“Todavía se nos revuelve algo cuando nos enfrentamos a la diversidad sexual”

Jesús Estomba, en una de las salas de la sede de Gehitu, ubicada en el paseo de Colón de Donostia.

Jesús Estomba es psicólogo de Berdindu, servicio de atención en diversidad sexual y género en Gipuzkoa
“Cada persona tiene sus propios recursos para encontrar sus respuestas”, afirma

Arantxa Lopetegi Javi Colmenero - Jueves, 28 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

donostia - Todavía, en ocasiones, enterarnos de que nuestro amigo o amiga, nuestra hija o nuestro hijo, nuestra vecina o vecino es, por ejemplo, transexual, “nos revuelve” un poco por dentro. Una sensación que puede tener consecuencias positivas si nos ayuda a cuestionarnos posturas propias que creíamos sólidas y que no lo son tanto.

Sea como fuere, está bien preguntar y mejor que nos ayuden a obtener respuestas, encontrar compañía en esa búsqueda, algo a lo que contribuye Berdindu, el servicio de información y atención para los temas relacionados con la diversidad sexual y de género que, dependiendo del Gobierno Vasco, presta en Gipuzkoa Gehitu, en su sede del número 50 del paseo de Colón.

Es Jesús Estomba, psicólogo de formación, la persona que se encarga de atender a todo el que llega a estas oficinas. Porque, aunque la información sobre materias puntuales se puede ofrecer tanto por teléfono como por email, cuando el tema del que se trata “es más complicado, un asunto personal”, de esos que arañan por dentro, les aconsejan que se acerquen para hablarlo de forma tranquila.

Muchas veces, afirma Estomba, se realiza casi un trabajo de “acompañamiento en la búsqueda de respuestas” y otras, toca ayudar a “reducir la angustia” para entrar con serenidad en la rueda en la que esa ansiada respuesta “esta en cada persona, en su interior”.

En Berdindu se ofrece información, “desde cosas más banales a otras de carácter jurídico o que tengan que ver con la salud sexual”, pero también asistencia. “Echamos un cable a cualquier persona que pueda tener una vivencia conflictiva” relacionada, bien con su orientación sexual, o bien con su identidad de género.

En una primera etapa nació Berdindu Personak, para prestar atención a las personas, y luego se amplió la labor a centros escolares y familias, “las otras patas del servicio”.

en el día a día Todos los días no son iguales en Berdindu. Hay jornadas en las que se acercan dos o tres personas y otras en “las que ni tienes una llamada”.

En los días en los que hay movimiento las consultas son de muy variada índole. “Últimamente vienen muchas parejas de mujeres que van a tener familia y nos preguntan si las dos pueden figurar como madres”. También llegan a Berdindu “personas que pueden tener una vivencia conflictiva de cualquier tipo” como “una persona joven que ha tenido problemas con su padre y su madre por su homosexualidad o su identidad de género, o unos padres que tienen un menor con dudas de si es chico o si es chica”.

“Esto no es un gabinete psicológico”, quiere dejar claro Estomba. Por ello, tras evaluar cada caso, si se ve que “se requiere un trabajo personal de mayor profundidad se deriva a profesionales que les puedan atender mejor”. Estomba pone un ejemplo. Si esto no es necesario, “trato de ayudarle a que aclare sus dudas mediante la conversación”.

“El principio básico es pensar que cada persona tiene sus propios recursos para encontrar sus respuestas y la idea es que vaya reconociéndolas y activándolas”, añade. “A veces me piden un consejo y, cuando le devuelvo la pelota, la misma persona se responde”.

En el transcurso del tiempo ha constatado que llega gente “cada vez más joven”. Cuando Estomba comenzó a trabajar en Gehitu, en 2003, “pensar que se podía acercar un chaval de 16, 15 o incluso 14 años era impensable, y así ha sido. Cómo vivía yo la homosexualidad a los 15 años o cómo la pueden vivir ahora ha cambiado mucho. Hay mas información, hemos aprendido mucho”.

