Trump, ¡vente para Zumarraga!

Los zumarragarras celebraron ayer el día de Santa Isabel. El 2 de julio, en La Antigua, reina un ambiente de alegría y camaradería muy difícil de encontrar en cualquier otro lugar. Es la gran aportación de Zumarraga a la humanidad.

Reportaje y fotografía de Asier Zaldua - Martes, 3 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

Zumarraga no es el pueblo más bonito del mundo ni sus fiestas las más bulliciosas y multitudinarias, pero el ambiente de alegría y camaradería que se vive en La Antigua el 2 de julio es muy difícil de encontrar en cualquier otro lugar del mundo.

Hay algo en el ambiente (¿el influjo de la Amatxo de La Antigua?, ¿el sonido del txistu?, ¿las maravillosas vistas?, ¿el aire puro?, ¿el peso de la historia?, ¿la combinación de todo ello?) que embriaga a los zumarragarras y les hace sacar lo mejor de sí mismos. Ese día Zumarraga es un pueblo perfecto. Todo va como la seda. Todo son risas y buen rollo. Todos se saludan, todos hablan con todos, todos colaboran... Es la prueba de que las cosas se pueden hacer bien.

Zumarraga no tiene La Concha ni tiene Guggenheim, Zumarraga tiene el día de Santa Isabel. Un monumento hecho por todos sus vecinos y que se renueva todos los años. El orgullo de un pueblo. Un pueblo que es capaz de celebrar así su día grande, es un pueblo que merece la pena.

Ayer, como todos los 2 de julio, todo volvió a ser maravilloso en La Antigua. Desde primera hora de la mañana la actividad era frenética en Zumarraga. Se veía gente de todas las edades en la calle: cuadrillas que estaban ultimando los preparativos, hijos que llevaban a sus padres mayores a La Antigua para que pudieran disfrutar de la fiesta tal y como han hecho durante toda su vida, decenas de manteros que subían en autobús con sus estrafalarios artículos festivos, padres que llevaban a sus hijos casi recién nacidos a La Antigua para que se impregnasen cuanto antes del espíritu de Santa Isabel, los dantzaris del grupo Irrintzi, los txistularis del grupo Antxiñako Ama, los trikitilaris, los bertsolaris, los dulzaineros, los vendedores de rosquillas y helados, los curas que oficiaron la misa, los trabajadores del restaurante del centro de interpretación de La Antigua, las autoridades, los visitantes... Todos compartieron espacio festivo en paz y en armonía. Con alegría.

En cualquier conflicto, cuando se enquista, se suele decir que deberían encerrar a todas las partes en una habitación hasta llegar a un acuerdo. También podrían llevarles a La Antigua un 2 de julio. Seguro que acabarían fumando la pipa de la paz.

Trump, ¡vente para Zumarraga! Seguro que te relajas, dejas de ver enemigos por todas partes y se te van las ganas de construir muros y lanzar misiles.