El ciclista de los retos imposibles

Néstor Arana se enfrentó el pasado fin de semana al reto de subir 51 veces el altode Erlaitz, en Irun. El guipuzcoano superó su marca de 21 ascensiones y mediade hace tres años en el mismo escenario, y acumuló un desnivel de 21.287 metros. 

Un reportaje de Gorka Martinez - Martes, 10 de Julio de 2018 - Actualizado a las 10:08h.

Cuando se trata de grandes hazañas o de retos imposibles, se suele pensar en aquellas figuras que aparecen en los libros de récords del Guinness o en los mediáticos eventos que organiza la empresa austriaca Red Bull. Desde la humildad también se pueden realizar este tipo de proezas, con mucha confianza en uno mismo y con ese punto de locura que hace que estas historias sean posibles. Y aunque no tendrá tanto impacto ni tanto eco como lo tuvo Felix Baumgartner cuando saltó desde la estratosfera o cuando Usain Bolt rompió todos los registros, un ciclista irundarra, Néstor Arana, completó el pasado fin de semana la marcianada de subir 51 veces el alto de Erlaitz, en Irun. Pese a ser una subida de solo cuatro kilómetros (desde la sidrería Ola), Erlaitz tiene un porcentaje medio del 11%, con rampas que en algunos tramos alcanzan el 15%.

Arana suele afrontar retos de este tipo y decidió de manera espontánea emprender esta aventura. “Todos los años realizo un reto. Hace tres años hice 21 subidas en este mismo puerto y un día, navegando en Internet, se me ocurrió mirar cuál era el monte más alto del sistema solar”, explica Arana, que trabaja en el departamento de marketing de la empresa Etxeondo. Tras realizar la búsqueda y comprobar que el monte más elevado es el Olympus, del planeta Marte, con 21.287 metros de altura, el guipuzcoano configuró su desafío y se puso como objetivo ascender 51 veces el alto de Erlaitz, el equivalente a subir una vez la montaña extraterrestre.

El propósito de Arana era recorrer 380 o 385 kilómetros en entre 35 y 40 horas. Su travesía comenzó a las 3.00 horas del sábado y concluyó a las 19.00 horas del domingo, cuando finalizó el reto: “El recorrido fue de 380 kilómetros y estuve 29 horas encima de la bici, pero hice descansos para comer y beber, por lo que en total estuve entre 35 y 36 horas”.

La dureza de la prueba fue terrible. Arana se tuvo que preparar no solo físicamente sino que también tuvo que desarrollar minuciosamente el aspecto psicológico, ya que sabía que el trayecto se le haría duro. “Me esperaba que fuera así. Ya sabía que las piernas se cansarían y por eso lo hice a un ritmo tranquilo. Se me hizo duro a nivel mental, ya que a la noche te puede entrar el bajón”, cuenta. Y añade que “de hecho, a la noche, hacia las 22.30 horas del sábado, tuve un poco de bajón porque el público se estaba marchando y te empiezas a sentir más solo, piensas que todavía te queda mucho por pedalear y ves que estás realizando el mismo trayecto todo el rato. Pero con paradas y descansando conseguí solventarlo”.

El desafío tenía un motivo más para Arana. “Era también un reto solidario. Mi hijo es miembro de la escuela del Club Ciclista Irunés y como les cuesta conseguir dinero, hemos recaudado algunos fondos para el club”, dice el irundarra, quien explica que “se ha sacado un dinerillo con las rifas que hemos organizado y con las carpas con pintxopote que pusimos”. Además, los chavales del club pudieron sumarse a la marcha de Arana y realizaron con él uno de los últimos ascensos a Erlaitz.

El de este fin de semana ha sido el cuarto gran reto que ha realizado el guipuzcoano. El primero fue en 2016, cuando subió el alto de Erlaitz 21 veces y media. Al año siguiente realizó otros dos desafíos. Uno de ellos fue “el reto 10.000”, que consistió en recorrer 305 kilómetros pedaleando por nueve míticos puertos de montaña de Pirineos: Bales, Peyresourde, Val Louron-Azet, Hourquette d’Ancizan, Tourmalet, Troumouse, Gavarnie, Luz Ardiden y Hautacam. Posteriormente, junto a dos compañeros, recorrió de un tirón las siete capitales de Euskal Herria, totalizando 540 kilómetros y 18 horas de esfuerzo.

Arana es uno de los ejemplos que enseña hasta qué punto puede llegar el cuerpo del ser humano. El tiempo dirá si se le vuelve a ocurrir otra “locura” sobre la bici.