Tras el rastro de las primeras poblaciones

Etxezarraga, primero por la izquierda, dirige la excavación arqueológica que se desarrolla en Bergara.
La tumba que se ha hallado con el esqueleto de un bebé.

EL HALLAZGO DE UNA TUMBA DE UN BEBÉ EN LA ERMITA DE SAN MIGUELDE ARITZETA ARROJA MÁS LUZ SOBRE LOS ORÍGENES DE BERGARA  

Reportaje y fotografía de Anabel Dominguez - Viernes, 6 de Julio de 2018 - Actualizado a las 09:59h.

La primera mención documental de Bergara data del siglo XI cuando aún era parte del Reino de Navarra. Ese pasaje histórico se remonta al año 1050 y cuenta la donación que un bergarés, de nombre Sancho, hizo de una serie de manzanales y tierras enclavadas en el entorno de la ermita de San Miguel de Aritzeta al Monasterio de San Juan de la Peña, en Huesca. Con base en esta pista se ha desarrollado la investigación arqueológica que dirige el donostiarra Iosu Etxezarraga con el objetivo de arrojar luz sobre los orígenes de la villa de Bergara.

La excavación se enmarca dentro del 750º aniversario de la concesión de la Carta Puebla por el rey castellano Alfonso X El Sabio –el 30 de julio de 1268–, que salpica de actos el municipio. Sin embargo, esta campaña ha querido dar un paso más para saber cómo eran las poblaciones de Bergara anteriores al asentamiento medieval que, definido por una muralla, ocupaba un pequeño espacio de planta rectangular atravesado por las calles Goenkale, Artekale y Barrenkale, donde la parroquia de San Pedro constituía parte del sistema defensivo.

DOS ALDEAS ALTOMEDIEVALES “El documento que se encuentra en el archivo del Monasterio de San Juan de la Peña nos habla de las donaciones llevadas a cabo en San Miguel de Aritzeta y en la aldea de Partaitti, que siempre se ha relacionado con San Vicente de Partegoitia, en el barrio de Angiozar. Teníamos conocimiento, por tanto, de la posible existencia de dos aldeas altomedievales en Bergara”, explica Etxezarraga. Este experto lleva varios años inmerso en un programa de intervenciones arqueológicas en ermitas de localidades como Azpeitia, Bidania-Goiatz, Ordizia, Oñati o Arrasate. Su intención no es otra que la de seguir destapando información de una época de la que “no nos han llegado documentos escritos, los siglos VIII-XIII, aproximadamente”, relata este arqueólogo e historiador, a la vez que insiste en que “las características de las parroquias en la Edad Media hace de ellas un testimonio bastante fiable sobre las comunidades que las rodeaban. Su estudio arqueológico puede ser una pauta para descubrir las aldeas;nos aporta datos de cómo surgieron los pueblos que hoy existen en Gipuzkoa”.

En el caso de Bergara la misión de Etxezarraga y su equipo ha consistido en seguir las huellas de “las poblaciones que podían existir antes de que el núcleo de San Pedro recibiera un fuero, y el indicador que nos da pie a ello es hallar una necrópolis alrededor de una iglesia”, detalla.

Con este propósito se pusieron manos a la obra a primeros de junio en el interior de la ermita de San Miguel de Aritzeta. Y el proyecto ha dado sus primeros frutos. Entre los descubrimientos más destacados figura el esqueleto de “un bebé” (por su tamaño) que previsiblemente es anterior al año 1400, “porque estaría enterrado fuera de la iglesia, un ritual que perdura hasta esa época en gran parte de los templos del País Vasco”, precisa Etxezarraga.

“Responde, asimismo, con las formas en las que se enterraban en la Edad Media, aunque no sabremos cuándo murió hasta que se haga la datación de los huesos”, añade.

EN BUSCA DE LA ALDEALa excavación que encara su recta final cuenta con el respaldo económico del Consistorio, que ha sufragado más de la mitad de su coste, y la Diputación. Este trabajo arqueológico, además, ha sacado a la luz otros niveles de construcciones religiosas que precedieron a la actual iglesia ampliada a mediados del siglo XVI. “Han aparecido restos de fuego, carbón y cal, un material, este último, que se usaba como cemento y, por ello, puede que ese fuego fuera una especie de horno con el que lograron la cal para hacer las paredes”, expone Etxezarraga.

A esta lista de hallazgos se suman algunos restos de recipientes de cerámica, así como dos monedas con apariencia medieval. Todo este material, que se analizará en profundidad, se depositará en Gordailua, el Centro de Patrimonio Cultural Mueble dependiente del ente foral.

Superada la excavación en el interior de la ermita y a petición del Ayuntamiento, la próxima semana el proyecto que capitanea Etxezarraga se completará con nuevas prospecciones en el exterior de la construcción religiosa, “para ver si aparecen indicios de la aldea, de dónde vivía esta población”.

Bergara está plagada de ermitas. Mientras las de San Miguel de Aritzeta y San Vicente de Partegoitia están citadas en el siglo XI, otras no se mencionan en los documentos, “aunque eso no significa que no sean antiguas”, recalca Etxezarraga, al tiempo que destaca que estudiar “distintas iglesias de un mismo valle puede permitirnos saber cómo se fue moviendo, o no, la población”.

Lo ideal sería dar continuidad a esta primera cata realizada en San Miguel de Aritzeta con una segunda campaña “en el mismo lugar o en otro punto,” que enhebre más detalles de los orígenes de la villa. De momento, la intervención arqueológica se quiere socializar con una visita guiada abierta a la ciudadanía, que está pendiente de cerrar su fecha. Una oportunidad para disfrutar del patrimonio.

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