Editorial

Fijar un rumbo al PP

La votación de los militantes, cuya baja representatividad sobre el número oficial de afiliados es indicio de debilidad, no despeja la incógnita en el PP sobre su proyecto para recomponer el centroderecha español

Viernes, 6 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

La votación de los militantes del PP se desarrolló ayer sin demasiados sobresaltos pero con un ambiente enrarecido por el cruce de reproches entre los apoderados de los diferentes candidatos y las amenazas de impugnación de resultados por presuntas irregularidades. Ajeno a esa pugna intestina, ese poco más del 7% de militantes que decidió desplazarse a votar retrata un escenario de debilidad en tanto representan una ínfima parte de lo que presuntamente es la base social del partido según el censo oficial. Del día de ayer queda la emoción de un escrutinio muy prolongado para el volumen de votos a contar y el vuelco por escasos votos a favor de Sáenz de Santamaría sobre la ventaja inicial de Pablo Casado, que acredita ser un factotum del partido si nuevas revelaciones en torno a sus títulos cuestionados no le ponen en el disparadero de aquí al Congreso. El PP, que sigue reclamando para sí la representatividad y el liderazgo del centroderecha español, carece en estos momentos de un proyecto definido para rescatarse a sí mismo de los embates judiciales de las causas por corrupción. Le falta construir claramente una propuesta de recomposición del Estado en términos de estabilidad política, territorial y social y una estrategia clara de definición de su propio espacio político. Hoy, los discursos de quienes ayer fueron candidatos y en el futuro deberán liderar el partido, tienen más de pugna por el espacio ideológico de derecha populista en el que está instalado Ciudadanos. Ahí, Casado ha sido alumno aventajado. Esta campaña interna ha retratado la pugna por acreditar quién tiene un discurso más duro, menos tolerante y receptivo hacia el reconocimiento de la diversidad sociopolítica que existe en el Estado. El próximo líder o lideresa heredará un partido a la defensiva al que deberá fijar un rumbo propio o pasar página. En las últimas semanas, las voces que recuerdan el proceso de liquidación de UCD son más un consejo que una amenaza. Mención aparte merece el fracaso de María Dolores de Cospedal, que partía desde el control del partido pero demasiado vinculada al pasado reciente. La votación de ayer augura un Congreso revuelto, con divisiones internas importantes salvo que Casado asuma que no debe ser una segunda vuelta electoral y acepte la victoria de la exvicepresidenta, como piden no pocos cargos del PP.