Dibujos que renuevan la tradición iconográfica vasca

La editorial Erein publica ‘Euskal grafia’, una recopilación de 150 dibujos que el artista donostiarra Tomás Hernández Mendizabal ha desarrollado durante 50 años, partiendo del arte popular.

Un reportaje de Harri Fernández - Viernes, 29 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

La tradición iconográfica vasca tiene influencias celtas, mientras que la tipográfica tiene rasgos latinos. Así lo explicó ayer el director del Museo Diocesano y crítico de arte del Grupo Noticias, Edorta Kortadi, en la presentación del libro Euskal Grafia de Tomás Hernández Mendizabal, publicado por la editorial Erein.

Con esta obra y partiendo de la tradición iconográfica y geométrica, Hernández Mendizabal ha recopilado 150 de sus dibujos pintados con tinta china en un libro que abarca su obra desde 1966 hasta este mismo año. El prolífico artista, cartelista y diseñador gráfico donostiarra recordó ayer en Donostia que comenzó a dibujar desde bien pequeño. En su adolescencia, entre los doce y trece años, tras visitar el Museo de San Telmo, quedó impresionado por las estelas funerarias y las piedras grabadas. Se impregnó de sus formas y motivos. Además de los dos maestros que le enseñaron a pintar y a dibujar, el cartelista afirmó que “la naturaleza” también le enseñó mucho, como a “interpretar” lo que ve.

“Hice el primer dibujo en el año 1966 y lo guardé como un tesoro”, comentó Hernández Mendizabal. Desde sus inicios hasta hoy, ha creado hasta 300 de este tipo, que son los que entregó a la editorial Erein. Con ayuda de Kortadi se han seleccionado los que mejor reflejan la “tradición” vasca. Pese a esa criba que ha dejado los dibujos en la mitad, los responsables de la publicación afirmaron que hay material suficiente para conformar, por lo menos, dos volúmenes más. Por su parte, el autor aseguró que continuará trabajando con ilusión, como hasta ahora.

Según apuntó el crítico, en el arte iconográfico vasco ha habido poca innovación, dado que durante la historia se han ido repitiendo sus expresiones en distintos soportes, como las ya citadas, las tradicionales kutxas de madera, las argizaiolas o los distintos ropajes que componen un ajuar. Recordaron que autores como Julio Caro Baroja, José Miguel Barandiaran o Telesforo Aranzadi son quienes han estudiado y aportado materiales sobre el arte popular vasco. Como resultado, han llegado hasta nuestros días discos que recuerdan a formas astroláticas como el sol o la luna o elementos de la naturaleza como pájaros o hierba.

Partiendo de la acumulación de dichos motivos, Hernández Mendizabal desarrolla su trabajo, no para repetir o copiar, sino para crear e impulsar nuevas formas y hacer su aportación al arte iconográfico vasco. A juicio de Kortadi, la “oferta que realiza el autor” puede ser “utilizada por artesanos, diseñadores, artistas y toda clase de usuarios que necesiten o demanden de este tipo de repertorios iconográficos, que se basan en el subconsciente humano primitivo y que, por tanto tienen puntos de conexión y de contacto con el arte de otros muchos pueblos y creadores”, En este sentido, añadió que dentro del arte popular hay “algo del inconsciente colectivo”, una serie de arquetipos: lo circular son los astros, el cuadrado representa a la tierra y el triángulo a las montañas.

tipografía vasca Además de los dibujos, Euskal Grafiak recoge un abecedario tipográfico con letras en alta y baja creado por el artista. Su origen también se encuentra en las estelas funerarias vascas.

Fue en 1975 cuando Hernández Mendizabal comenzó con esta labor basándose en “letras sueltas, todas mayúsculas” sacadas de los citados monumentos a los muertos. No obstante, no consiguió referencias de todas las letras. Con las minúsculas pasó lo mismo, por lo que el autor decidió diseñar él mismo el abecedario completo con la intención de presentarlo a la Diputación Foral de Gipuzkoa para su difusión, cuestión que no llegó a llevar a cabo.

A propósito de la tipografía vasca, Kortadi recordó que el Gobierno Vasco le encargó un estudio al respecto a comienzos de la década de los 90. El trabajo se tituló Grafía Vasca: Origen y existencia, difusión y fijación y con este el Gobierno Vasco deseaba disponer de una tipografía unificada que poder institucionalizar. No obstante, no se llegó a un acuerdo parlamentario al respecto.