Italia bloquea los acuerdos de la cumbre

Conte aplica el principio de que “nada está acordado hasta que todo está acordado” para impedir avances hasta que se trate la crisis de la inmigración

M. G. Zornoza/Aquí Europa - Viernes, 29 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

Bruselas - Les suena la máxima brexiana de “nada está acordado hasta que todo está acordado”. Es la consigna que marca el camino de las negociaciones del brexit. Ayer resurgió por un tema muy diferente: el migratorio. Italia llegó a la cita anunciando lo que con el paso de las horas se confirmó: está bloqueando las conclusiones sobre Mercado Digital, Seguridad y Defensa y relaciones comerciales hasta que no esté de acuerdo con las que realmente le importan: las de migración.

¿El motivo? No quiere ceder antes de asegurarse que el resto de capitales europeas están dispuestas a ceder en su tema primordial en Bruselas: la crisis política que ha desatado el drama migratorio. “No hay diferencias sustanciales en el resto de temas”, afirmaba una alta fuente comunitaria. Sí. Todos están de acuerdo en las líneas del documento que tienen delante, pero la “reserva” italiana, como se refirió Donald Tusk, presidente del Consejo, al bloqueo italiano a todo el texto, impiden avanzar.

Se necesita unanimidad para aprobar cualquier conclusión del Consejo, que está limitado a lanzar un mensaje político (en ningún caso legislativo). Roma ha jugado con esta baza, llevando el debate migratorio a su terreno. Imponiendo su línea dura y metiendo presión a sus socios comunitarios. Los Veintisiete se aprestaban a ceder en el debate migratorio de anoche, que se pronosticaba arduo, largo y tenso, para poder sacar adelante alguna declaración.

Los preámbulos de la cita ya hacían pensar que hay muchas cosas que no están bien. Horas antes de aterrizar en Bruselas, la canciller alemana Angela Merkel lo advertía en el Bundestag: “La migración podría decidir el destino de la Unión Europea”. Si hay algo que no es la germana es tremendista. Con más de 60 cumbres europeas a sus espaldas, la de ayer podía ser la más determinante para su país y para el proyecto europeo. “El debate [con Italia] ha sido más duro de lo esperado”, confirmó la fuente. El ambiente en el edificio de Consejo era de confusión. La habitual rueda de prensa conjunta entre Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión, y Tusk se canceló. Tendrá lugar hoy. “No tiene sentido que hablen de algo en nombre de todos que no ha sido acordado por todos”, alegaba esa fuente europea. El precedente en este veto de unas conclusiones data de marzo de 2017.

El último bloqueo La última vez que el Consejo Europeo entró en un bloqueo parecido fue cuando Polonia bloqueó las conclusiones, aunque no lo hacía por algo que se recogiera en el texto: fue cuando el diciembre pasado los jefes de Estado y de gobierno tenían que elegir el presidente del Consejo Europeo.

El polaco Donald Tusk había conseguido el apoyo de todas las capitales menos de la propia: el Gobierno entonces encabezado por Beata Szydlo se oponía frontalmente a que Tusk, un exprimer ministro del país del partido opositor de centro-derecha, fuera reelegido como presidente de la institución europea.

Szydlo aseguró entonces que Tusk había “violado reiteradamente” su mandato. “La función del presidente del Consejo Europeo requiere específicamente que se abstenga de interferir en los asuntos internos de los Estados miembros”, denunció la entonces primera ministra.

Volviendo a la sesión de ayer, Donald Tusk, presentó el refuerzo de las fronteras exteriores y las plataformas en países terceros como una medida necesaria para evitar otras propuestas “realmente duras”, tal y como informaba la agencia Efe. “La alternativa a esto sería un avance caótico hacia el cierre de las fronteras, también dentro de la UE, así como conflictos crecientes entre Estados miembros de la UE”, advirtió. Según se recoge en el último borrador de conclusiones, los líderes respaldarán desarrollar “plataformas regionales de desembarco” fuera de la UE en cooperación con la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). En estas plataformas se determinaría, antes de su partida hacia Europa, si se trata de inmigrantes económicos o de refugiados que sí tienen derecho a protección.

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, aprovechó su estreno en un Consejo Europeo para propagar su europeísmo y trasladar a los máximos responsables de las instituciones de la UE que pueden contar con él para avanzar en el proyecto comunitario y buscar soluciones a sus principales desafíos.

The new guy (el nuevo chico), como entre bromas le llamó ayer el presidente de la Comisión Europea (CE), Jean Claude Juncker, no siente como extraña la capital belga ya que es máster en Economía de la UE por la Universidad Libre de Bruselas y trabajó como asesor en el Parlamento Europeo. Y, además, han sido numerosas las ocasiones en las que ha viajado a ella el día que empezaban las sesiones de las cumbres periódicas de los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea (UE) pero para acudir a las reuniones previas de líderes del Partido Socialista Europeo.

Ayer volvió a asistir a esa reunión, pero por primera vez lo hizo como presidente de Gobierno, y, como tal, accedió también por vez primera a una cumbre comunitaria. La ocasión propició que se prodigaran los saludos y felicitaciones de quienes son ya sus colegas europeos, aunque los que participaron el pasado domingo en la minicumbre sobre inmigración ya lo hicieron en esa jornada. En la de ayer, Sánchez viajó a la capital comunitaria a primera hora desde Madrid para mantener un encuentro con Juncker, y antes del inicio de la cumbre se entrevistó con el presidente de la Eurocámara, Antonio Tajani.

Al presidente del Consejo, Donald Tusk, con el que coincidió ya en la cumbre, le había recibido en Madrid días atrás, y ayer conversó con la Alta Representante para la Política Exterior y de Seguridad de la UE, Federica Mogherini, y se reunió con el comisario europeo de Economía y Finanzas, Pierre Moscovici.