Un ruido seco con eco en la margen izquierda

los vecinos de deba que viven junto al puente no se percataron del hundimiento hasta levantarse de la cama

Reportaje y fotografía de Jabi Leon - Viernes, 6 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

Como es lógico, durante la jornada de ayer el principal tema de conversación en la localidad costera de Deba fue el hundimiento parcial del viejo puente;que es junto a la iglesia parroquial de Santa María y el enclave de Santa Catalina uno de los principales emblemas de la villa.

Sin embargo, a pesar de que en la gran mayoría de los corrillos no se hablaba de otra cosa, la ciudadanía debarra no se percató del incidente hasta que al levantarse por la mañana encendió el teléfono móvil y empezó a recibir numerosas imágenes en las que se veía el estado que presentaba esta infraestructura.

Ni siquiera las personas residentes en los bloques de viviendas situados más cerca de la ría se enteraron del suceso en el momento en el que se produjo.

Es el caso de June Arana, una eibarresa que tiene su segunda vivienda en el número 2 de la calle Astillero y que no se dio cuenta de lo sucedido “hasta que me levanté y vi las fotos que me estaban llegando al teléfono”. Y es que esta mujer acostumbra a dormir con las ventanas cerradas “porque si no, el ruido del tren se escucha muchísimo”.

Del mismo modo se manifestaron Kontxi y Marivi desde el interior del bar Lorea. Ambas coincidieron al señalar que “vivimos aquí al lado y ni nos hemos enterado”;al mismo tiempo que se congratularon por el hecho de que el hundimiento hubiera tenido lugar durante la noche “porque durante el día suele haber muchísimos chavales saltando a la ría desde el puente y la cosa hubiera sido bastante peor”.

ruido seco en mutriku Quienes sí se enteraron del suceso en tiempo real fueron las personas residentes en las casas situadas en la margen izquierda de la ría, en el barrio Urazamendi, perteneciente a Mutriku.

Una de ellas fue Rocío Gómez, que estaba despierta cuando escuchó “un ruido seco” en su dormitorio de la casa Ibaigain. En un primer momento pensó que se trataba “de las olas”, aunque rápidamente se dio cuenta de que anoche “la mar estaba tranquila y eso no podía ser”.

Apenas unos segundos después Rocío escuchó “más ruidos” y se asomó a la ventana, donde vio “al vecino de al lado que decía que se había roto el puente y llamaba al 112 para avisar de lo que estaba pasando”.

A pesar de que el estruendo de las piedras del puente cayendo a la ría “siguió durante un buen rato más”, su hija Cristina no se enteró de lo que acontecía “hasta que vino mi madre a decírmelo a mi habitación, que da a la parte de atrás”.

En cualquier caso, a Rocío y Cristina el suceso de ayer no les ha sorprendido especialmente porque, aseguran, “uno de los pies del puente siempre ha estado más abajo que los demás y es el que finalmente ha acabado por hundirse”.