“A mí me dices con 14 años que vaya a una asociación gay y ni me lo planteo, bastante tenía con lo que tenía metido en el sótano”, explica. Por contra, son pocas las personas de más de 50 años que se acercan al servicio y entre las que vienen, principalmente son padres y madres. “Por temas de vivencias personales a esa edad ya viene poca gente”.

También acuden muchos estudiantes que están haciendo un trabajo académico y buscan información. Es ya en la franja de 26-46 años donde más se mueve las demandas.

Estomba asegura que sigue habiendo “elementos que marcan la diferencia” pese al paso del tiempo. Continúa sin ser igual ser gay en Donostia que en un pueblo pequeño “donde la vivencia es más difícil”.

Y es que, además, “no hablamos de un colectivo monolítico, que funciona en bloque, son muchas las variantes personales que hay”. Incluso si hablamos de mujer lesbiana y hombre gay “hay que marcar diferencias en materia de visibilidad”, ya que es mucho más visible la homosexualidad masculina”.

El cambio ha sido “muy grande” en lo que se refiere a los padres y madres. “Sigue pasando de todo, pero la homosexualidad de un hijo o hija mayoritariamente no genera conflicto, aunque siempre te encuentras casos en los que ponen el grito en el cielo”.

evolución en la respuesta La evolución más evidente es “en materia de transexualidad”. Hace unos años cuando se acercaba alguna persona “que tenía un familiar transexual era un drama y un sufrimiento”, la perspectiva era diferente y se preguntaban “qué le pasaba, qué había fallado”. En la actualidad, “cuando vienen un padre o una madre que tienen un hijo o una hija que se reconoce como transexual el discurso es diferente, va en la línea de dime lo que tengo que hacer porque por mi hijo mato”.

Estomba se ha encontrado en la oficina con “situaciones de lo más bonitas y emotivas a este nivel”. ”Sobre todo son las madres las que -aunque sufren, porque que te diga tu hija que se siente chico no es como que te diga que se compra unos zapatos- y pese a que se les remueve todo por dentro, tienen claro que estarán allí contra viento y marea”.

Casos como el de Ekai, un adolescente transexual que acabó con su vida, ha movido conciencias y ha hecho que nos preguntemos “cómo se puede llegar a ese extremo, qué sufrimiento hay detrás”.

Pero lo que Berdindu tiene claro es que no hay un guion que valga para todos y todas. “Depende de cada cual”. “Si te viene alguien angustiadísimo con dudas sobre su identidad sexual, lo primero es quitarle la angustia”. Partir de la pregunta de “si soy o si no soy” en materia de identidad sexual es nuevo. Antes, “cuando venían lo tenían claro y casi les derivabas a Cruces” para seguir con el proceso. Hoy en día las dudas son casi existenciales.

“Hace poco vino una persona que estaba sufriendo porque no encontraba respuesta a la pregunta de si era hombre o mujer. En ese momento no me atrevo a resolver la duda, la labor es casi ansiolítica”. Es con el tiempo cuando Estomba se plantea ayudar “a ver si se aclara”. Les propone un ejercicio: pensar “por qué se plantea una pregunta tan difícil” y no comienza por cuestionarse “qué es lo que necesita para sentirse bien o lo que no necesita”. Partiendo de ese punto, la labor de Berdindu es ayudar a descubrir lo que le puede hacer sentir mejor, siempre dejando el peso en sus manos.

Este servicio ayuda “a ordenar un poco la habitación”. No hay patrones para actuar “porque la persona es única y su ciclo vital también”. La receta: “acompañar” a cada persona en la búsqueda de respuestas.

Respecto a los medios de comunicación, poca queja. Estomba considera que la forma en la que trasladan el tema de la diversidad sexual “ha cambiado mucho”, abandonando “la idea de lo sórdido y de lo prohibido”.

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