María Berasarte

“He ido muy lejos con el fado pero he cogido distancia porque está dejando de sorprenderme”

María Berasarte, cantante. (Esti Veintemillas)

Harri Fernández - Domingo, 1 de Julio de 2018 - Actualizado a las 09:19h.

donostia - María Berasarte, La Voz Desnuda, como la conocen en el extranjero, se aleja un poco de su carrera en el mundo del fado para abordar un nuevo proyecto con el pianista Pepe Rivero, componente de la nueva generación de músicos cubanos de jazz y director musical del Latin Jazz Festival. Este dúo ha tomado como nombre Delirio, el mismo que le han puesto a su primer disco, un álbum de once temas en el que se incluyen versiones de artistas como Mikel Laboa, Joan Manuel Serrat o Kurt Weill, entre otros.

El Victoria Eugenia acogerá hoy la presentación del dúo Delirio y también de su primer disco. ¿Nos encontramos ante un encuentro entre dos culturas?

-Yo suelo decir que es el encuentro entre dos continentes, porque va un poco más allá de la cultura cubana o la vasca. Hay mucho de ambos. Nos extendemos un poco más porque hemos querido romper las fronteras en general, que no haya un género que mande, sino que lo haga la música. Esa ha sido una de las ideas más claras que teníamos y por eso llamamos Delirio al dúo y también al grupo, para dejarnos llevar y para hacer cosas diferentes que no hacemos en nuestros proyectos personales. Queremos que Delirio sea un jardincito donde crece un tipo de flores y damos la bienvenida a cualquier persona o inspiración.

¿Cómo surge este Delirio? ¿Cómo surge la colaboración con el pianista Pepe Rivero?

-Judith Jauregi es nuestro punto de unión. Ha trabajado en un proyecto con él, es muy amiga mía y también he hecho algunas cositas con ella. Judith insistía en que Pepe y yo nos debíamos conocer, nos decía que nos iba a encantar trabajar juntos. Al final, quedamos. Desde el primer momento con Pepe surgió la conexión y la complicidad, primero la personal, que es muy importante. Luego nos pusimos frente al piano juntos y empezamos a sacar ideas;fuimos construyendo un lenguaje. Buscando algo que fuese un poco más allá y que las canciones mandasen en el momento, in situ.

¿Por qué hacer un disco, sobre todo, con versiones, pero también con temas propios?  

-Empezó así el encuentro. No era algo que estaba pensado. Pero teníamos suficiente repertorio y habíamos trabajado mucho esas canciones. Y al final, pensamos, ¿por qué tenemos que hacer algo que no sea esto? Aquí, más que las canciones, estamos presente nosotros, con una identidad propia. Es nuestro lenguaje. Hay un par de cosas que hacemos nosotros, pero realmente lo que hemos compuesto es lo que rodea a cada canción. Hemos intentado que no sean versiones de canciones bonitas, hemos intentado darles una vida a los temas.

Han tardado un año en desarrollar este trabajo. No habrá sido fácil aunar agendas.

-Hemos viajado mucho y nos hemos encontrado en algún punto del país para estar apenas seis horas. Hemos tenido sesiones de cinco o seis horas sin levantarnos casi del piano. Grabábamos ideas. Lo bonito de Delirio es que no es un proyecto hecho por encargo. Está hecho conjuntamente, a la vez, y todo lo que pasa y todo lo que se queda es porque está pasando realmente y nos parece interesante. Eso cambia mucho las cosas. No estamos hablando de una cantante que acompaña a un gran pianista cubano;eso no me interesaba. Quiero que se vea en directo ese trabajo que hay de intuir el uno sobre el otro. Llevarnos el uno al otro. Eso es brutal y nos da muchísimo más placer.

Da la sensación de que se han dado a sí mismos mucha libertad.

-Sí, nos hemos dado mucha libertad, pero ambos también tenemos un filtro importante, sabemos lo que no queremos hacer. De entrada, no cabía el no. Probábamos y si nos gustaba se quedaba, aunque ha habido cosas que se han quedado atrás. La meta la ha puesto el concierto de hoy. Para esta fecha teníamos que tener el disco listo. La de hoy será la presentación más oficial. El disco no está a la venta, pero sí se podrá comprar hoy en el Victoria Eugenia. Me apetecía porque es mi casa.

Ya que cita el concierto, ¿cómo será?

-Además de nosotros dos como dúo, actuaremos con otros dos músicos que conformarán la banda: Reinier Elizarde Negrón, en el contrabajo, y Georvis Pico, en la batería. Tenemos un invitado de lujo que es Zenet. Queremos que en el concierto se respete mucho el dúo. Hay temas que serán con banda, pero habrá mucho de dúo, porque es así;es lo más importante. Con nosotros dos en el proyecto está todo completo, pero queríamos darle al concierto un poco más de movimiento y darle un tono más festivo, y venir bien acompañado.

¿Luego saldrán de gira?

-Haremos una presentación en Madrid en septiembre. Hay fechas por cerrar, pero sí que hay cosas porque ha corrido la voz.

Parece obvio que el proyecto de Delirio no se queda aquí.

