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¿Quién es Macron?

Por Gabriel Mª. Otalora - Miércoles, 4 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

Si Angela Merkel es la canciller plenipotenciaria de Europa, Emmanuel Macron parece ser el relevo probable en el liderazgo europeo a medio plazo. Unos meses antes de las elecciones presidenciales francesas, nadie apostaba por la victoria de Macron como advenedizo que era en la vida política, sin tener siquiera estructura de partido cuando ganó con claridad y todavía era un desconocido en el panorama internacional.

Desde entonces, se ha convertido en una figura en la escena mundial siendo una de las estrellas de la cumbre de Davos, donde se deciden buena parte de los intereses de la globalización económica y financiera. Mantiene un buen rollito con Putin y con el mandatario chino pero sin dejar de lado las buenas relaciones personales con Donald Trump ni se olvida posar con el influyente papa Francisco. Con la Merkel ha logrado el desbloqueo de la reforma del euro así como abordar la crisis migratoria (eliminación de las cuotas obligatorias a los Estados). Lo cierto es que encarna al político más garante del progreso gracias a su redefinición del ideal del capitalismo en el siglo XXI. Ha logrado que cale entre los franceses la dicotomía entre el nuevo fascismo del Frente Nacional y él como adalid de un aparente populismo reinventado. Pero sus críticos le definen como un autómata de laboratorio para que parezca un ser humano agradable (Susan Weissman) y quien ha profundizado la desigualdad en Francia con sus reformas (François Hollande).

Trabajó como socio en la Banca Rothschild para extasiarse después con las posibilidades que descubrió en la meca tecnológica de Silicon Valley. Logró convertirse en ministro de Economía y Asuntos Digitales y desde ahí pretendió ensalzar la figura del emprendedor encarnado por la tecnología como una “solución a la crisis de nuestra sociedad”. Así, el discurso neoliberal de Macron desde la excusa del mundo digital, ha promovido que “todo el mundo sea manejado como una compañía y diseñado como capital que dé fruto” aunque pretenda adornar este nuevo capitalismo con virtudes igualitarias desde el emprendimiento. En realidad, es un modelo que pretende la mercantilización integral de la vida mediante una sociedad automatizada y la promoción de reformas neoliberales a gran escala desde el dogma de la innovación y el poder tecnológico, que tan bien suena a algunos;lo cual llevaría al individuo a la sumisión completa a las leyes del mercado, incluidos los servicios públicos. Una vez llegados a este punto, quien no triunfe no merecerá ser sostenido por el Estado, como aseveró el propio Macron públicamente: “Hay que dejar de proteger a los que no pueden y no tendrán éxito”. Sálvese quien pueda.

Ha sido capaz de afirmar que su partido es a la vez de derechas y de izquierdas dejando lo demás a la intemperie. No es casualidad el coqueteo que se traen con él Albert Rivera, de Ciudadanos, y Manuel Valls, el que reclutó al propio Macron para ser su ministro de Economía en su segundo gabinete tan propenso a los recortes públicos. Los tres utilizan un aparente populismo falto de ideología.

Su novísimo partido se llama En Marche! (en marcha) y reproduce las iniciales de Macron (EM). Cuenta con amplios apoyos y fondos de no se sabe muy bien dónde. La realidad es que Francia está dirigida por un animal político sagaz y mediático de la derecha más neoliberal que apunta como un serio aspirante a liderar la Unión Europea. La posible irrupción con fuerza de su movimiento en la Eurocámara apoyado por otros partidos europeos puede poner patas arriba a la política comunitaria. En suma, Macron es un perfecto exponente de la reformulación de roles entre Estado, mercado y sociedad mediante propuestas “inevitables” a unos electorados poco instruidos sobre las verdaderas razones de este perfil de gobernantes. El exceso de información (infoxicación) predispone a la superficialidad informativa, algo que personajes como Macron saben aprovechar muy bien. Pero nadie gana siempre con objetivos tan poco solidarios... ni claros.

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