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De la cripta franquista a la dignidad republicana

La familia del navarro Valentín Romeo Sagües visita Gernika-Lumo para recuperar los restos de su antepasado fallecido en la batalla del Bizkargi en 1937

Un reportaje de Iban Gorriti - Domingo, 1 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

Casi lo han conseguido porque cuando esta semana todo estaba ya en sus manos, resulta que en la cavidad número 57 de la cripta franquista del cementerio de Gernika-Lumo no había un cuerpo sino dos. “Han tomado muestras de ADN para saber cuál de los dos era mi tío abuelo Valentín. Ahora hay que esperar”, detalla Maru Mangado tras días de emociones a flor de piel.

El sueño se acerca a aquel familiar del que no quedan fotografías porque sus allegados “por miedo” las quemaron cuando se mudaron de hogar. Los restos de Romeo Sagües se conducirán de la cripta franquista dedicada a los Caídos por Dios y por España de Gernika-Lumo a un mausoleo republicano de Mendavia. “Quiero sacar una foto a mi tía con los restos de su hermano, porque fueron sus lágrimas las que me dieron fuerzas para buscarlo”, agrega emocionada Maru, activista de la memoria que encontró la historia de su familia de forma fortuita, investigando para otras familias.

“Supe de su existencia por una lista de Juanjo Casanova, de los reclusos de la cárcel provincial de Pamplona, porque en ese momento yo estaba buscando presos de mi pueblo, Lerín, y leí los apellidos de mi abuela”, explica. Agrega que “entonces le pregunté a mi padre y me dijo que le sonaba que a un tío lo mataron en la guerra”.

Aquel tío era Valentín Romeo Sagües. Nació en Mendavia (Nafarroa) el 26 de mayo de 1916. Fue el octavo hijo y benjamín del matrimonio formado por Fermín Romeo Rada y Francisca Sagües Zalduendo. Cuando el niño sumaba 7 años, la madre y el padre se mudaron con cinco hijos a vivir a Iruñea, a la calle San Gregorio, número 40, cuarto piso, según el padrón del Ayuntamiento del año 1930.

Cuatro días después del golpe de estado de julio de 1936, Valentín fue encarcelado junto a otros compañeros republicanos en la Cárcel Provincial de Iruñea. “Un pariente nos contó que Valentín solía dormir con su hermano Córdulo y que debajo de la cama tenía un arma”, asevera. Fue ingresado el día 22 de julio de 1936 y permaneció recluido hasta el 27 de enero 1937. “Ese día le dieron la libertad para incorporarlo a la mili e ir obligado a la guerra con el bando golpista. Su salida fue firmada por el gobernador militar”, relata Ion Rodríguez Mangado, hijo de Maru.

Así las cosas, fue enviado como soldado del Regimiento América 23, 2º batallón, destinado a primera línea de combate en los frentes de Bizkaia. Murió en la batalla del Bizkargi el 10 de mayo de 1937 a los jóvenes 20 años: “Sabemos la fecha de la muerte por una publicación del BOE de 1940, donde sale una pensión que le pagaban a su padre. Está inscrito en los caídos de Pamplona y en el libro de los caídos de Navarra”.

De hecho, la familia va a solicitar que se le borre de los listados franquistas. “Es lo próximo que, si se puede, queremos hacer para que Valentín quede ya como republicano, darle esa dignidad. No queremos por nada que quede como un Caído por Dios y España, que fue forzado a ir con ellos. Para empezar en Mendavia lo van a inscribir en el listado de represaliados de la guerra”, enfatiza Maru.

Apellido cambiado Valentín fue enterrado en el cementerio de Gernika-Lumo, y más adelante sus restos fueron depositados en la cripta del mismo camposanto, pero con el apellido cambiado, “como Valentín Romero”. Angelita Mangado Romeo, sobrina de Valentín, recuerda ver “en mi casa a mi madre y a mi abuela, preparando la comida para llevarle al joven cuando estaba preso en la cárcel. Yo les acompañaba, hasta que un día nos dijeron que Valentín ya no estaba, que lo habían mandado a Bilbao de soldado”, relata. “Por ese motivo -continúa Maru- creemos que lo sacaron en libertad y sin dejarle ir a su casa lo enviaron a Bizkaia”.

El cuñado de Valentín, Antero Mangado Mangado, trató de ir a Bilbao a buscarlo. “Él tenía un camión que los que se autocalificaban como nacionales requisaron con chófer y todo, y los franquistas le mandaban ir a recoger muertos al campo de Ezkaba... Y en una de estas se fue a Bilbao a buscarlo, pero le dijeron que había muerto en batalla sin darle más datos se su paradero”, agregan. Una de sus credenciales informa de que “prestó servicio de lucha en el frente hasta Elorrio”.

La familia perdió el hilo de la investigación meses atrás. “Perdí la pista en la batalla del Bizkargi y ya no sabía por dónde seguir, hasta que hablando con dos amigos se lo comenté y me dijeron que mirarían. Estaban haciendo alguna investigación de los cementerios y al poco me dio su paradero”, sonríe Maru.

Ahora falta esperar con algún nervio de más. “Nervios porque tememos que se pueda dar el caso de que los dos cuerpos no sean el suyo porque la cripta la hicieron muy mal. Hasta eso hicieron mal”, subraya y va más allá: “Si no es uno de los dos, vamos al Ayuntamiento a que levanten toda la pared porque sé de más familias republicanas que quieren sacar a los suyos, por ejemplo una de Olite a la que los fascistas se llevaron a dos hijos a la guerra forzados”.