el alto el fuego unilateral, toca aún desatascar problemas colaterales como la de los presos y la política penitenciaria, amén de la llamada dispersión. El pasado está ya escrito, y podemos describirlo, pero ya no podemos cambiarlo. El futuro, en cambio, es el mejor regalo que podemos dar a nuestros hijos y nietos, está por escribir, lo haremos entre todos, es nuestro patrimonio y esperanza.

Han venido para quedarse, lo hemos conseguido por fin, tiempos y cambios que hablan de paz, convivencia, pluralidad, respeto, derechos humanos y vida. Cambios que entierran páginas negras y de vergüenza en la reciente historia de nuestro pueblo. Cambios que llaman a la esperanza compartida y el adiós al sectarismo.

Termino con unas reflexiones del portavoz de EAJ/PNV en el Senado, Jokin Bildarratz: “ETA ha ofrecido un adiós tan frío como lo fue su existencia: sin referencias a las víctimas que produjeron, justificando su acción, atribuyéndose ogros, redactando un comunicado que la inmensa mayoría de la sociedad vasca no ha comprendido ni compartido. ETA ha puesto punto y final a un camino que ni siquiera debió iniciar. Nuestros pasos deben dirigirse a la construcción de una convivencia normalizada en la que todos los actores de la política ocupemos el lugar que nos corresponde. Tenemos el derecho y la obligación de recordar para construir con memoria y sin olvido un nuevo tiempo de convivencia y encuentro social. Esperemos que el Gobierno del Estado atienda al ofrecimiento de consenso para la convivencia realizado por el Gobierno Vasco y el Gobierno Foral Navarro en la declaración conjunta de Bértiz”. De corazón y emocionadamente es así como lo deseo.

No olvido ni puedo, y menos cuando miro emocionado jugar a mis nietas en el parque sabiendo que nunca jamás conocerán, vivirán ni sufrirán lo que sus mayores muy torpemente propiciaron y generaron al equivocarse desde el mismo comienzo en los orígenes de un inmenso error llamado ETA. Dicho esto alto y claro, hay que manifestar también que es un contrasentido mantener la misma política penitenciaria tras su desaparición y que persistir en la política de dispersión para los presos no tiene nada que ver con la impunidad y sí con la venganza. No se puede seguir actuando como si nada hubiera cambiado. El futuro nos apremia. A todos y todas. Por nuestros hijos e hijas, nietas y nietos. Ánimo pues.

Secciones