Cristina Blanco Cofundadora de la asociación vasca de suicidología, aidatu

“Hay que hablar del suicidio y desterrar mitos, porque lo que se silencia no existe”

Cristina Blanco, cofundadora de la asociación vasca de suicidología, Aidatu

Aidatu pone énfasis en la necesidad de articular un Plan de Prevención del Suicidio y cree que los medios deben de informar pero sin sensacionalismo

Arantxa Lopetegi Gorka Estrada - Viernes, 6 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

donostia- Aidatu, una palabra que tiene como una de su acepciones en castellano la de “remontar el vuelo”, nació para abordar “el fenómeno del suicido desde sus múltiples dimensiones”. Uno de sus objetivos es colaborar en la prevención y reducción del número de suicidios. Cristina Blanco es cofundadora de esta asociación y lanza un mensaje muy claro: “Del suicidio hay que hablar, porque de lo que no se habla es como si no existiera”.

¿Qué es Aidatu y por qué se creó?

-Pretende ser una unión de personas que quieren trabajar, desde cualquier ámbito y con cualquier capacidad y recurso, para reducir el número de muertes por suicido y visibilizar este fenómeno. Para que no sea tan costoso a la gente que está dentro poder hablar de ello y poder buscar recursos.

¿Las circunstancias que rodean al suicidio dificultan vivir el duelo?

-Uno de nuestros objetivos es que las personas que han vivido el suicidio de un ser querido sean atendidas debidamente. Hablamos de un duelo muy complicado por circunstancias que no concurren en otros fallecimientos, como el tema de la culpa, la soledad y el juicio social.

¿Es importante hablar del suicidio?

- Las muertes por suicidio son más que las muertes por accidentes de tráfico y sobre esto se hacen campañas de concienciación o información, como con la violencia de género, y es importante. De las muertes por suicidio no se habla, da la sensación de que no existen. Pero quiero dejar claro que nosotros trabajamos para prevenir el suicidio, no para prohibirlo.

En torno al suicidio hay silencio y desconocimiento.

- El silencio, además, favorece la circulación de mitos e ideas erróneas. Cuando se habla de suicidio hay un silencio sepulcral, nos resulta incómodo porque no se nos ha educado para eso. Además, aparecen ideas erróneas como la de quien lo avisa no lo hace. Eso es un error garrafal, porque se piensa que quien dice que se va a a suicidar solo quiere llamar la atención y no es así. Incluso en los casos que lo sea, a esa persona algo le pasa. Es un error que cuesta vidas porque la mayoría de las personas que se suicidan han dado señales, incluso verbales, que no se atienden.

Hablan ustedes del suicidio como problema social, ¿a qué se refieren?

-Precisamente al silencio que lo rodea. No se reconoce que es un problema que nos atañe como sociedad. Cuando alguien intenta suicidarse es porque está desesperado. La gente no quiere morir, quiere dejar de sufrir y se convierte en problema social no poner recursos ante ese sufrimiento. Hay también elementos sociales que tienen que ver con factores de riesgo. Problemas económicos, familias desestructuradas, paro, desahucios..., son caldo de cultivo de la desesperanza y la depresión y al final, a veces, llevan al suicidio.

¿Se puede actuar en la prevención?

-Se puede y se debe. La Organización Mundial de la salud (OMS) en 1969 ya decía que el suicidio se puede prevenir si se establecen medios para ello. En 2014, muchos estudios después, elaboró un informe que marcaba como objetivo que todos los países tuvieran un Plan Nacional de Prevención del Suicidio que coordinara los distintos agentes que tienen que ver con este problema. En España no existe, pero a nivel internacional hay pocos: La OMS dice que solo 28 países lo tienen. Hay planes más locales y también sectoriales. Valencia y Galicia tienen planes autonómicos y Euskadi ha iniciado los trabajos para tener el suyo coordinando a todos los actores.

¿Cómo se sobrevive al suicidio de un ser querido y a la pregunta de si se podría haber evitado?

-Es un proceso muy duro y cada persona tiene que vivir el suyo. Es muy negativo, o así lo he vivido yo, que te den consignas del tipo pasa página que la vida sigue. No pasas página. El sol sale cada día pero no de la misma forma para ti. No lo digo yo, sino los expertos: El trauma por el suicido de un ser querido se asemeja al de los supervivientes de un campo de concentración. Es un duelo que es muy particular porque hay elementos que en otros fallecimientos no están.

¿Cuáles son estos?

-La ausencia es igual, pero aquí intervine la culpa, que a veces ves reflejada en quien te mira. Nunca la destierras, aprendes a vivir con ella. Está también la soledad. Cuando alguien muere de otra forma de la persona fallecida se sigue hablando. Del fallecido por suicido no se vuelve a hablar y es demoledor. Pasa también en la familia, en la que hay que esperar un tiempo para hablarlo. En estos casos pesa mucho la forma en la que muerto, se le recuerda por eso y no por cómo ha vivido.

¿Echan de menos más ayuda?

-No hay formación en suicidio. Hay dos caminos importantes que debemos de seguir los supervivientes: el grupal y el individual. El primero pasa por encontrar un grupo de autoayuda, pero a la gente le cuesta acercarse, hablar. Dentro de la familia hay muchas dinámicas de culpa y compartir con grupos de iguales es muy importante. Luego está la terapia individual, cómo la persona resuelve lo que se supone que es una muerte voluntaria. Hay poca formación en ese duelo. La terapia familiar por suicido no existe y es necesaria.

En este puzle tan complejo ¿qué papel tienen los medios?

-Los expertos lo tienen claro. Los medios tienen que hablar del suicidio. Se hablaba poco y mal por el miedo al efecto contagio. El efecto contagio no es lo habitual, puede afectar a personas que ya están en ese proceso si se habla del suicidio de forma incorrecta. Hay que evitar el sensacionalismo y no crear héroes. El efecto contagio es menor que lo que se dice. No solo eso, sino que si se hacen las cosas bien, que el suicidio aparezca en los medios puede tener el efecto contrario. Si se habla del suicido con historias de superación, lo que se transmite es que de la desesperanza se puede salir. Otra cosa es entrar en casos concretos. Yo ahí soy más cauta, porque no se puede violentar a las familias que no lo quieren reconocer. Creo que hay que respetarlo aunque no lo comparto como persona. Pero realizar reportajes e informaciones elaboradas creo que es positivo.

Otra pata fundamental en la prevención sería el sistema educativo.

-Es un eje prioritario. La adolescencia es una etapa muy mala, que a un adolescente se le pase por la cabeza el suicido no es algo anormal y no debe taparse. Vamos a estar atentos, vamos a hablar. El sistema educativo, los compañeros de su edad -con los que muchas veces hablan más que con sus padres- deben de prepararse. Hay que contar con herramientas y protocolos y algunos centros ya los han pedido. También es importante abandonar ideas terribles como la de que las personas que se suicidan o tienen ideación suicida son cobardes. Así no se percibe ayuda y el entorno contribuye a salir o a hundirse más.

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