La electrónica ‘singular’, naturalista y emocional de Jon Hopkins

Hopkins realizará una gira que recorrerá diversos festivales y le traerá al BIME.

El productor británico actuará en el BIME del BEC en otoño, donde presentará su reciente ‘Singularity’

Un reportaje de Andrés Portero - Lunes, 25 de Junio de 2018 - Actualizado a las 07:48h.

con Jon Hopkins se puede viajar sentado o bailando en la pista de baile. El productor británico ha protagonizado uno de los regresos más apasionantes del año con su disco Singularity(Domino. Music as Usual), que presentará en el festival BIME Live, a celebrar en otoño en el BEC de Barakaldo. También se han confirmado para esta edición, que tendrá lugar los días 26 y 27 de octubre, a Aphex Twin, MGMT, Editors, Damien Jurado y a Stephen Malmus, el otrora líder de Pavement, que presentará su último disco junto a The Jicks, Sparke hard.

Un lustro después de Inmunity, un disco de éxito inesperado que le condujo a la debacle emocional y física tras protagonizar una larga gira mundial, Hopkins vuelve con uno de los discos de 2018;y no solo de la escena electrónica. El productor londinense tiene el estatus de estrella en festivales tras protagonizar una carrera diversificada.

Además de su discografía en solitario, son famosas sus remezclas y colaboraciones con Brian Eno, Massive Attack, Herbie Hancock, Wild Beats, Lorde, James Yorkston y hasta Colplay, con quien compartió estudio en Midnight, de su disco Ghost stories. Y conviene también escarbar en sus trabajos para bandas sonoras, ya sea en series como Sexo en Nueva York o en películas como Monsters, un clásico moderno de la ciencia ficción dirigida por Gareth Edwards en 2010.

Mientras su anterior disco trazaba “la oscura realidad alternativa de una noche sin fin”, el actual, Singularity, comienza y acaba con un mismo concepto: un universo que nace, se expande y se destruye en el mismo espacio infinitesimal. Es un disco para escuchar de una tirada, de principio a fin, ya que ofrece una especie de viaje (no solo musical, también personal) entre la sociedad distópica del siglo XXI y la naturaleza;entre la crítica y la necesaria adaptación para seguir levantándose cada día y seguir adelante.

Viaje musical y personal Hopkins terminó su última gira agotado, física y emocionalmente. Y para salir del agujero y poder encarar esta realidad distópica se lanzó de lleno a la meditación y al yoga. El resultado es Singularity, que une la conectividad de la mente y los sonidos analógicos y sintéticos con el mundo natural. Sus nueve piezas son un tránsito desde la frustración hasta la aceptación.

El álbum se inicia con el planeador tema titular, con sintetizadores que podría firmar Jean Michel Jarre, para crecer en ritmo y dramatismo hasta convertirse en una pieza de techno casi industrial. Y esa dualidad recorre todo el viaje. La formación clásica de Hopkins -fue pianista siendo adolescente en la Royal College of Music de Londres y se curtió con la música de Ravel, a la vez que escuchaba a Depeche Mode- se advierte especialmente en la utilización del piano, que copa un mayor protagonismo que en trabajos previos;incluso, en algunos cortes se llega a erigir como instrumento único, caso de Echo dissolve.

Hopkins da una de cal y otra de arena. Pasa del lirismo desarmante de COSM y el epílogo con Recovery, con ecos de música de cámara, a las composiciones más rítmicas, como en los once minutos de Luminous beings (luminosa melodía y crescendo maestro), Neon pattern drum y Everything connected, ambas casi trance y creadas para escuchar sin solución de continuidad.

Apoyándose en su piano desnudo, ritmos sintéticos, alguna guitarra puntual y un doble bajo, el británico también deja espacio a la voz humana en Singularity. La de Lisa Elle realza la bellísima Emerald rush, que vuelve a alternar delicadeza y opresión con ritmos electrónicos rotos sin renegar de una melodía magnética y en progresión continua.

Y también la del coro de 15 jóvenes que integran London Voices, que contribuyen a arroparFeel first life, una pieza de efluvios angelicales con un piano minimal que remite a los pasajes más desnudos y accesibles de Michael Nyman para el cine.

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