-Las cosas han funcionado muy bien. Nos gusta mucho trabajar juntos y nos sienta muy bien. Somos diferentes, pero nos complementamos y aprendemos mutuamente. Estamos pensando que Delirio es el dúo y puede volver a salir dentro de otros tres años con otro disco, o dentro de 15... Lo importante es tener el repertorio o cosas que contar. En el siguiente disco habrá más temas originales.

Tanto Pepe Rivero como usted tienen formación clásica. Precisamente, esto se aprecia en ‘Delirio', así como el jazz. ¿La tradición musical de Rivero ha tirado hacia ello?

-Absolutamente. Ambos venimos del clásico, y yo le decía que creía que era muy interesante que eso estuviese. Como los dos hemos hecho otras cosas, lo que queríamos era plasmarlo en nuestro proyecto de una forma actualizada. El jazz está, pero no está forzado. Él tira de mí en algún momento, es normal;y yo también le tiro para algunas cosas mías. Pero el que venga no va a ver una cantante de jazz, va a ver a María Berasarte y Pepe Rivero.

Empezando por lo de casa, incluyen una versión de ‘Txoria txori'. ¿Qué supone para usted Mikel Laboa?

-Si no lo cantase, sentiría que me falta. Txoria txori es maravillosa y es un mantra que te recuerda a ese pájaro que necesitas y al que no le debes cortar las alas, ni retenerlo. Para mí, Mikel Laboa es una de las personas que mejor legado nos ha dejado en el sentido de cómo hacer y llevar las cosas. Eso sí que es un delirio. Era de verdad, era real, no era pretencioso. Que sea tan real te permite recordar que con la música te debes divertir y te tienes que dejar llevar. Mikel Laboa lo conseguía y para mí es una persona que está ahí siempre.

¿Le conoció?-Sí, tengo una sensación de aprecio especial hacia él. Mikel conocía la primera versión que hice de Txoria txori, y me llamó. Y para mí son cositas que tengo ahí. Además, ocurre que cuando viajas, la gente no conoce el euskera y cuando les recitas el verso la gente no lo entiende. Pero cuando se lo traduces y luego se lo cantas, les llega.

La versión que hacen es muy especial, dado que le añaden un ritmo cubano, el tango congo. 

-Pepe Rivero nunca había escuchado Txoria txori y yo estaba un poco expectante por ver qué se le ocurría para esta canción. Y cuando propuso el tango congo me pareció muy interesante, no me esperaba una versión así.

También reivindica la influencia francesa.

-Donostia está muy cerca de Francia y yo trabajo mucho allí. También estudio francés. Hemos optado por el alemán Kurt Weill que hizo esa canción tan maravillosa que es Je ne t'aime pas. Uno de los temas más bonitos que he escuchado en mi vida. Exige muchísimo. No es solo lo que sea en francés, sino lo que dice la letra. En mi vida me atrevería a decir lo que dice la canción, meterme en esa conversación que se simula entre el hombre y la mujer. Nunca debería existir, pero me encanta cómo está plasmada y desarrollada musicalmente.

¿Ha habido alguna canción que haya quedado fuera?

-Al contrario. Incluso la persona que ha grabado el disco, Javier Monteverde, nos ha dicho que no quitásemos nada. El disco lo terminamos grabando en día y medio. Y se hizo todo en directo. Como mucho se tocó dos veces cada tema. Cuando las cosas están tan vivas da mucha pena quitar algo.

Me imagino que, como dice, "cuando las cosas están tan vivas" también hay mucho espacio para la improvisación.

-No hay ninguna vez en la que hagamos lo mismo, porque sin darnos cuenta lo necesitamos. Sabemos que estamos juntos y que nos escuchamos mútuamente. Salimos al escenario como uno solo. Pepe es el músico que mejor me escucha, que más me intuye o que mejor me conoce, conociéndome menos. Lo que noto es que no va a pasar nada y si pasa, él está ahí. Esa sensación es maravillosa.

Hay dos fados en el disco. ¿Ha intentado alejarse del componente más doloroso de este canto?

-Los dos fados que interpreto, son dos letras de las más duras que hay. La letra de Estranha forma de vida dice "fue por voluntad de Dios que vivo en esta ansiedad". Y la otra, Barco Negro, habla directamente de la muerte y de no asumirla. Pero, también está la manera en la que las hemos tratado. Estranha forma de vida la canto sonriendo. Se hace con mucho respeto, pero sin sumisión. En el fado es el destino el que manda. ¿Qué haces ante eso? Pero no quería cantar desde ahí. Delirio también es una forma de escapar y defender mi naturaleza, que no es sumisa, es todo lo contrario. Si yo lloro o grito, me enfrento, no me acobardo. Así es como me enfrento a la tristeza, así es como le lloro a la tristeza. Lloro para que sepas que me levanto y me voy.

Buscaba con este proyecto salir de su trayectoria como fadista.

-Lo que necesitaba era liberarme con contundencia. Yo no soy fadista, nunca lo he sido aunque Carlos do Carmo diga que sí. El fado se cruzó como lo hizo la música clásica o como se ha cruzado este proyecto. Lo que no quería era que me encasillasen. He ido muy lejos y lo agradezco muchísimo, seguiré trabajando con músicos portugueses, pero he cogido distancia porque está dejando de sorprenderme. Ahí es cuando entras en una zona de peligro y no es bueno. Por eso quería un músico que viniese de otro sitio.

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